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Desde antes del triunfo de enero, ya los gobiernos estadounidenses se convirtieron en enemigos acérrimos de la Revolución, apoyaban con todo tipo de pertrechos a la tiranía batistiana y fueron guías y orientadores de los primeros y frustrados atentados contra Fidel.

Presidentes como   el republicano Eisenhower, comenzaron a agredir a la Revolución triunfante y a su máximo líder, como le decíamos entonces a Fidel Castro. Después vendrían diez estadistas más.

Salvo, honorables excepciones como Carter y Obama -con visiones algo más civilizadas-  todos mantuvieron un   frenético odio contra la Mayor de las Antillas y muy especialmente por su invicto e indiscutible líder.

Muchos de ellos murieron sin ver cumplidos sus sueños de derrotar a la Revolución y entre todos, apoyados por la CIA, le prepararon más de 600 atentados a Fidel.

Infinidad de agresiones contra Cuba se produjeron desde el mismo 1959 con el único objetivo de destruir al “molesto” sistema impuesto en sus narices a sólo decenas de millas del mayor país imperial del mundo.

Ike Eisenhower comenzó a apoyas las bandas contrarrevolucionarias y decide las principales medidas económicas de entonces contra Cuba y termina por romper las relaciones de toda índole con la isla y comienza a preparar una invasión militar, algo que después se llevó a cabo por el presidente demócrata John F. Kennedy, artífice principal también de la denominada Crisis de los Misiles.

Las confrontaciones de entonces llevaban, como es lógico, las más encendidas ofensas personales entre unos y otros contendientes.

Los mandatarios republicanos Richard Nixon, Ronald Reagan y el demócrata Bill Clinton se cuentan entre los de mayor agresividad, mientras el amante de la Lewinsky aprobó infames leyes para recrudecer el criminal bloqueo contra Cuba.

Varios de ellos han muerto en el camino.  Eisenhower el 28 de marzo de 1969, mientras Kennedy fue asesinado el 22 de noviembre de 1963 y Nixon falleció el 22 de abril de 1994. Ronald Reagan murió          el 5 de junio de 2004.

No obstante, ser todos enfurecidos enemigos de la Revolución cubana, en todo momento Fidel mantuvo la cordura y el respeto por los occisos y hasta envió sus condolencias, e incluso llego a denunciar ante las autoridades estadounidenses un atentado contra Reagan que le salvó la vida.

A la muerte de este a un colega se le ocurrió ofender su memoria a través de una conocida emisora nacional y al llegar a los oídos de Fidel y de las autoridades cubanas se emitió un nota oficial de disculpas ante tal hecho y fue sancionado el periodista por la dirección del medio de prensa.

Así ha sido de respetuosa la dirección de la Revolución, encabezada por Fidel, ante determinados momentos de los adversarios. A esta lección deben prestarle atención el grotesco presidente electo de los Estados Unidos y sus asesores y acólitos, antes de ofender la memoria de uno de los hombres más importantes del siglo 20 y de una parte del 21, mientras el horripilante presidente norteamericano será solo recordado como una fea mancha de la historia, según sus proyecciones actuales.

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