El pueblo no durmió, no hubo cansancio. Los ojos insomnes  en una madrugada que amenazaba con la lluvia anunciada para la zona central del país… Poco a poco, en silencio llegan hasta cerca del lugar donde me encuentro, allí en la calle,  desde los más pequeños hasta los más ancianos, y la luz aún es poca, no amanece todavía.

El tiempo no pasa, los minutos se suceden y lentamente, con sobrecogimiento,  el amanecer se cubrió de un mar de pueblo, y  llegaron desde las casas, desde los centros de trabajo, desde las escuelas, de cada punto cardinal de la ciudad de Sancti Spíritus.

Las razones son contundentes y hay complicidad, porque  las calles esperaron como lo hicieron las piedras de cada casa, de cada establecimiento público para un hasta luego, un hasta siempre, un “Yo soy Fidel”.

En la mañana del primero de diciembre no salió  el Sol,  la  llovizna caía a intervalos en complicidad con los recuerdos de aquella fría madrugada del 6 de enero de 1959 cuando a Fidel lo esperaba una multitud, que como él dijera en su discurso “no se sabía  a ciencia cierta a qué hora pasaría nuestra caravana hacia la Habana y cuando sencillamente no son las 12:00 del día, ni las 3:00 de la tarde, ni las 10:00  de la noche, son las 2:00 de la madrugada , y es además, un día frío y parece que de lluvia también….”

Y por esas mismas calles pasaste y te vieron los que tal vez eran sólo niños en aquel año de 1959. Pasó entonces el cortejo fúnebre por la misma senda que antaño, pero ahora camino hacia la inmortalidad; tus cenizas  estarán allí en el cementerio de Santa Ifigenia, en el Santiago de Cuba rebelde siempre, en la cuna de la Revolución Cubana.

Pero tu obra en Cuba, en Latinoamérica  y en otros continentes no muere, tampoco desaparecen tu ejemplo, ni tus palabras del 6 de enero de 1959  en la escalinata de la actual biblioteca Rubén Martínez Villena cuando culminabas tu alocución al pueblo espirituano y dijiste: “podemos decir hoy el grito con el que voy a terminar estas palabras y que es el grito que está en el corazón de todos nosotros, ¡qué viva Cuba libre!

El último encuentro de los espirituanos  con el Comandante en Jefe fue un adiós, un hasta pronto, un hasta siempre, y en la mente, en silencio expresamos “No te has ido Comandante”, porque tu Revolución será cada  día  más firme y duradera.

 

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