La Universidad de Sancti Spíritus José Martí vive cada día jornadas de consagración a las clases y al estudio. Con una matrícula de 5780 alumnos y 40 carreras, el centro de altos estudios más grande de la provincia espirituana mantiene como su prioridad los cursos de pregrado y postgrado que cada año desarrolla desde su fundación en 1976, en aquella ocasión como filial universitaria.

Sin embargo, esta casa de altos estudios no solo tiene cupo para la actividad académica, sino que al ser hogar de miles de estudiantes durante una importante época de la juventud, deviene de manera obligada un espacio para el cultivo de la vida, de todo lo que nos hace humanos y nos distingue en la naturaleza.

El arte es una de esas distinciones, quizás la máxima sublime expresión de hasta donde han llegado las capacidades de la especie. Y la Universidad de Sancti Spíritus, ese sitio que está fundado bajo el nombre del más altivo de los cubanos, es, ciertamente, una plataforma del arte en este central territorio cubano.

Nacimiento en los talleres de creación

“Todo comienza cuando entran los jóvenes en primer año. Recorremos las brigadas buscando aptitudes, motivándolos para que se integren al arte aficionado, principalmente en las facetas que más desarrollamos por contar con instructores de esas modalidades: música, teatro, pintura y locución”

Así comenta a la web de Centrovisión Damaris Guerra Pentón, coordinadora del movimiento de artistas aficionados en la casa de altos estudios. “Ciertamente, todas sus aptitudes y capacidades van mejorando poco a poco a través del entrenamiento en los talleres de creación. Son espacios que los hacemos confluir de manera armónica con las clases. Tanto la labor docente como este tipo de actividades extensionistas cuentan con sus horarios dentro del día escolar”.

Por supuesto, el desarrollo del talento artístico en cada uno de los estudiantes a veces consume parte del tiempo libre. Para muchos de ellos, el arte constituye, junto a la carrera, una de sus prioridades para el futuro que tienen concebido. Para Yoel Sorí Rodríguez, alumno de la carrera de Lenguas Extranjeras, la música y la vida no pueden desligarse:

“El movimiento de la universidad me ha desarrollado partes de mi personalidad que no estaban tan aclimatadas como cuando entre acá. Por ejemplo, enfrentarme a un público ha disminuido mi timidez y me ha hecho más seguro de mí mismo”

“De la misma forma, muchos elementos técnicos que no reconocía previamente, ahora gracias a los talleres de creación los tengo en cuenta al minuto de cantar. Definitivamente, aun siendo aficionado, canto mucho mejor que dos años atrás, y ya eso basta para sentirme realizado con respecto a este hobbie que me acompaña desde pequeño”.

A Mairielis Torres Salas le sucede de manera similar. Estudia Lenguas también, carrera que ciertamente parece el nicho preferido por estos jóvenes artistas en la José Martí de Sancti Spíritus. Afirma que a la altura de sus 21 años, entender una historia de vida e interpretar con credibilidad un personaje le apasionan:

“Pertenezco al teatro desde niña. Siempre me ha resultado curioso situarme bajo la piel de distintas personalidades, que al mismo tiempo es asumir las luces y las sombras de ese carácter que debes interpretar”

“Convencer a un auditorio con tus gestos y expresión oral que ya no eres tú misma, sino otra persona la que está parada encima de las tablas, no es un asunto despreciable. Conlleva dedicación y horas enfrente del espejo”, comenta entre sonrisas.

El desarrollo de aptitudes artísticas puede conducir a dos horizontes: convertirse, en base al talento y entrenamiento, en un profesional, o en cambio, como sucede en la mayoría de los casos de estos pupilos universitarios, potenciar su condición humana: aumento de autoestima, desarrollo de la expresión oral, promoción de la cultura general, etc. Dianny Montagne Cuellar, estudiante de Logopedia, deja entrever nuevas interpretaciones sobre la utilidad del arte:

“Existen estudios que demuestran como la promoción de habilidades para el canto disminuyen problemas de niños que sufren dificultades en el habla”

“El canto es óptimo: el aletargamiento de las vocales, la calma y sensibilidad que provoca, provocan junto a otros elementos que en el momento de la interpretación disminuyan los errores en la articulación, lo cual paulatinamente puede ser trasladado a la oralidad común”.

El arte para el movimiento aficionado de la mayor universidad de Sancti Spíritus constituye medio y fin. Ciertamente, puede afirmarse que no constituye una prioridad para estos jóvenes acceder a los escenarios que provee la condición de profesional. Interpretan el arte como un asunto sublime, más allá de vivir de él o ser asociados para siempre con un “papel” o una “canción”. Para ellos, el arte es un trampolín para la vida.

La rutina del arte universitario

Los momentos más importantes de este movimiento resultan los festivales provinciales y nacionales universitarios. Con el listón sumamente alto, la UNISS debe pelear en buena lid con su compañera espirituana de Medicina y luego con los centros de estudios superiores de todo el país. Damaris Guerra confía al respecto:

“Nuestro festival ocurrirá en febrero del próximo año. Posteriormente los clasificados batallan con la Universidad de Ciencias Médicas, para que entonces todo quede listo para el festival Nacional, con fecha de realización siempre en los últimos meses del segundo semestre de cada curso”

“La pugna no es sencilla. El potencial artístico de las universidades es enorme, usualmente te encuentras con voces exóticas, danzas sumamente sensibles o una coreografía espectacular digna de amenizar un video clip o una película. De hecho, no es gratuito que a menudo acudan a las presentaciones algunos agentes en busca de talentos con aptitudes mayores”

De esto este escribidor puede dar fe. Cursados cinco años en la segunda universidad más grande de Cuba, la “Marta Abreu” de Las Villas, afirmo con vehemencia haber presenciado verdaderos espectáculos artísticos, y tras ellos, responsables de esas notas, largos y consecuentes ensayos propios de jóvenes que amaban ciertamente sus pasatiempos.

Los estudiantes de la FEU de la universidad espirituana durante años han transitado por los festivales nacionales con cándida lucidez. Lo avisa sus números en los últimos tiempos: medalla de bronce en 2014 por el desempeño del Coro de Clave, plata en el propio año por el performance de sus artistas plásticos, e igualmente, en esta misma manifestación, oro en 2016 por la presentación de tres de sus pintores, para concluir en la más reciente cita nacional con otra de oro por las obras presentadas en el género de literatura.

“Para mí el momento más altivo que tuve en mi época de universitaria, además del día de defensa de mi tesis, resultó cuando cantamos en la Tribuna Antiimperialista. Gané algunas veces en el festival nacional, pero incluso nada se compara a complacer a miles de habaneros que se reunieron allí para escuchar a unos jóvenes espirituanos”, comenta Amalia Díaz Rey, graduada de la UNISS y poseedora aún de un lugar en el movimiento, ya que este también recibe a egresados que tengan hasta dos años de graduado.

Los talleres de creación continúan. La alegría juvenil que se respira confiesa que muchos jóvenes han encontrado su lugar en el movimiento de artistas aficionados. Es un plus, es ese extra que andaban buscando para complementar sus ingenierías o licenciaturas. Otra vez los centros de estudios superiores apuntalan su papel como regidores del pensamiento. Universidad: “conjunto de todas las cosas creadas” (acepción quinta del Diccionario Ilustrado de la Lengua española Aristos).

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