Corrían los inicios de la segunda mitad de la década del 70, período de los grandes éxitos del “Elegante de las pistas” Alberto Juantorena, cuando ocupó los cintillos de todos los diarios del mundo por su récord y hazañas en los Juego Olímpicos Montreal 1976.

Ya contaba con el favoritismo de los 400 metros, evento en el que se impuso con récord, sin embargo, nadie esperaba su victoria en los 800, carrera muy diferente y en la que los pronósticos le daban las principales esperanza al belga Ivo Van Damme y al estadounidense Rick Wolhutter, entonces plusmarquista mundial.

Alberto no sólo clasificó para las finales sino que en menos de 24 horas, inconforme con el oro, con tiempo de 1:43.50, logró una marca mundial y envió al belga para la medalla de plata y al norteamericano para el bronce. De esta manera conquistaba otro récord histórico no muy mediático, al ser el primer atleta del mundo que lograba imponerse en ambas distancias en unos Juegos Olímpicos, pues la primera corresponde a la velocidad y la segunda al medio fondo, por lo que sus estrategias son muy diferentes, resultado todavía vigente.

A partir de ahí comenzaría su relativamente corta, pero gloriosa carrera deportiva dentro de los anales del atletismo internacional.

Como todos los amantes de deporte en Cuba me convertí en un gran admirador de Alberto Juantorena. Entonces yo no sabía que con el tiempo iba a considerarme su amigo, porque amigo no sólo es quien comparte contigo asiduamente, sino que también lo es aquel que te reconoce siempre que te ve, te da un abrazo y te trata de una manera afable.

Entonces yo no sabía el significado del nombre ALBERTO, porque si no hubiera justificado muchos de sus triunfos en las pistas y en la vida personal y profesional. Alberto es un nombre de origen alemán significa ¡Vean esto! Hombre famoso con brillo y nobleza.

No es extraño entonces que ese patronímico sea el de muchos famosos como el del científico Albert Einstein, del ciclista Alberto Contador, del cantante Alberto Cortés y del no menos famoso Alberto Aguilera, conocido en el mundo del escenario como Juan Gabriel o del escritor Alberto Vázquez, entre muchos otros.

UN CONSUMADO FIDELISTA

Cuando Alberto Juantorena fue entrevistado por diversos medios de prensa del mundo tras su resonado triunfo en Montreal 76 no dudaba para decir que dedicaba sus logros a la Revolución Cubana y al Comandante en Jefe, algo que repetía constantemente al concluir cada competencia como muestra de agradecimiento por su formación deportiva y personal.

En esos años de la segunda mitad de la década del 70, me desempeñaba aún como profesor en la Escuela Pedagógica Rafael María de Mendive de Sancti Spíritus, pero a la vez, desde hacía algún tiempo, había iniciado mi carrera periodística como corresponsal deportivo y obrero.

Por mis resultados destacados el Departamento de Propaganda de la dirección provincial de deportes, que encabezaba Arístides Ramos, me designa para hacer la cobertura en La Habana para los medios provinciales del evento élite del atletismo en Cuba: Barrientos in Memorian.

¡Imagínense! Época de oro del atletismo de pista en Cuba. Vería correr en los 110 con vallas a Alejandro Casañas o en los 100 al desafortunado bólido Silvio Leonard, en los 400 o en los 800 a Alberto Juantorena Danger, entre otros.

Grabadora en ristre me fui para La Habana. Llegué al estadio Pedro Marrero, antigua Tropical y, por cierto, sin credencial, pues a los corresponsales voluntarios no nos acreditaban. Había que jugársela para ocupar algún sitio preferencial. Por suerte conocí a Freddy Balzán, corresponsal de Prensa Latina en Venezuela quien “me tiró un cabo” y pude entrar al terreno.

Al poco rato de estar en el estadio llegó Fidel. ¡Tremenda sorpresa! Se sentó, casi recostado sobre la hierba y desde allí disfrutó de toda la competencia, aunque visiblemente su atención se centraba en Alberto Juantorena y por supuesto, él se robaba la atención de los presentes, sobre de todos de aquellos que muy poca veces habíamos estado cerca del Líder Histórico. ¡Lo tenía allí, muy próximo, a unos diez metros de mí! Lo veía gesticular, opinar, compartir criterios! Su sola presencia era suficiente para darle valor de alta intensidad a mi noticia para la Emisora Radio Sancti Spíritus, para la Radio W y el periódico Vanguardia de Villa Clara, aún no existía el Escambray.

El momento cumbre para el interés del Jefe de la Revolución era la carrera -400 metros- de Alberto Juantorena.

El “Elegante de las pistas” no arrancó bien y su principal rival –creo que era un jamaicano- tomó una buena ventaja. Todos observábamos la competencia, pero no podíamos ignorar las reacciones de Fidel, quien al inicio puso rostro de preocupación, pero le fue cambiando casi inmediatamente. Más o menos a mediados de la pista, el fabuloso corredor apretó el pasó. Sus enormes zancadas hacían exclamar de satisfacción al graderío y… ¡Qué decir del Comandante en Jefe cuando le vio entrar a la meta victorioso y con una holgada ventaja!

Alberto Juantorena se dirigió hacia dónde estaba el Presidente Cubano como para dedicarle su triunfo, como siempre hacía. Les vimos conversar, quizás sobre la estrategia de la carrera. Fidel, emocionado, gesticulaba, mientras el prominente atleta le respondía.

Por respeto, no nos acercamos hacia el lugar donde se encontraban. Yo no era un periodista profesional y mi sagacidad entonces no era tanta como para intentar interpelar al máximo Líder de la Revolución Cubana.

Junto a ellos se encontraba otro coloso del deporte: Teófilo Stevenson.

Terminada la conversación de Fidel con Juantorena, abordé al corredor fuera de serie y le pregunté sobre los pormenores de la carrera y si su desarrollo correspondía a una estrategia, entre otras lógicas interrogantes, sin embargo, mi novatada me llevó a hacer la pregunta que nunca debí formular: “¿Sobre qué temas discutías con el Comandante?”

Me miró con cara de pocos amigos -al menos así lo sentí- y me dijo algo más o menos así: “Yo conversaba con Fidel ¡Yo nunca discuto ni discutiría jamás con el Comandante en Jefe” Esta frase, cargada de respeto y amor por el indiscutible líder continental lo resumiría años más tarde cuando conoció de su desaparición física: “Siempre tendré una eterna deuda de gratitud con Fidel… Con él, viví momentos especiales y conté siempre con su apoyo… Lo recuerdo como si fuera ahora, sentado a mi lado en el Pedro Marrero en 1977, cuando estuve lesionado y no podía competir, y por lo primero que se preocupó fue por mi salud… Fidel es inmenso, todo humanismo y su ejemplo es inmortal”.

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