FOTO TOMA DE EL JÍBAROLa sorpresa fue el arma táctica fundamental utilizada por el General Máximo Gómez el 18 de enero de 1875, en el victorioso ataque que realizó con su tropa al poblado de El Jíbaro, al sureste de la entonces jurisdicción de Sancti Spiritus.

Las autoridades civiles y militares españolas no imaginaron que la osadía de los insurrectos cubanos llegara a tan altos niveles, pues carecían del armamento imprescindible, estaban extremadamente cansados y sus caballos no eran muchos.

Además, Máximo Gómez les hizo creer a los hispanos que atacaría a la ciudad de Sancti Spiritus, por lo que se movía constantemente en dirección a ese lugar. Sin embargo, ya había decidido el ataque sorpresivo al fortificado pueblo de San Antonio de Abad de El Jíbaro, acción necesaria para propiciar un efecto que elevara la moral combativa y las condiciones de la tropa, así como ocasionar bajas y pérdidas materiales al enemigo.

El combate comenzó por la madrugada, después de realizar una maniobra de desinformación para los militares españoles, que creían as la tropa insurrecta cercana a la ciudad de Sancti Spiritus. La infantería cubana entró primero y más tarde lo hizo la caballería, al mando del General Julio Sanguily.

Los españoles estaban bien fortificados en distintos puntos del poblado, pero no pudieron resistir la contundente acometida. Así las fuerzas criollas fueron ocupando las trincheras defensivas del adversario. La iglesia, convertida en el principal fuerte hispano, fue el último reducto tomado por asalto por una fuerza dirigida por el entonces Comandante del Ejército Libertador Serafín Sánchez Valdivia.

De aquella contundente victoria insurrecta en territorio espirituano, el General Máximo Gómez escribió en su Diario de Campaña:

“Día 18, por la madrugada marcho sobre el pueblo del Jíbaro, que a la hora poco más o menos, de resistir su guarnición, que era de 40 soldados de línea y algunos más armados, gente toda del país, se rindió con más de 20 bajas. El pueblo todo, después de proveerse la tropa de lo que más necesitaba, se incendió todo –se curaron los heridos españoles- (12) y se dejaron en completa libertad.

“Se ocuparon 151 armas de precisión , 35000 tiros, cápsulas, 200 machetes, 120 caballos, muchas medicinas, 50 monturas, muchos efectos de escritorio y un abundante y muy rico botín, de 9 establecimientos de comercio.

“Se me incorporaron más de 30 hombres, útiles para las armas, algunas familias, dejo colocadas en estancias alrededor del pueblo quemado y las demás me siguen al Primer Hoyo donde vuelvo a acampar”.

La tropa del Ejército Libertador reportó dos muertos y cinco heridos en esta victoriosa y fulminante acción, que ocasionó también que los terratenientes de las zonas cercanas huyeran hacia la ciudad de Sancti Spiritus.

La toma de El Jíbaro permitió obtener los recursos necesarios para dotar de armas a muchos hombres que deseaban incorporarse a la lucha independentista. Al mismo tiempo se propinó al enemigo un contundente golpe psicológico y se elevó la moral combativa de las fuerzas libertarias de campaña en la entonces provincia central de Las Villas.

El patriota Ramón Roa señalaba en una carta escrita a un compañero del exilio: (…) la República se jugó allí su albur de vida, era necesario hacerse de municiones a costa de sangre. Se arrancó un laurel a la victoria y provistos de canana se aseguró la invasión. El Jíbaro para mi significa mucho, si no la salvación del país, al menos la salvación de una época (…).

Efectivamente, por sus resultados la toma de El Jíbaro hizo posible que la invasión continuará por el centro del país hacia el occidente, propósito vial de la Revolución e idea concebida por el General Máximo Gómez desde finales de 1874, después de seis años de guerra.

Por eso el seis de enero cruza la trocha militar de Júcaro a Morón y ataca los poblados fortificados que se encontraban al oeste, para internarse en territorio villareño. Desde entonces había nacido la ideal del ataque al poblado de El Jíbaro, pues tenía informaciones de los depósitos de municiones y otros recursos de guerra que allí se guardaban.

Todo lo fue preparando con días de antelación. El 13 de enero ordenó al Teniente Coronel Cecilio Gonzáles que realizara un reconocimiento en las inmediaciones del poblado, al mismo tiempo que el propio Gómez recorría la zona en dirección a Sancti Spiritus, para confundir al enemigo.

El día 14 está por Siguaney y cruza el río Zaza, donde tuvo un enfrentamiento contra 200 infantes españoles atrincherados en el lugar, que fueron dispersados. Esto indujo también a equivocación de los hispanos sobre la dirección principal del ataque.

Los movimientos previos al ataque continuaron los días 15 y 16 por distintas zonas, y se le incorporaron fuerzas patrióticas de Villa Clara y Trinidad. El plan ejecutado surtía su efecto en la mente de las autoridades españolas. Todo listo, el General y su tropa acampan a dos leguas de El Jíbaro, desde el día antes al ataque ya reseñado.

Después de la rotunda victoria de las armas insurrectas en El Jíbaro, las acciones del General Máximo Gómez continuaron con intensidad en la entonces jurisdicción de Sancti Spiritus, con marchas y contramarchas dirigidas al objetivo táctico estratégico de pasar a occidente.

Esa campaña no solo desgastó y desconcentró a las fuerzas españolas, sino que también elevó la capacidad combativa y los aseguramientos de todo tipo de las tropas independentistas cubanas en el centro del país.

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