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Estamos a unas horas de  la llegada  por el oriente cubano  de uno de los huracanes más  demoledores  de cuántos han pasado por nuestro país, incluso mayor que el Sandy, evento que destruyó a  una buena parte de ese mismo territorio, fundamentalmente a la histórica Santiago de Cuba.

En el tiempo más breve posible  fueron resarcidos una buena parte de los cuantiosos daños materiales, principalmente en las viviendas, indicativo de las extraordinarias  bondades  de la Revolución.

Sin embargo, las principales medidas están destinadas a la preservación de las vidas humanas por ser el elemento más importante de la sociedad. Los bienes materiales se puedes sustituir, pero nada es comparable con el hecho de que deje de latir un sólo corazón por la maléfica  acción  del inmenso meteoro.

Pero no se trata nada más de evitar hechos que afecten la integridad física  de cada ciudadano, sino que desde ahora se toman medidas para arremeter contra  la afectaciones que puedan  afectar su cotidianeidad y ya están listas brigadas de todo tipo para restablecer los daños en el menor tiempo posible.

Aún antes de la fase informativa, sin visión oficial todavía del peligro,  ya están previstos los sitios que albergarán  a los evacuados y está garantizada la logística para sus primeras necesidades desde los dormitorios hasta las alimentarias y nadie tiene que trasladarse por su cuenta, como en otros países, incluyendo a los Estados Unidos; sino que el estado cubano pone todos sus medios de transporte en función de los habitantes amenazados.

Lo recursos materiales se ponen a buen recaudo y los animales se trasladan hacia lugares seguros, pero no hay dudas para afirmar que en Cuba lo más importante es salvar vidas humanas.

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