Desde mucho antes del triunfo revolucionario el pueblo cubano ya era fidelista. Muchos ni le conocían, ni sabían cuál era su proyecto social y sin embargo el fidelismo conquistaba adeptos a partir del suceso del Moncada.

Todos los combatientes, fueran del Movimiento 26 de Julio o no, eran tildados de ese modo, algo que acomodaba la figura de Fidel como el indiscutible líder de la Revolución Cubana. Ni a los enemigos les quedaba dudas de eso.

Era tanto el odio visceral que tenían los esbirros de la tiranía contra el extraordinario jefe que en una ocasión detuvieron a un hombre en la calle y cuando le preguntaron el nombre dijo: “Fidel Castro”. ¡Imagínense lo que le cayó arriba! La despiadada paliza fue inmediata. Incluso su detención como revoltoso, como le llamaban entonces. Sin embargo ese era el nombre real de aquel infeliz que se dedicaba a la venta de carne de cerdo en Sancti Spíritus.

El fidelismo también sería importante para el necesario proceso de unidad que se conseguiría poco antes y después del triunfo. Cuando Camilo llegó a Yaguajay todas las guerrillas, fueran del M-26-7 o no, se subordinaron al insigne Comandante, entre ellas las del comunista Félix Torres.

Cuando el Che llega al Escambray encontró la misma disposición del Directorio Revolucionario 13 de Marzo, dirigido por el Comandante Faure Chaumont, aunque antes su máximo dirigente José Antonio Echeverría ya había firmado con Fidel la Carta de México.

Fueron muchos los hechos que ocurrirían antes y después de la victoria de enero en los que la imagen de Fidel lograba gran notoriedad para los cubanos.

Desde los primeros meses después del derrocamiento de la tiranía batistiana el Gobierno Revolucionario comenzó a aplicar medidas de beneficio popular como las siguientes:

A principios de marzo, a sólo dos meses de la llegada de Fidel a La Habana se intervino la Compañía cubana de Teléfonos y en ese mismo mes se dictó una ley, mediante la cual se rebajaban los alquileres en un 50 por ciento, lo que encontró un tremendo respaldo popular y también en marzo se aprobó la rebaja del precio de los medicamentos.

Mientras, en abril se declaraba el uso público de las playas y en agosto se rebajaron las tarifas eléctricas, algo de gran impacto popular. Se crearon además miles de empleos, que elevaron el poder adquisitivo de la población.

La medida más radical en esta etapa fue la Primera Ley de Reforma Agraria, dictada el 17 de mayo de 1959.

El fidelismo alcanzaba su punto más alto, algo que seguiría in crescendo hasta nuestros días.

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Con la guerra fría en pleno apogeo, todo lo que oliera a beneficios para el pueblo era tildado de comunista, expresión “humillante” que implicaba la posibilidad de temores para las mayorías, pues esa palabra era interpretada de manera muy despectiva a consecuencia de la brutal propaganda que se ejercía contra la Unión Soviética.

Nadie sabía lo que era el comunismo, pero la propaganda excesiva lo dibujaba como un sistema social muy cruel e inhumano. Incluso ni se había declarado el carácter socialista de la Revolución.

Sin embargo, esa difusión tuvo un efecto bumerán, pues era tal la positiva influencia que ejercía sobre los cubanos la imagen del jefe de la Revolución que comenzaron a aparecer por doquier versos como el siguiente:

“Si las cosas de Fidel

Son cosas de comunistas

Que me ponga en la lista

Que estoy de acuerdo con él”

Avanzaban las medidas que beneficiaban al pueblo y la imagen del insuperable líder ascendía a los peldaños más altos de aprobación y en las puertas de las casas se veían chapillas metálicas rectangulares, pintadas de rojo y negro -colores del M-26-7- en las que se leía al relieve:

“ESTA ES TU CASA FIDEL” , Equivalente a una frase que hoy, al paso del Comandante en Jefe hacia la inmortalidad, nos ha acompañado en estos días de dolor, pero de reafirmación revolucionaria: YO SOY FIDEL

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