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Cubanos en Costa Rica

Cables internacionales de diferentes agencias vienen hablando en los últimos días del incidente suscitado por la presencia de unos 1 700 cubanos en la localidad costarricense de Peñas Blancas, fronteriza con Nicaragua, quienes procedentes de Ecuador pretenden seguir camino hacia Estados Unidos para acogerse a la Ley de Ajuste.

Estos ciudadanos, quienes en su inmensa mayoría salieron legalmente de Cuba, de acuerdo con los derechos que concede la actual legislación migratoria, decidieron de manera unilateral marchar hacia un tercer destino —Estados Unidos— con intenciones de asentase allí de forma permanente.

Aunque en lo que va de año han transitado por Centroamérica rumbo a la nación norteña una cifra indeterminada de cubanos siguiendo el mismo itinerario, ha sido ahora que, de forma intempestiva, confluyó sobre Costa Rica esta avalancha, motivada por el rumor deducido del actual proceso de acercamiento diplomático entre Cuba y Estado Unidos, según el cual, de un momento a otro la injusta, anacrónica y criminal Ley de Ajuste será abolida.

De momento, la consecuencia directa de la citada “bola”, como le llamamos en Cuba, ha sido provocar roces entre el gobierno de Costa Rica con Panamá, por permitir el paso incontrolado de los cubanos, y con Nicaragua, que se ha negado a admitir ser “invadido” por tan alto número de ciudadanos indocumentados, pues los ahora varados no cuentan con visa ni documento alguno que autorice su tránsito por tierra nica, vayan a donde vayan.

Todo parece indicar que el tránsito de los cubanos por Centroamérica, un modus operandi que en los últimos tiempos ha venido creciendo, se malogró esta vez cuando las autoridades costarricenses desmantelaron una banda de traficantes de personas que habitualmente lucraba en la región.

Luego de varios días de protesta, Costa Rica otorgó a los cubanos un salvoconducto de una semana para que continuaran viaje a través de Nicaragua, hecho que fue interpretado por este último país como un intento por trasladar el problema sin coordinaciones previas.

Ciertos medios que abordan el tema han tratado de utilizar la actual coyuntura para denigrar a Cuba y Nicaragua, a fin de hacerlos responsables de la situación de esas personas, hoy hacinadas en albergues provisionales en Peñas Blancas o en precarios cuchitriles junto a la línea fronteriza, donde pretenden aprovechar la más mínima oportunidad para continuar su periplo.

Algunos reportes de prensa, que han venido magnificando durante los últimos días el empleo de la fuerza pública nicaragüense para impedir la penetración de los cubanos en la tierra de Sandino, insinúan que es la actual situación económica que vive Cuba la responsable de esta ola migratoria, sin reconocer para nada que son el bloqueo y la Ley de Ajuste las motivaciones principales del problema, junto a la fantasía de mucha gente alucinada por el “sueño americano”.

Un análisis aunque sea somero de los contenidos echados a volar por varios medios llama a reflexión, como por ejemplo un trabajo aparecido el miércoles en la edición digital del periódico El País, de España, con el título “Los migrantes cubanos encallan en Costa Rica”.

Lo primero que salta a la vista es que en el texto de la entrevista a una enfermera, ella y su esposo reconocen que antes de emprender el peligroso trance en que ahora se encuentran, decidieron vender la casa y el automóvil particular que tenían en La Habana para poder “huir de la pobreza”, y la propia información señala que en ese grupo “todos tienen teléfono móvil”. Otros textos describen a individuos entre este colectivo con anillos, relojes y cadenas de oro, lo que permite derivar que no se trata de ciudadanos efectivamente pobres.

Esta reflexión gana en sustancia cuando se tiene en cuenta que para viajar a Ecuador, Panamá y otras naciones se necesita disponer de cientos o miles de dólares para pasajes, trámites y pasaportes en la primera etapa, aparte de la cantidad imprescindible para gastos de viajes, sobornos a funcionarios y traficantes de personas, entre otros, al emprender la incierta aventura de la migración ilegal con rumbo norte.

Mientras la cadena Telesur adelantaba un posible análisis del asunto entre los países que integran el Sistema de Integración Centroamericana (SICA), Rosario Murillo, coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía de Nicaragua, abogaba por una posición firme frente a los Estados Unidos respecto al trato a la emigración regional.

En las últimas horas se conoció un comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores (Minrex) cubano en el cual se da cuenta de la situación de esos compatriotas, los cuales, se expresa, “en el intento de llegar a territorio de los Estados Unidos se han convertido en víctimas de traficantes y de bandas delincuenciales, que de manera inescrupulosa lucran a partir del control del paso de estas personas por Sudamérica, Centroamérica y México”.

El documento fija la posición oficial de Cuba al plantear: “Estos ciudadanos son víctimas de la politización del tema migratorio por parte del Gobierno de los Estados Unidos, la Ley de Ajuste y, en particular, de la llamada política ‘pies secos, pies mojados’, la cual confiere a los cubanos un tratamiento diferenciado y único en el mundo, al admitirlos de forma inmediata y automática, sin importar las vías y medios que utilizan, incluso si llegan de manera ilegal a su territorio”.

Vale aclarar que a casi un año de iniciado el llamado deshielo de las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba, el 17 de diciembre de 2014, tanto la Ley de Ajuste como el Programa de parole para profesionales médicos cubanos, implementado por la administración Bush en el 2006 para robarse descaradamente a los profesionales nuestros que laboran en otros países, se mantienen intactos.

Como bien se afirma en la mencionada declaración del Minrex, tal política alienta la emigración irregular y va contra la letra y el espíritu de los acuerdos migratorios vigentes entre los dos países. Algo especialmente trascendente en el comunicado es que Cuba no rechaza ni vira las espaldas a sus hijos, al dejar abierta la puerta para el regreso ordenado de quienes salieron legalmente de nuestro suelo.

Mirándolo con un prisma de objetividad, ¿qué más puede hacer el Estado cubano cuando un grupo de sus ciudadanos, haciendo uso de la ley vigente sale del territorio nacional hacia un destino con rumbo sur y luego inclina su derrotero hacia el norte, situándose de esta forma al margen de las leyes migratorias?

Lamentablemente y muy a pesar de los cuantiosos recursos invertidos en la educación del pueblo desde el mismo triunfo revolucionario de 1959, se puede influir, pero no determinar lo que pasa por la mente de los individuos.

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