(Me enorgullece que Yanela, esta joven y agradecida profesional, haya hecho parte de sus práctica de periodismo a mi lado en la Televisión, aunque ahora labora en la Emisora Provincial Radio Sancti Spíritus, mi medio de origen. Esta crónica la vi en su página de facebook y sin quitarle una coma, la publico, íntegra, sin su permiso, por su alto contenido humano, fidelista y revolucionario y- por qué negarlo- me ha hecho llorar)

Yanela

Pudo ser un fin de semana común, más, no lo fue. Después de haber escuchado a mis colegas de la radio y la televisión convertir el dolor en homenaje periodístico estoy convencida de que esta crónica no está a la altura de un gigante, sin embargo, solo por el privilegio de haber nacido después de 1959 la gratitud me convoca como a tantos cubanos.

La primera pregunta que ha estado en mi mente durante este fin de semana es la de una hija que ha perdido un padre, la misma que hemos escuchado tantas veces durante estos dos días de luto, y no por repetida pierde valor porque es la VERDAD: ¿existiríamos, si Fidel no hubiera llegado a la Sierra Maestra con la semilla de la Revolución en sus hermosas manos y su pensamiento?

Si mis padres de origen humilde y campesino no hubieran tenido el privilegio de estudiar en la vocacional de Santa Clara jamás se hubieran conocido, y mucho menos estudiado una carrera universitaria. Si en 1991 la terapia intensiva del pediátrico José Martí de Sancti Spiritus hubiera sido un servicio costoso ¿cómo mis padres habrían pagado la atención médica de la niña enfermísima que hasta allí llevaron? Mi historia es solo la de una joven más.

Si Fidel no se hubiera empeñado en limpiar a Cuba del fango desgarrador de la neocolonia ¿Qué seríamos hoy? ¿El escenario de una dictadura como la de batista? Quizás peor ¿Qué rutina tendrían nuestros campesinos en esta mañana? ¿Cultivar el tabaco suyo o de un extranjero? ¿Guataquear un surco para recibir palos y miseria?

Y hay tantas formas de encontrarle el sentido a este dolor y de buscar el modo en que Fidel ha conducido nuestras vidas por los mejores caminos que al preguntarme ¿por qué estudié periodismo? la respuesta es sencilla y asombrosa: descubrí el periodismo por haber participado en un concurso del periódico Juventud Rebelde en 2006 en el que había que responder qué admiras más en Fidel y qué se te ocurre escribirle en su cumpleaños.

Hoy, cuando tantos cubanos viajan y regresan desde otras latitudes, llevan los conocimientos de los maestros cubanos para enfrentar la nueva vida. Los justos lo reconocerán aunque sea en el silencio del emigrado. Un padre procura la educación de sus hijos, así lo hizo Lina la madre de Fidel y así él fue bondadoso con todos los cubanos después del Primero de Enero de 1959.

Todos soñamos alguna vez con verlo, como quien persigue aquel unicornio o un ser de otro mundo, al decir del poeta, porque Fidel más que líder, a ratos nos parecía un milagro de esta isla dulce. Nunca olvidaremos su voz limpia, segura, eterna.

Dos veces escuché al Comandante de modo privilegiado: en la Tribuna Abierta realizada en la ciudad de Sancti Spiritus y en el Pico Turquino a través de un teléfono. Hoy, esos momentos cobran acaso un significado más valioso,porque quién sabe cuándo volveremos a escuchar a un hombre invencible.

Estoy convencida de que estas palabras no me pertenecen, porque son el eco de una generación agradecida, unos cuantos muchachos y muchachas que nacieron justo cuando él pedía una prueba de amor: más heroísmo para soportar la precariedad. El pueblo lo besó con la reciprocidad de resistir el periodo especial.

Él siguió indicándonos el camino correcto, el más digno, hasta el final de sus días. Y cuando Barack Obama llegó con discursos de regalías el Comandante no pudo callar ¿cómo hacerlo? Jamás un padre se cansa de defender y aconsejar a sus hijos de quien pretende humillarlo, un padre siempre sale al resguardo de lo más preciado, así lo hizo, abrirnos los ojos, descaracterizar al lobo vestido de pastor. Volveremos a estudiar sus discursos, sus reflexiones, porque a pensamiento es la guerra que se nos hace y en eso él ha sido insuperable.

¿Cómo llenar el vacío que ha dejado este 25 de noviembre con un 90 en nuestros pechos? Ya no lo veremos recibir en su casa a los presidentes y primeros ministros foráneos. Antes sentíamos la paz de saber que estaba en la tranquilidad de su hogar. Una paz que este viernes ha desaparecido. Le faltará él a este primero de enero, cuando ondee una bandera soberana. Cuba ya no será la misma como tampoco hubiera sido la misma sin él. YPR

¡Gracias Yanela!

Por Rafael Daniel

Discúlpame la palabrota, Yanela. ¡Coj…! Qué crónica más linda y no solo por su valor literario o periodístico sino porque la escribiste con el corazón y me hace sentir muy orgulloso de ti por ser parte de esta juventud mayoritaria de hoy que no se deja convencer, como muchos otros por los cantos de sirenas del imperio, ni traicionan sus raíces y no me refiero a todos los que emigran por diversas razones, sino a que los que al pasar el océano reniegan de todo, hasta de su bandera y se convierten en una vergüenza hasta para los vecinos de la cuadra.

Lo que describes en tu crónica detalla perfectamente a varios de esos malnacidos que pueden estar vivos, sanos o ser profesionales, o tener un alto nivel como tú, gracias a Fidel y a la Revolución que es decir lo mismo.

NI una palabra de dinero, ni de los bajos salarios de los periodistas cubanos, sólo altruismo puro, de ese que nutre cada día nuestra bien alimentada conciencia. Gracias, Yanela, por esta linda clase de fidelismo que nos has dado y a mis años te digo que siempre se puede aprender más y esta es una muestra de esa aseveración.

Lo que nos hace viejos o jóvenes no son los años, sino la firme convicción de que en la vida tenemos que estar en constante superación y Fidel es una muestra del mejor ejercicio para las neuronas pues nunca perdió la capacidad de soñar y crear y aún, bajo sus cenizas está reflexionando. Te reitero las gracias, Yanela.

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