Hace 30 años se hizo realidad un viejo anhelo y una necesidad de los cultivadores y seguidores de la música trovadoresca en la ciudad de Sancti Spiritus. El 20 de diciembre de 1985 fue inaugurada oficialmente la Casa de la Trova Miguel Companioni, en justo homenaje al insigne músico espirituano.

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Pero esa institución, que nació siendo totalmente cultural y hoy no lo es tanto, tiene una historia y unos precedentes muchos más lejos en el tiempo, en cuanto a la edificación que ocupa y a los antecedentes de peñas que se asumían de forma espontánea en las casas de los propios músicos o en otros lugares.

Este templo de la música tradicional espirituana no puede tener mejor lugar de ubicación. Su existencia la realza ese mosaico arquitectónico patrimonial, que caracteriza a uno de los segmentos más atractivos del centro histórico de la ciudad de Sancti Spiritus. La Casa de la Trova Miguel Companioni tiene enfrente a la pequeña y atractiva Plaza Mayor, al notorio Hostal del Rijo y un poco más allá al Archivo Provincial de Historia, con sus señoriales portales. Está escoltada por el Mesón de la Plaza y unos metros más allá la Iglesia Parroquial Mayor, uno de los símbolos arquitectónicos de la ciudad. Todos esos lugares guardan una larga historia desde su origen hasta las transformaciones de que fueron objeto en distintas épocas. Así sucede con la Casa de la Trova que nos ocupa. He aquí algunos detalles obtenidos en un fundamentado documento de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad, Licenciada María Antonieta Jiménez Margolles. En 1749 el Teniente de Milicias Isidoro Rensolí decidió mejorar una casa fabricada con embarro y horcones, heredada por su esposa Josefa María de las Mercedes Díaz Marín, que era del padre de ella. Diecinueve años después se quedó con esa vivienda el hijo de ambos, Lorenzo. Al morir este en 1782, su viuda Isabel González de Lara Venegas, madre de siete hijos, decidió vender la tercera parte de lo construido y un pedazo de patio a José Francisco López Oviedo. De esa parte del inmueble proviene la actual edificación de la calle Máximo Gómez número 24, colindante con la de Máximo Gómez número 26, que difiere estructuralmente. Las dos construcciones cambiaron de propietarios hasta que fueron adquiridas por Juan Nepomuceno Quintero Álvarez, quien se había casado en 1843 con Pánfila Ojeda Cancio. Por la partición de bienes del matrimonio, esas dos propiedades fueron adjudicadas a Juana y Mariana Ojeda Cancio, pero está última quedó como dueña de ambos inmuebles, al comprar el que era de su hermana en 1903. Después las dos casas tuvieron diferentes usos, según testimonios de espirituanos de la época. La del número 24 fue vivienda y Academia de Mecanografía de las hermanas Soler. Y en la del número 26 estuvo un bar y se convirtió, durante la década de los años 70 del siglo XX, en sede de la Dirección Municipal de los Comités de Defensa de la Revolución, hasta que en 1984 fue sometida a una investigación documental y arqueológica para su rehabilitación total, que la convirtió en la Casa de la Trova Miguel Companioni, inaugurada el 20 de diciembre de 1985. Desde que se conoce la historia de la edificación que ocupa la institución musical hasta la actualidad han transcurrido más de 260 años, que dan fe de los valores patrimoniales del lugar. Pero también el origen de una Casa de la Trova en Sancti Spiritus se remonta a muchas décadas atrás, pues sus antecedentes están en las numerosas peñas y otros tipos de reuniones de trovadores que se realizaban de forma espontánea por los cultivadores de esa modalidad de la canción cubana y sus admiradores. La mayoría de esos encuentros se escenificaban en las casas de los propios músicos, donde intercambiaban opiniones e interpretaciones de sus obras, de estilos y nuevas formas, y hasta nacían en esos encuentros composiciones, que después serían muy reconocidas. Hubo otras personas que acogieron también esos encuentros en sus viviendas, como la siempre recordada Peña de Toño, un fotógrafo ambulante de la ciudad, que organizaba descargas de autores e intérpretes, muy frecuentadas por conocidos artistas de toda Cuba. Así compartían sus inquietudes los cultivadores y amantes de la música trovadoresca, presente siempre en el ambiente bohemio de bares, en la nocturnidad de las serenatas al pie de las ventanas de las mujeres amadas o en cuanta fiesta eran invitados para animarlas con sus canciones.

El antecedente más próximo en el tiempo a la creación de la Casa de la Trova de la ciudad de Sancti Spiritus fue un espacio dedicado a esta música en las mañanas dominicales del entonces Círculo Juvenil, en el otrora Tenis Club.

Esos encuentros existieron hasta la inauguración de la institución trovadoresca. Desde la apertura de la nueva institución cultural hasta mediados de la década de los años 90 del siglo pasado allí se le rendía culto a la música trovadoresca, con la frecuente presencia de trovadores de distintas generaciones y un fondo gráfico y documental para proporcionar un mayor conocimiento del tema a los visitantes y estudiosos de las auténticas tradiciones culturales espirituanas. Pero esta verdadera razón de ser de una institución de este tipo fue desapareciendo con la entrada de concepciones mercantilistas, a partir de la presencia de la empresa ARTEX, que se hizo cargo de la atractiva sede, a la que introdujo diversos cambios que hicieron alejar a los creadores y seguidores de la canción trovadoresca.

La Casa de la Trova Miguel Companioni es un centro recreativo más, donde se ofrecen actividades nocturnas, con sus correspondientes ofertas de bebidas, principalmente en moneda libremente convertible. De trova sólo le queda el nombre, a pesar de los reclamos de defensores de la identidad cultural y de instituciones como la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba y Sociedad Cultural José Martí.

Ojalá que allí vuelvan a imperar las cuerdas y voces de un legado musical, que desde los primeros años del siglo XX, aportaron obras emblemáticas al patrimonio musical cubano durante muchas décadas. Entonces volveremos a abrazar la inmortal huella de Alfredo Varona, Miguel Companioni, Rafael Gómez (Teofilito), Hermes Rodríguez, Manolo Gallo, Rafael Rodríguez y tantos otros que continuaron y continúan desgranando versos y melodías para todos los tiempos.

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