Sancti Spiritus otra vez nadó para quedar en la orilla. Es la Serie 57 un remake de las anteriores, con la decepción que ahora el esfuerzo final y el estrés no llega en los playoff, sino a mitad de campeonato, cuando solo la serie avisa que lo que quedan son 45 juegos muy difíciles por delante, que tienes que complicarte la vida de manera sobrenatural si quieres quedar de cuarto hacia delante, y que si te sitúas del quinto al octavo sudarás, no dormirás, irás y gritarás al estadio, harás de manager, te volverás a estresar, para sólo tener asegurado, si es que triunfas en el variopinto playoff de comodines, otros simples 45 juegos.

En resumen, que la pelota cubana se ha metido a un angosto camino el cual es casi intransitable, que obliga a cada equipo del campeonato a hacer lo indecible para solo obtener esos 45 juegos extras que aseguren que tus peloteros profesionales no se estanquen, no se malogren, no se desentrenen y no se frustren sino los toman como refuerzos.

Un asunto es que haya ganado espectacularidad cada juego de béisbol, y otro bien distinto es que se tiren a la borda el desarrollo de decenas de muchachos que solo pudieron jugar béisbol dos meses y tanto al año, totalmente insuficiente si se aspira a alcanzar una forma deportiva óptima.

Es necesario encontrar el equilibrio entre el espectáculo y la búsqueda de calidad, que es al final esta última intención la que se persigue cuando la serie se reduce a seis equipos de mitad de campeonato hacia delante, sin descontar el ahorro económico que significa para el país.

Pero hablemos de los gallos, que al final es lo que se debe hacer cuando le tomas cariño a la pelota viviendo en esta parte del centro de Cuba y has sufrido durante casi dos décadas los tormentos beisboleros espirituanos.

Los gallos, ciertamente, creo que hicieron el mas agónico esfuerzo por complacerse a si mismos y a su grada, pero cuando te faltan tres cuartas partes del juego de béisbol, tengas las ganas que tengas sencillamente te quedas para tu disfrute personal con ese idilio de ganas.

Así fue porque Sancti Spíritus no poseyó un pitcheo, al menos, normal. No, los gallos, y oigan bien, lanzaron para 5.45 en la primera parte del campeonato. Así, aunque batees con una raqueta de madera y cuentes con los dos campeones de AVE de la serie, no se puede, tajantemente. Lo dice la teoría al respecto.

Un Ismel habría venido bien, porque al final no se clasificó por un juego o dos, la misma diferencia que habria solventado el portento de Trinidad. Sin embargo, lo que se quiere no es lo que se tiene, con las lesiones hay que contar en el deporte, y el resto de los equipos constantemente acusan este y otras problemas, incluyendo el de la fuga instantánea y constante de promesas del line up y de la lomita, y ya no solo hacia tierras fuera de los límites de la isla (por cierto algo que no tocó a Sancti Spíritus hasta solo tres o cuatro temporadas, ni la marcha de peloteros al exterior ni hacia otras provincias, mientras constituía un asunto que desolaba las plantillas de sus vecinos de la serie).

Si deslizo mi opinión con respecto a la definitoria subserie contra Villa Clara, creo encauzarla en la misma retórica que el resto de las opiniones que todo el rato escucho en la calle, en las peñas, en las redes sociales.

Si solo tomamos el pase a los comodines como un asunto de estos tres juegos contra Villa Clara, y obviamos un poco las travesuras de las decenas de juegos anteriores que hicieron acudir a este momento límite, creo que entre una errónea dirección en momentos claves del juego y el paupérrimo bateo con hombres en posición anotadora, por esas letras se piró la subserie.

Del primer asunto, quizás la decisión mas controvertida y recordada: obligar a Mendoza a tocar bola para adelantar corredores, una decisión que sacaba del show al propio Mendoza y luego a Cepeda por boleto intencional, a todas luces los dos mejores bateadores de la serie.

Del segundo tópico sólo coloco el caso mas legendario: las varias oportunidades que sostuvo en su complexión Barroso para colocar varias carreras en el marcador para Sancti Spíritus, incluso en juegos distintos y en momentos de ahora o nunca. También, obviamente, resultó un achaque de la mayor parte de la plantilla, no una tosquedad exclusiva del jardinero.

Ya será, ya nos tocará, ya vendrán otros Cepeda, Erieles, Ismeles o Aragones. Pero esta era una buena oportunidad, estaban los bates encendidos, y nadie sabe la locura de los refuerzos las buenaventuras de pitchers que nos podía reservar. Por cierto, con respecto al primer sobrenatural apellido que mencioné, aquí van sus tridimensionales numeritos de primera parte de campaña. El OBP, axiomáticamente, mostruoso.

No hay comentarios