imagesEl desembarco por el sur del centro de Cuba de una nutrida expedición encabezada por los generales Serafín Sánchez, Carlos Roloff y Mayía Rodríguez fue de tal magnitud militar y política, que el General  en Jefe del Ejército Libertador, Máximo Gómez, la calificó como uno de los acontecimientos trascendentales del año 1895, y con ella se consolidó la guerra independentista.

Esa valoración del genial jefe militar de la Revolución independentista se comprende cuando hurgamos en los antecedentes, realización y consecuencias de aquel necesario refuerzo llegado en la noche del 24 y la madrugada del 25 de julio de 1895 al lugar conocido como Punta Caney, en la costa sureña del territorio de Sancti Spiritus.

Allí desembarcaron 150 hombres, 300 fusiles , 300 machetes, más de 300 000 balas, 650 libras de dinamita, ropa, zapatos, medicinas, monturas y otros pertrechos para la guerra. Todo bajo el mando de los generales Serafín Sánchez y Carlos Roloff,  acompañados por otros dos luchadores de no menos valía, el también General José María Rodríguez (Mayía) y el Brigadier José Rogelio Castillo, así como otros destacados luchadores como Enrique Loynaz del Castillo, Raymundo Sánchez Valdivia y el doctor Fermín Valdés Domínguez.

El contingente expedicionario ya estaba en el centro de Cuba, después de zarpar el 18 de julio de Pine Key, en La Florida, en un vapor rebautizado con el nombre de José Martí. Fueron seis días de incómoda travesía por el excesivo número de hombres en un barco que no reunía las condiciones necesarias, pero no había otro mejor para poder salir con rapidez hacia la patria.

La nave tuvo que hacer escala en Islas Mujeres, territorio mexicano, para abastecerla de agua suficiente. Así se hizo, pero cuando iba a continuar viaje, las autoridades aduaneras solicitaron los documentos correspondientes y ordenaron su detención hasta que se aclarara la citación. Pero en la madrugada siguiente el barco salió en silencio hacia Cuba, para poder cumplir el objetivo añorado.

LA CONCEPCIÓN DE UN PLAN

El desembarco de una expedición por el centro de la isla formó parte de un plan estratégico elaborado por José Martí, Máximo Gómez y otros cercanos colaboradores antes del alzamiento del 24 de febrero de 1895. La concepción martiana para el inicio de la insurrección estableció la necesidad imprescindible de una efectiva conjugación de los factores internos con los externos. Es decir, asegurar los levantamientos armados en el interior de Cuba y al mismo tiempo realizar tres expediciones simultáneas con los jefes militares para cada región seleccionada.

Con ese objetivo se concibió y preparó en Plan Fernandina, llamado así por el nombre del puerto de La Florida del que debían salir los barcos expedicionarios. Más de dos años duró el proceso organizativo y de recogida de fondos financieros por el Partido Revolucionario Cubano en la emigración.

Así se compraron y avituallaron los barcos nombrados Amadís, Lagonda y Baracoa, pero las autoridades norteamericanas conocieron de estos preparativos por un infame traidor e incautaron las tres naves y todos sus recursos, antes de que salieran para sus destinos: las entonces provincias de Oriente, Camaguey y Las Villas.

A pesar de ese duro golpe, se produjeron los levantamientos principalmente en el oriente y el centro del país, aunque no se logró la simultaneidad prevista. Conocedor de la situación, Martí emprendió nuevamente intensa labor para retomar el plan de las expediciones y se traslada a Santo Domingo para organizar su viaje a Cuba, de común acuerdo con el General Máximo Gómez.

Tras muchos avatares y peligros se realiza el primer de abril de 1895 el desembarco por Duaba, territorio oriental, proveniente de Costa Rica en la goleta Honor con Antonio y José Maceo, Flor Crombet y otros 19 combatientes, de gran importancia para la guerra en esa región cubana. Al conocerse la presencia del Titán de Bronce fue masiva la incorporación de campesinos al Ejército Libertador.

Diez días después, el 11 de abril llegan por Playitas de Cajobabo, en la actual provincia de Guantánamo, el líder de la Revolución, José Martí, el General en Jefe del Ejército Libertador, Máximo Gómez y cuatro patriotas más, entre ellos el joven espirituano César Salas, que hicieron la travesía marítima en el vapor Nordstrand.

De esa forma ya se encontraban en Cuba los tres grandes jefes de la Revolución, quienes se entrevistaron el cinco de mayo en la finca La Mejorana, para trazar la estrategia a seguir en la guerra necesaria. De Oriente, Martí y Gómez se trasladarían a Camaguey para organizar la insurrección en esa provincia que no había dado muestras de lucha revolucionaria.

En ese período no permanecieron ociosos Serafín Sánchez y Carlos Roloff, pues en cumplimiento de las indicaciones de Martí trabajaron intensamente en los preparativos de la expedición que los llevaría a territorio villareño,  donde se necesitaba la presencia de ambos jefes insurrectos y los valiosos pertrechos que trasladarían.

FORTALECIMIENTO EN LAS VILLAS

En las distintas jurisdicciones de la provincia de Las Villas hubo levantamientos armados y por tanto existía la guerra independentista desde su inicio en 1895. Pero el desembarco de la expedición Sánchez-Roloff por Punta Caney marcó el inicio de la organización militar y pujanza de las fuerzas libertadores en ese territorio central del país.

Esto se consolidó con la creación del Cuarto Cuerpo del Ejército Libertador, que inicialmente contó con dos divisiones: una al mando del Mayor General Serafín Sánchez, para operar en las jurisdicciones de Sancti Spiritus, Remedios y Trinidad, y la otra comandada por el también General Manuel Suárez Delgado, que se encargaría de las jurisdicciones de Villa Clara, Cienfuegos y Sagua.

Esa fuerza se fue completando con efectivos y recursos en el desarrollo de la lucha, y cumplió importantes misiones en apoyo a las columnas invasoras del General en Jefe Máximo Gómez y del Lugarteniente General Antonio Maceo.

La guerra independentista continuó su marcha arrolladora hasta expandirse por todo el territorio nacional. En Las Villas se libraron muchos e importantes combates y campañas victoriosas, que tuvieron su génesis en aquellas noche y madrugada entre el 24 y el 25 de julio de 1895 que convirtieron al tranquilo paraje marino de Punta Caney en un sitio memorable para la historia de la lucha independentista de los cubanos.

 

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