Nunca pensé en toda mi vida profesional, periodista de una pequeña provincia cubana como Sancti Spíritus, ubicada al centro de Cuba, que alguna vez tendría la posibilidad de cubrir un evento de tanto nivel como los Juegos Panamericanos ´91.

En mis años juveniles fui un asiduo practicante de muchos deportes desde el béisbol, como es lógico; el fútbol, el atletismo, el básquet, el volibol, las pesas, el tenis de mesa, el tenis de campo, hasta las artes marciales, como el kárate-do, disciplina a la que me dedique ya pasado los treinta años.

En ninguno brillé, o mejor dicho, en casi todos era pésimo, pero al menos me dieron la posibilidad de ser conocedor de cada uno de ellos, sobre todos de sus reglas y otros elementos necesarios para convertirme en un aficionado integral, algo que aún perdura. Todo ello también permitió mis favorables resultados cuando fui Corresponsal Voluntario Deportivo

Sin embargo, no conocía nada acerca de un deporte que se estrenaba en los Juegos el boliche, los bolos o el bawling, como le conocen otros.

En la ciudad de Sancti Spíritus se construyó a principios de la década del noventa la primera bolera con pista múltiple del país, donde entrenaba la preselección nacional –casi todos de Sancti Spíritus- con vistas a los Juegos Panamericanos. Destacados bolicheros venezolanos, principalmente de Guarena Guatires, ofrecían su apoyo a los cubanos.

Allí se efectuaron varios eventos de confrontación por lo que en mi condición de Corresponsal de la Televisión Cubana tuve que hacer varias coberturas y de pronto me convertí en un amplio conocedor de esta disciplina.

Como corresponsal fundador del Noticiero Nacional Deportivo comencé a enviar reportes de los bolos para ese espacio, lo que me dio la posibilidad de ser uno de los periodistas de provincia, seleccionado para participar en los juegos continentales de 1991 en La Habana.

¡De veras que nunca lo hubiera soñado! ¡Yo como protagonista en unos juegos Panamericanos! ¡Y mucho menos pensar la inolvidable experiencia que vendría después!

Éramos muy poco los del interior del país que nos encontrábamos en funciones periodísticas en el certamen: recuerdo a mi buen amigo matancero Nelson Barreras, fallecido en un accidente en Bolivia; al cienfueguero Primitivo González y al holguinero Quevedo.

MI INESPERADA ENTREVISTA CON FIDEL

En una de mis otras entrevistas con el líder de la Revolución

La impecable bolera de Plaza se estrenaba con sus flamantes 24 pistas en los Juegos Panamericanos. Durante varias jornadas cubrí el evento y vi como los cubanos, todavía inexpertos en estas lides, caían unos tras otros en ambos sexos, dando paso a los países con más fuerza, hasta imponerse para las finales los fuertes equipos de México y Estados Unidos.

En una jornada vespertina se discutirían las medallas. En ocasiones anteriores el Comandante en Jefe había asistido a varios eventos en los que participaban atletas cubanos. Los corresponsales extranjeros se asombraban de los vítores, aplausos y el repetitivo ¡Fide, Fidel! ante cada presencia del líder histórico. Muchos de esos reporteros no tenían nada que ver con el deporte. Era el año 1991, a inicios del duro período especial y por tanto muchos tenían la misión de sus respectivos medios de reportar las primeras “demostraciones populares” contra la Revolución Cubana.

¡Nuevamente sus traseros se hacían trizas contra la puerta! (Como decimos los cubanos con otras palabras menos elegantes)

A unos minutos de comenzar la final del boliche, un gran alborozo indicaba que algo inusual sucedía. Un enorme y largo aplauso inundó la instalación y a los pocos segundos aquel glorioso nombre repetido, como un coro ensayado por todos: ¡Fidel, Fidel, Fidel!.

Para sorpresa mía allí estaba el invicto Comandante en Jefe. Desde hacía varios días no había aparecido en público por lo que algunos medios extranjeros hicieron conjeturas satánicas, anunciándole las más diversas y maléficas patologías y hasta su deceso.

Él sólo había asistido hasta ese momento a eventos dónde participaban atletas nacionales, sin embargo, en esta final no había ninguno y el boliche, por cierto, no es un deporte muy reconocido entre los cubanos.

Pero lo cierto es que Fidel estaba allí, sentado en la primera fila, ubicada en un nivel de unos dos metros de altura sobre el nivel de la pista.

Me hice el propósito de entrevistarlo y así se lo di a conocer al camarógrafo Juanito Villota, ya fallecido. Di la vuelta y me situé en una parte cercana a la cancha. Llegar hasta allí me costó un regaño de los imprescindibles escoltas de Fidel, quienes me pedían que me retirara de ese sitio por razones lógicas de seguridad.

Retrocedí unos pasos. Me encontraba a unos veinte metros del Jefe de la Revolución. Le advertí a Villota que mantuviera la cámara encendida. Desde allí emití una voz que se escuchó en toda la bolera:

-¡Permiso, Comandante!

Fidel me miró y exclamó:

-¡Si!

-Quisiera conversar con usted.

-De qué órgano, me dijo.

-Televisión Cubana, le respondí

-Venga, me dijo.

Avancé hacia donde se encontraba Fidel, pero como me encontraba al nivel de la pista, tuve que dar un pequeño salto y quedar colgado de un brazo al muro para acércame a él. Al comenzar el diálogo alguien se me acercó por detrás y me puso algo donde pude acomodar mis pies.

Durante casi quince o veinte minutos estuve entrevistando a Fidel. Me habló sobre el desarrollo del deporte en Cuba y de muchas de las cosas que se hicieron para desarrollar estos Juegos en una etapa difícil económicamente para el país.

También opinó sobre el incipiente desarrollo deportivo en América y sobre todo ponderó las perspectivas de Brasil y México en el contexto continental, algo en que el tiempo le ha dado, como siempre, la razón.

Cuando terminamos la entrevista, nos fuimos enseguida para el Canal Panamericano en la sede del Instituto Cubano de Radio y Televisión, ICRT. Allí contactamos con Danilo Sirio, principal autoridad del canal y con Daniel Diez, quien dirigía la emisión en esos momentos.

De inmediato se hicieron todas las gestiones técnicas de rigor y se trasmitió la entrevista, la que fue reiterada en varias ocasiones y transmitida por diversos medios internacionales.

Para mi beneplácito personal y profesional esta fue una de las únicas entrevistas que ofreció el Comandante en Jefe durante los Juegos Panamericano en La Habana, pero tiene además el valor histórico de que muchas de las cosas enunciadas por Fidel se convirtieron en realidad cuando por primera vez Cuba alcanzaba el primer lugar en los juegos continentales, con diez medalla de oro por encima de Estados Unidos y superando ampliamente a Canadá, Brasil y México, ocupantes por ese orden de las siguientes posiciones.

No hay comentarios