Entre las ocasiones en que tuve el honor de hacer coberturas periodísticas con Fidel, hay una que se distingue de las demás por lo que significó como mala experiencia personal por deslices profesionales que al paso del tiempo se me hacen imperdonables.

Fidel yo Banao
En una de mis anteriores fructíferas entrevistas con el líder de la Revolución Cubana

Por primera vez se realizaba en Sancti Spíritus, central provincia de Cuba, una demostración popular de tan extraordinaria magnitud como la que se congregó en la plaza de Los Olivos el 25 de mayo de 2002, en la Tribuna Abierta de la Revolución, Acto de Protesta Contra el Bloqueo, las Calumnias y las Amenazas del Gobierno de Estados Unidos contra Cuba.

Allí se reunieron más de 300 mil personas procedentes de las provincias centrales,

Mis infortunios profesionales comenzaron la noche del 24 cuando poco antes de comenzar el Noticiero Nacional de Televisión se presentaron en mi casa para decirme que debía hacer un pase en vivo desde la Plaza para anunciar el acto de protesta que se originaría el próximo día. Yo había hecho la mayoría de los pases de las Tribunas Abiertas por la liberación de Elián, por lo que ya tenía experiencia.

Este era distinto, pues para aquellos me había preparado. Para este había elementos que debían mantener en la más estricta discreción. Nunca tuve tanta inseguridad para una trasmisión en vivo como en ese momento. Me dijeron que no me preocupara que entrevistara a una pionera del municipio de La Sierpe y para mayor sorpresa, mi intervención abría la emisión del noticiero con una millonaria teleaudiencia.

Llegamos a la Plaza a unos tres minutos de comenzar el espacio y aún no estaba la pionera que apareció justamente casi al inicio de la presentación del Estelar, por lo que no tuve tiempo de prepararla, aunque su intervención quedó con mucha dignidad por su alto nivel político.

Sin embargo, donde estuvo el problema fue en mi presentación, al darme el pase desde La Habana, cuando no me salían las palabras exactas, al menos una frase echó a perder mi comienzo, o sea, debí decir algo similar a: “Mañana se darán cita en este lugar miles de personas para…” Mañana una multitud estará…” ó “Miles de personar asistirán a la plaza-…” o algo parecido, sin embargo mi primer infortunio fue totalmente fuera de contexto al tener que reaccionar en fracciones de segundos.

Lo que en definitiva dije fue: “Mañana una ¡Nata de gente! Asistirá a la Plaza del reparto residencial de los Olivos, para…” . ¡Imagínense! Me di cuenta enseguida y quería que me tragara la tierra, pero ya estaba dicho y no había posibilidad de retroceso, como riesgo lógico para las trasmisiones en vivo.

LA QUINTA ENTREVISTA QUE NUNCA SE HIZO

Antes de comenzar el masivo acto coordiné con las personas pertinentes una entrevista con el Comandante en Jefe y al rato tuve una respuesta afirmativa pues Fidel tenía excelentes relaciones con la prensa y ya yo lo había entrevistado en cuatro ocasiones. Al término de la tribuna era el momento señalado para contactar con el Líder Revolucionario.

Fidel se reunió con un pequeño grupo de personas, para entonces algo desconocidas para mí. Me acerque y extendí el micrófono con la intención de grabar algo de su conversación. Mientras, el camarógrafo Alexei González, filmaba. Aunque muchos no lo crean, por la emotividad que mostrada públicamente en sus discursos, su hablar común con las personas era muy bajo, aunque con palabras exactas, muy bien pronunciadas.

Cuando él se percata de lo que estoy haciendo, pues aún no le había pedido el momento para la entrevista, se dirige a mí y de manera muy educada me dice:

  • ¿Y esa grabación para qué es?
  • Para el noticiero de televisión, Comandante, le respondo.
  • Pero esta es una conversación privada que no debe salir por el noticiero de televisión.

Al decirme aquello el Líder Histórico de la Revolución, quería que me tragara la tierra. No sabía qué hacer con el micrófono y con mi equipo de grabación. Con mis casi treinta años de experiencia en la prensa no me perdonaba que haya cometido tamaña indiscreción.

Bueno… ¿Y si te mando a coger preso que tú haces?, me dijo.

Pues… iría preso con todo gusto. Pues si yo en múltiples ocasiones he dicho Comandante en Jefe, ordene y si esas es su orden, la acataré

-No, mira, eso es una broma –acotó- pero esta una conversación que tengo con estas personas y necesito la más estricta discreción.

Me excuse con el Jefe de la Revolución, me dio la mano y sonrió como para aceptar mis disculpas. Con el lógico nerviosismo por la situación creada no me acordé de mi objetivo inicial que era entrevistarlo. No le dije nada.

No sabía qué hacer con aquel casete que contenía aquella conversación, hasta que Danilo Sirio –vicepresidente entonces y hasta hace poco Presidente del ICRT- quien estaba al frente del Control Remoto de la trasmisión de televisión, me pidió el casete con la promesa de que me lo sustituiría por otro.

Las personas con las que Fidel hablaba eran los familiares de los Cinco Héroes Prisioneros del Imperio, cuando apenas se comenzaban las acciones para su liberación y ese debió ser el tema de su conversación. Pero lo cierto es que fue un día bastante infortunado personal profesionalmente para mí y lo peor de todo es que nunca pude hacerle la pretendida quinta entrevista al Máximo Líder de la Revolución Cubana.

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