Así expresó Miguel Barnet, presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), en la Plaza Mayor General Antonio Maceo de Santiago de Cuba.

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Foto: Captura de televisión

Fidel rompió el esquema del político tradicional, devolvió a la política lo que ella es en su esencia: un arte para llevar felicidad a los seres humanos. Fue un incansable luchador por la paz… Su ética, acompañada de una dignidad a toda prueba, lo convirtió en un paradigma de los siglos XX y XXI, con un pensamiento y una acción sin precedente, en la historia política del continente latinoamericano.

Así expresó Miguel Barnet, presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), en la Plaza Mayor General Antonio Maceo de Santiago de Cuba, donde se realizó el acto político en homenaje póstumo al líder de la Revolución Cubana.

Agregó que es la ocasión más triste en su vida como escritor y revolucionario, y sin embargo es un alto honor poder recordar el extraordinario mérito de Fidel como genio político, como auténtico revolucionario e intelectual comprometido con su época y con el destino de la humanidad.

Ninguno de sus contemporáneos podrá medirse con su estatura de gigante. Definió para nuestro país un nuevo concepto de nación, y con ello contribuyó a una moderna concepción de lo verdaderamente revolucionario, sostuvo.

Barnet dijo que el Comandante en Jefe fue a las raíces de la historia para extraer de ella su más nutricia savia. Combatió los males de la República neocolonial siendo apenas un joven estudiante universitario. Fue líder por vocación martiana y ejemplo para sus coetáneos.

El presidente de la Uneac subrayó que el líder de la Revolución dio inicio a las acciones políticas que culminarían con el triunfo de la revolución socialista. «Nada lo detuvo, ni las contingencias de un revés militar o las duras experiencias de combatiente en la Sierra Maestra».

Además, añadió que fue artífice de la unidad y triunfó con la tenacidad de la sentencia: si salgo, llego; si llego, entro, y si entro, triunfo. Nadie lo superó, ni su más acérrimo enemigo pudo vencerlo, porque él conjugó su talento de estratega militar con su capacidad intelectual y su vasta cultura, añadió.

«Articuló de manera armónica el pensamiento bolivariano, martiano y marxista, lo que le dio a la Revolución Cubana una proyección de universalidad única en el mundo. Desde ese postulado defendió la independencia de Argelia, combatió la injusta guerra en Vietnam, y luchó contra el apartheid en África».

Destacó que su antimperialismo no tuvo tregua ni fue rehén de concesión alguna, y su visión geopolítica fue su arma más eficaz, para ganar todas las batallas del enemigo. Fue un maestro en la creación de una conciencia nacional, política y cultural a través de la prensa y en sus discursos en foros políticos y particularmente en los congresos y consejos nacionales de la Uneac, insistió.

«No tuvo precedente en la historia de Cuba, ese fue el Fidel estadista, pero el intelectual no quedó a la saga. En sus históricas Palabras a los Intelectuales diseñó la plataforma de la política cultural de Cuba con una visión democrática e inclusiva».

Aludió a la Campaña de Alfabetización —que este año cumple su aniversario 55— como el primer gran logro cultural de la Revolución y a la creación de instituciones que promovieron las artes y las letras… «El libro dejó de ser un privilegio para convertirse en un artículo de primera necesidad».

Significó además que en los momentos más difíciles de la Revolución la máxima con que clausuró un Consejo de la Uneac fue: «La cultura es lo primero que hay que salvar».

«Ese es Fidel, el hombre que nos ilumina», manifestó.

Barnet concluyó con su poema Fidel: «Es cierto que los poetas atrapan instantes de la vida y los fijan en la historia. Generalmente el pasado vago y nostálgico o el presente inmediato con sus fuegos sutiles y sus reverberaciones. Pero qué difícil atrapar el futuro y colocarlo para siempre en la vida de todos los poetas, de todos los hombres».

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