Hace unos días, la UEFA emitió unos estudios en los que predecía la posibilidad de cada uno de los contendientes de la Champions con vistas a cuartos de final. Datos curiosos, mediados matemáticamente por las estadísticas precedentes de la competición. Lo increíble es que, tajantemente, otorgaba al Barcelona un cero por ciento de probabilidad de avanzar.

Sin embargo, el repaso de ayer al Celta puede hacer a la UEFA, especialistas, y fans de todo el mundo, volver sobre sus pasos porque pragmáticamente, resultaba difícil que alguien, antes del juego de ayer, creyera en el chance del Barca de avanzar en la competición.

Lo del sábado constituyó una moraleja del deporte. Que la calidad de un conjunto no es ni la misma que cuando pierde tajantemente, ni la misma que cuando gana con soltura. Es decir, que el Barca no es su versión de París, pero tampoco la de su fulgurante futbol de ayer.

Como quiera que sea que el futbol de este equipo no va a ser siempre el que mostró en la jornada 24, la actitud ejemplarizante para con el Celta ayer describe que si bien nunca en la Champions alguien ha remado un cero a cuatro, para todo hay una primera vez en la vida, y más en la de futbol que nada tiene que ver con el breve lapso de una existencia humana.

Magia ayer de los dos cósmicos en el Camp Nou. De Leo y Neymar, porque aunque es cierto que Luis Suarez es un frontón, estos dos tienen el tatoo en su ADN del jogo bonito. Messi ejecutó dos postres de goles, ambos causantes de cualquier tipo de espasmos a sus fanáticos. Ciertamente, si no hubieran sido marca Leo el asunto derivara en algo trascendente. Ya Messi es una quimera. Nada de lo que haga puede asombrarnos.

Por otro lado, Neymar utilizó este choque como una sesión de entrenamiento de regates y disparos típicos de consola de videojuegos. Que sea el líder de regates en la liga española constituye una estadística usual. Que sea la magia del futbol clásico brasileño es un tema ya comentado. Que sea alguna vez, en un futuro no muy lejano, balón de oro, es un atrevimiento suculento.

Un partido que parece no haber sucedido en mitad de la crisis de futbol que vivía el Barca hace varias jornadas. La plantilla del Barca es capaz de lo mejor y de lo peor, algo así como la plantilla del Madrid, con una diferencia que estriba en que estos últimos son más cometidos cuando se trata de encuentros cruciales.

Camp Nou tiene un idilio: volver a disfrutar de un espectáculo como el de ayer, pero con fecha en el titánico y extenuante miércoles que se viene en la semana entrante.

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