La reproducción y proliferación del pez león rojo –única especie de este tipo reportada en Cuba– ha sido controlada en la totalidad de los ecosistemas marinos afectados por el animal en la provincia de Sancti Spíritus.
Se trata de una especie depredadora voraz capaz de alimentarse en media hora de hasta 20 ejemplares de peces, lo que altera el equilibrio ecológico de los hábitats marinos.

Para reducir su diseminación fue preciso unificar los esfuerzos del Centro de Servicios Ambientales, la Marina Marlin de Trinidad y la Empresa Nacional para la Protección de la Flora y la Fauna de la provincia.

Según expertos medioambientales espirituanos la manera más eficaz y efectiva de controlar la proliferación del pez es a través de su pesca por el hombre, de ahí que se autorizó su captura en la región por especialistas o habitantes de la zona.

Este es un plato muy demandado por el sector turístico trinitario y la población en general.

De acuerdo con un informe del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) de Sancti Spíritus, la educación ambiental impartida a los pescadores y lugareños del área costera de la provincia donde se ha localizado dicho pez ha permitido que estos sepan qué hacer para ingerirlo y los tratamientos para seguir en caso de un accidente.

Una vez eliminadas las espinas y glándulas que contienen el veneno, el animal deja de constituir un peligro para la salud humana.

Gracias a las acciones de control y manejo costero efectuadas por el CITMA en conjunto con las comunidades pesqueras, las grandes colonias de peces Grammatidos (Loreto y Melacara) –que experimentaron un declive de sus poblaciones al iniciarse la invasión del pez león– han aprendido a lidiar con el depredador y hoy se están recuperando.

Asimismo, los avistamientos del animal se han reducido de manera considerable y no se ha encontrado en las zonas de uso de los bañistas, lo que no asegura la inexistencia de la especie en áreas cercanas.

Anteriormente se encontraban hasta seis ejemplares por cada biotopo -zona marina- y en estos últimos tiempos los monitoreos arrojan uno o dos.

Como parte de un proyecto internacional, auspiciado por el CITMA y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, destinado a salvaguardar la diversidad biológica en ecosistemas vulnerables de la isla, en el territorio se trabaja en cinco hectáreas marinas ubicadas en La Boca, Cabagán, las penínsulas Ancón y Cayo Blanco.

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