FOTO ISABEL MARÍA DE VALDIVIAUna de las cubanas más relevantes en las luchas por  la independencia será siempre la espirituana Isabel María de Valdivia, quien falleció a los 77 años, el 27 de julio de 1904.

Esta insigne fue progenitora de nueve integrantes del Ejército Libertador y puede compararse con la virtuosa Mariana Grajales, madre de los Maceo, de ejemplar y firme trayectoria independentista, catalogada como la madre de los cubanos.

Seis de los vástagos de Isabel María participantes en las guerras liberadoras obtuvieron grados militares, como el prócer espirituano Mayor General Serafín Sánchez Valdivia. Raimundo llegó a Coronel; José Joaquín, Brigadier; Plácido, Capitán; Elías, Teniente; y Esteban Subteniente.

Y también sus hijas América, Josefa y Domitila acompañaron a la abnegada mujer en diversas tareas en los campamentos mambises, en medio del peligro y las penalidades propias de la guerra.

Isabel María de Valdivia y Salas nació en Sancti Spiritus el 16 de noviembre de 1827, hija única de un acaudalado matrimonio de procedencia española. Recibió una esmerada educación. A los 17 años se casó con Don José Joaquín Sánchez Marín y se fueron a vivir a las propiedades de este en la zona de Arroyo Blanco, en el actual municipio de Jatibonico . De ese matrimonio nacieron 22 hijos, de los que 12 perecieron en los primeros años de vida a causa de enfermedades.

MUJER CON ESTRELLA DE PATRIOTISMO

Después de estallar la primera guerra independentista de 1868, la familia Sánchez Valdivia sufrió acusaciones y persecuciones por sus ideas patrióticas y la partida a los campos insurrectos de su hijo mayor, Serafín. Varias veces fue encarcelado José Joaquín, quien hasta fue condenado a muerte, de lo que fue salvado por un sacerdote amigo.

Los diez años de aquella primera guerra fueron muy difíciles para Isabel María, quien siempre se mantuvo firme al lado de su esposo e hijos. Todo esto provocaba que la familia viviera en constante angustia y sobresalto, al mismo tiempo que sufría las mayores privaciones.

Al comenzar la llamada Guerra Chiquita tuvieron que trasladarse a

Isla de Pinos y Matanzas, y años después emigraron a República Dominicana. En 1886 se instalaron en Santiago de Cuba y de ahí retornaron a Arroyo Blanco hasta 1895, año en el que fallecieron su esposo José Joaquín y su hijo Benito.

En ese mismo año estalló la guerra de independencia organizada por José Martí y el Partido Revolucionario Cubano, en cuyos preparativos participó activamente el Mayor General Serafín Sánchez Valdivia, quien retornó a la Patria y se incorporó de inmediato al Ejército Libertador.

Durante la campaña independentista, Isabel María recorrió casi todo el territorio de la entonces central provincia de Las Villas, soportó momentos difíciles de los combates,  a pesar de su frágil figura. Para la ilustre matrona resultaba indigno vivir en la ciudad bajo la bandera colonial española, mientras seres muy queridos se batían y sufrían penalidades.

En esas circunstancias soportó con estoicismo la noticia de la caída en combate de su querido hijo Serafín, el 18 de noviembre de 1896. En  medio de su dolor respondió: “Solamente ha cumplido con su deber, morir por la Patria”.

El andar patriótico de Isabel María continuó  hasta que finalizó la guerra en 1898 y decidió regresar a su querido poblado rural de Arroyo Blanco, donde ella y su familia gozaban de un gran cariño y prestigio. Allí falleció el 27 de julio de 1904.

En todo momento Isabel María mantuvo profundas relaciones con su familia, especialmente con sus hijos, lo que se aprecia en la correspondencia que se conserva en el Archivo Provincial de Historia de Sancti Spiritus. Los afectos mutuos se extendieron también a su nuera, la esposa de Serafín, Josefa María Pina, quien la trataba de “Mi querida Isabelita”.

Desde el 15 de agosto de 1949 descansan en el cementerio de Sancti Spiritus los venerados restos de la patriota espirituana Isabel María de Valdivia, madre del prócer Serafín Sánchez Valdivia y de otros ocho integrantes del Ejército Libertador.

En esa fecha fueron trasladados en ceremonia solemne los restos de la insigne cubana hasta su definitiva morada, desde su querido poblado de Arroyo Blanco, donde estuvo sepultada durante 45 años.

La ejemplaridad de esta mujer fue recogida en distintos momentos por  el historiador Gerardo Castellanos, el patriota espirituano doctor Santiago García Cañizares y por la poetisa Dulce María Borrero, quien escribió estos versos:

“Hablar de ella perfuma los labios.

Pensar en ella alumbra la conciencia.

Recordarla sostiene el corazón.

Quien la vio, la comprendió y la amó,

sintió la influencia de las cosas puras,

creyó en la existencia de las cosas internas,

entró en el reino de la serenidad. Porque

su alma era un paraíso calmado de bienandanzas”.

Todo ello y mucho más puede agruparse para describir y descubrir a

la ilustre matrona, tronco de estirpe patriótica que siempre fue Isabel María de Valdivia y Salas, alto ejemplo permanente de mujer cubana, madre y combatiente.

 

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