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Mujer decaída

Que las mujeres son más sensibles, empáticas, comprensivas y atentas a los detalles psicoemocionales que les rodean es una idea tan arraigada que parece ser cierta.

Pero, si bien es cierto que algunas pruebas parece que arrojan ventajas en el cerebro femenino a la hora de descifrar expresiones faciales de miedo y repugnancia, la investigación al respecto sugiere que se han exagerado estas diferencias de género.

¿Somos tan diferentes?
Hombres y mujeres a menudo se han presentado como diferentes a lo largo de la historia, el problema es que se han presentado como cualitativamente distintos, es decir, que el hombre era superior a la mujer.

La moderna neurociencia, sin embargo, cada vez encuentra más similitudes entre los cerebros de los hombres y las mujeres. Con todo, parece que hay cerebros mejor capacitados para determinadas acciones que otros. Estas pequeñas diferencias, no obstante, se han magnificado hasta límites grotescos, como es el caso de Louann Brizendine, autora del libro El cerebro femenino, del año 2006.

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Anciano

Brizendine escribió un libro donde presentaba torticeramente las conclusiones de algunos estudios, practicando el innoble arte del cherry picking, con objeto de reforzar su prejuicio: que las son más sensibles al dolor ajeno, ergo más empáticas, ergo disponen de más neuronas espejo o neuronas espejo más activas.

Solo especulación
Otro libro de una excelente divulgadora, Cuestión de sexos, de Cordelia Fine (que además está mucho mejor escrito y es mucho más divertido), sin embargo, es más prudente con las hipótesis, y dedica buen parte de su tiempo a desmentir las afirmaciones de Brizendine.

El engaño más burdo de Brizendine es presentar un estudio sobre imágenes cerebrales para demostrar que las mujeres tienen más empatía que los hombres, que no obstante solo estaba hecho en mujeres: no había comparación con la de los hombres.

Otro estudio señalaba que los hombres solo mostraba actividad cerebral asociada con la empatía respecto al dolor ajeno si pensaban en que esta persona había jugado limpio. Las mujeres, sin embargo, no discriminaban tanto en su empatía, y la mostraban por personas tanto si habían jugado limpio como si no. Brizendine interpretó este estudio aduciendo que los hombres carecían de empatía.

Fine también señala que no hay estudios que demuestren que las mujeres poseen más neuronas espejo que los hombres. Ni tampoco que sean más activas. De hecho, Brizendine aludía como prueba de su afirmación una comunicación personal con una psicóloga de Harvard, Lindsay Oberman, pero Fine contactaría de nuevo con Oberman, quien negó haber mantenido ninguna comunicación con Brizendine (amén de que tampoco creía que hubiese evidencias de más neuronas espejo en mujeres).

Ante lo cual, todavía es prematuro afirmar que las mujeres sean más sensibles o empática en bruto. Todos podemos explicar anécdotas, pero el plural de anécdota no es estadística. Y todavía tenemos mucho que aprender al respecto (entre otras cosas, dejando de leer a la prejuiciosa Brizendine).

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