EL 12 de abril de 1897 nació en Trinidad, en la entonces provincia de Las Villas, el notable músico cubano Julio Cueva Díaz, trompetista, compositor y director de orquesta, así como combatiente internacionalista contra el fascismo en la Guerra Civil Española.

 Sus estudios musicales comenzaron desde niño con un cornetín que le regaló una de sus abuelas y pudo asistir a las clases de teoría y solfeo en la Escuela Municipal de su localidad.

 En 1913 inició lo que pudiera llamarse su labor profesional en la orquesta de Bartolo Vidal y dos años después era cornetín solista en la Banda Municipal de Santa Clara, en la que estuvo varios años, lo que le proporcionaba al menos un salario fijo mensual.

 Fue nombrado trompeta solista de la Banda Municipal de Cienfuegos y director de la de Trinidad en 1923, año en la que también fundó su propia orquesta, dedicada fundamentalmente a la interpretación del danzón.

 Una nueva etapa artística comenzó el músico trinitario cuando se trasladó a La Habana en 1928 e ingresó en la orquesta del entonces Teatro Campoamor. Posteriormente fue contratado como trompetista  por la agrupación del célebre compositor Moisés Simons, que se presentaba en el Hotel Plaza.

 Luego estuvo un tiempo en la orquesta de los Hermanos Palau, una de las agrupaciones más populares de la época, hasta que en 1930 viajó a Nueva York con la orquesta de Justo Aspiazu, que hizo grabaciones muy exitosas para la firma RCA Víctor y realizó una gira por varias ciudades norteamericanas.

 Cueva continuó con la orquesta de Aspiazu con la que actuó en Paris en 1931. Allí lo vio tocar varias veces el escritor Alejo Carpentier, quien escribió entonces: “Julio Cueva, uno de los mejores trompetas que andan por el mundo, ataca notas agudísimas, marcando el ritmo con el cuerpo entero”.

 En la capital francesa la orquesta de Aspiazu participó también en varias películas, entre ellas la titulada Orquídeas Negras, en la que Cueva aparece haciendo un solo de trompeta.

 Cuando concluyó esa gira, que incluyó escenarios de Bélgica y Gran Bretaña, Aspiazu regresó a Nueva York. Varios músicos decidieron permanecer en Europa, entre ellos Julio Cueva, quien en 1932 participó en varias grabaciones con la orquesta del pianista cubano Oscar Calle y luego con su propia agrupación nombrada Orchestre Typique Cubain Julio Cueva.

 Tras una corta estancia en Madrid en 1933 regresó a la capital francesa para trabajar en el cabaret denominado La Cueva, en homenaje a su apellido, con una orquesta cubana del pianista y compositor cubano Eliseo Grenet. Esa agrupación actuó también en Túnez, Trípoli, Lisboa, Beirut y otras ciudades.

 Después retornó a Madrid, donde dirigió las orquestas de los cabarets Casablanca y Satán. En la capital española lo sorprendió el estallido de la Guerra Civil.

 En la defensa de la República Española contra el fascismo participaron casi mil cubanos, que acudieron al llamado de las brigadas internacionales. Aquellos valerosos combatientes procedían de diversas profesiones y oficios, incluidos artistas, escritores y otros intelectuales.

 Entre los internacionalistas de Cuba presentes en aquel conflicto estuvo también Julio Cueva Díaz, quien se incorporó a la contienda el 18 de julio de 1936. Tenía entonces 39 años de edad. De inmediato se unió a las milicias republicanas, luego se incorporó a la Décima Brigada y de allí pasó a la 46 División, donde lo nombraron director de la Banda de Música con el grado de Capitán, función en la que se mantuvo los tres años de la guerra.

Aquella banda fue la que recibió en el cuartel de Alcalá de Henares a los delegados al Segundo Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura.

 Muchas vicisitudes tuvo que afrontar el valeroso músico cubano durante la Guerra Civil, además de la desmovilización, la dolorosa retirada, el paso de la frontera con Francia y los 78 días de maltratos y pésimas condiciones de vida en un campo de concentración.

 Es muy posible que en esas circunstancias el artista nacido en la humildad de su familia recordara muchas veces su ciudad natal y sus inicios y trayectoria en la música.

 Después de la contienda pudo regresar a Cuba procedente de Francia el seis de mayo de 1939. Cuando el barco en que viajaba entraba al puerto de La Habana, el músico trinitario se irguió en la cubierta de la nave y entonó con su trompeta el Himno Nacional cubano y la marcha La Internacional, como muestra de las ideas que había abrazado.

 De vuelta en la patria, su filiación comunista le trajo numerosas dificultades para encontrar trabajo, a pesar de su alta calidad profesional y personal, hasta que pudo asumir la dirección de la orquesta Montecarlo, la que se hizo popular por sus presentaciones radiales en la emisora CMHI, convertida luego en la RHC Cadena Azul.

 Pero poco tiempo después Julio Cueva se reincorporó a la agrupación Hermanos Palau, con la que trabajó durante varios años en el cabaret Sans Soucí y dio a conocer varias de sus composiciones, entre ellas Rascando siempre rascando y Tingo talango, grabadas al año siguiente en Nueva York por Rita Montaner.

 En 1942 fundó su propia orquesta, con la que comenzó a trabajar en la emisora 1010, del Partido Socialista Popular, etapa en la que pudo dedicarle más tiempo a la composición e hizo numerosas grabaciones, para la RCA Víctor, de sus creaciones más recientes, en su mayoría sones montunos y guarachas que se hicieron muy populares, con la voz líder, unas veces,  de Orlando Guerra (Cascarita), y otras,  de Manuel Licea (Puntillita).

 La orquesta de Julio Cueva fue considerada la mejor de Cuba en 1944 y fue una de las primeras en grabar para la firma discográfica cubana Panart en 1947, pero ya el ambiente político en el país se complicaba y tuvo su clímax en el golpe de Estado ejecutado por el dictador Fulgencio Batista en 1952.

 Un año después se disolvió la orquesta de Cueva, quien se retiró parcialmente de la música, aunque realizó algunos trabajos esporádicos.

 Después del triunfo de la Revolución en 1959 compuso algunas piezas alusivas a temas del momento, como las tituladas Unidad, Yanqui, cuenta bien, Y no queremos guerra y La paloma socialista, entre otras.

 Desde 1960 fue empleado en los archivos del Departamento de Recibos del entonces Instituto Cubano de Derechos Musicales e impartía clases de solfeo en la escuela de música Brindis de Salas, en la localidad de Cojímar.

 Seis años después comenzó de profesor en el Centro Popular de Música de Marianao, donde se retiró de la vida laboral poco tiempo después.

 El talentoso y valeroso músico internacionalista vivió modestamente sus últimos años en el anonimato y la humildad de su jubilación. El 30 de diciembre de 1975 falleció en La Habana por un infarto del miocardio, a la edad de 78 años. Desde hace varios años sus restos descansan  en el Panteón de los Caídos por la Defensa, en el cementerio de su natal Trinidad.

 La cultura cubana perdía así a uno de sus grandes artistas, que desde sus inicios infantiles en la música llegó a escalar altos niveles como trompetista, compositor y director de orquesta, dentro y fuera del país, al que representó dignamente en el arte y en la solidaridad combativa entre los pueblos.

Julio Cueva Díaz será siempre un paradigma de músico y combatiente internacionalista.

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