Por Orlando Seguí Aguilar

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La naturaleza es sabia, de eso no hay dudas. Sin embargo si le dijeran que en un patio de Camagüey, en el centro de la Isla, de un árbol de mango nació una fruta mitad mango mitad chirimoya: ¿Lo creería?

Incluso Raúl García Morejón cuando se encontraba chapeando en su patio cerca del hospital Amalia Simoni de esta ciudad, al escuchar la caída del fruto quedó muy sorprendido cuando notó el fenómeno. El árbol de mango de la clase moros, parió algo muy poco común.

“Al inicio cuando lo recogí lo primero que vi fue una chirimoya, pero lo dudé porque en esta época escasean y no era la mata además, pero cuando lo tuve en mis manos sinceramente no sabía qué era si un mango o una chirimoya. Cuando salí a contárselo a mi mujer y mis amigos no me creían hasta que les enseñé el fruto”. Y es que hay que verlo para creerlo, pues un caso como esto no se ve todos los días.
egún comentó Raúl, no sabe con exactitud el por qué de la mutación. Los dos árboles se encuentran sembrados muy cerca uno del otro pero solo llegan a rozarse, nada fuera de lo común. O por lo menos en la superficie porque según comentó Armando Guerra Gómez Ingeniero Agrónomo, Especialista en suelos y plantas, que las raíces estén muy unidas o tengan algún roce no propicia este tipo de intercambio.

“Me inclino más porque la flor del mango al estar muy junta la haya fertilizado el polen de la chirimoya. Estos cruces genéticos no son para nada comunes pero pueden suceder y este es un caso real”. Explicó Armando, ya retirado pero de mucha experiencia en el tema.
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Este reportero fue testigo al probarla cuando se notó muy claro el gusto del mango de un lado, sin embargo la parte “intrusa” no sabía exactamente a chirimoya, pero sin dudas distinto al otro fruto. El sabor se podía comparar con una fruta a medio madurar e incluso tenía pequeñas bolitas que se semejaban a las semillas de la chirimoya, además de la del mango, quizás aún sin formarse por completo.

Cosas de la “sabia” naturaleza. Quién sabe, quizás un pequeño error. Una muestra de que las rarezas no son solo en animales sino en todo lo que nos rodea. Por eso no se sorprenda si le comentan algún día otro hallazgo extraño, a lo mejor el melón con piña o el plátano con guayaba le puede tocar a usted. Si es así: disfrútelo.

(Tomado de Adelante)

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