cuba-que-espera-a-obama45-350x350La visita que Barack Obama iniciada este domingo a Cuba ha de verse con los ojos del siglo 21.  Por la dimensión histórica del suceso, muy pocos han podido abstraerse del mismo y la llegada se espera con expectación, expectativas que no es lo mismo, recelo, optimismo y hasta cierta confusión.

Lo que sí verá una sociedad diversa donde concluyen quienes se aferran al discurso de los sesenta y ven como una afrenta que el gobernante del país que más daño le ha hecho a Cuba, ofrezca honores a Martí. También los que aplauden el suceso como un pacto por la distensión, la paz y la civilidad.

Otra será la visión de la disidencia cubana, o la contrarrevolución que es lo mismo, y  existe en el cuerpo de las polémicas Damas de Blanco o en el verbo y la venduta de grupos, blogs,  periodistas independientes, o la simple adhesión por los sueños de Hollywood, las Grandes Ligas o la mismísima BESTIA  millonaria en que Obama se deslizará por las calles capitalinas en disputa con los almendrones habaneros.

A otros nadie les va arrancar esa incredulidad de ver consumado un hecho que parecía impensado en medio de las playas de Girón, el éxodo del  Peter Pan, el gobierno de los Castro, como le dicen del lado de allá o hasta una hora antes de las 12 del día del 17 de diciembre de 2014.

Les aseguro, que ninguna de esas tendencias cederá a la otra cuando Obama parta hacia Estados Unidos. Si de algo se precian los cubanos es de tener una elevada cultura política y de un debate ideológico que sabe llevar temas como estos  hasta la solemnidad de un velorio o la sobremesa de una comida hogareña.

¿Qué puede decir Obama a los cubanos que estos ya no sepan?. El propio presidente norteamericano ha sido predecible desde sus discursos: viene a Cuba con las mismas pretensiones de sus antecesores aunque a 90 millas de distancia: lograr la democracia a lo MADE IN USA y entablar contactos con la sociedad civil , sobre todo su juventud

Más cercano aún a su llegada,  las medidas dictadas, aunque ciertamente implican un giro de 180 grados de todo cuanto en materia de flexibilización ha venido de Estados Unidos,  hablan literalmente de buscar un contacto directo con el pueblo para que este se independice de su gobierno.

Si he escuchado algo más cercano a la subversión, no me acuerdo. ¿O debe decir  sublevación interna? Solo que Obama no toma en cuenta que por más que los contextos hayan trastocados las mentalidades, como dictan las leyes de la dialéctica, Cuba como nación y como pueblo mantiene en su esencia una estirpe de rebeldía y no digiere tan bien cuando de imposiciones se trata.

Eso sí: este será un momento crucial para el dialogo y para ver una cara del socialismo cubano, ese que con sus fisuras y carencias, obligó al “enemigo” histórico a reconocer su ineficiencia en más de 50 años para derrocar al gobierno, NO ayudar al pueblo.

A esa canción se le sabe acá el estribillo de memoria. Instruida y apegada a las noticias como es la población cubana, sabe hace rato qué probable capitalismo tocaría si se impone el modelo que propone Obama y su país, aunque su propuesta venga envuelta en papeles de celofán o en apertura tecnológica.

Pero con la estatura política alcanzada por el país, Cuba le recibirá como lo hace con cada visitante: solidaria, respetuosa y reverente y espera reciprocidad, más allá de la beligerancia de los discursos y de que el bloqueo se mantenga en pie después del 22 de marzo.

Una visita no va a borrar las diferencias sustantivas de ambos países en temas que le son antagónicos como el modo de ver la democracia, los derechos humanos y la libertad. Obama podrá dirigirse a los cubanos por la vía directa de la televisión en un discurso que me adelanto a traducir por las mismas cuerdas que han precedido a este encuentro, el más mediático del año y probablemente del siglo.

En cualquier caso, abrazo la sentencia del canciller cubano Bruno Rodríguez: Obama  hablará a los cubanos y cada cual se formará su propia opinión

Algo queda claro para muchos coterráneos  como Minerva Consuegra, que en la cola de la farmacia, traducía muy a lo cubano, la trascendencia de la visita: “Obama ni me a traer el meprobamato que me hace falta, ni el aceite que voy a comprar”.

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