Otra vez Cepeda me sorprende, aunque obvio que en esta ocasión sin los agradables espasmos de emoción que durante toda su carrera deportiva, desde sus inicios con los gallos en la serie 97-98, ha provocado en todos los fanáticos de Cuba y el mundo.

La ocasión para sentir, por vez innumerable, orgullo por el toletero de Los Olivos II, ha llegado en ocasión de celebrarse la selección de los refuerzos para la etapa semifinal del beisbol cubano.

Resulta que la elección de bateadores estaba prácticamente, por las previsiones y cálculos realizados, marginada hasta tal punto que terminaron los lanzadores imponiéndose a razón de 4-1, cuatro serpentineros por cada hombre de madero en ristre.

En mitad de esta situación nada afortunada para los hombres de tanda, comprensible si se tiene en cuenta la escasés de pitchers de alta calidad en los equipos aún luego de la primera etapa clasificatoria, y la posibilidad de aprovechar varios de los mejores lanzadores de Cuba originarios de la eliminada Artemisa, el más grande bateador cubano del siglo XXI volvió a colocar cada una de las letras de su apellido en el lugar que le corresponde, para así devenir elegido en la segunda vuelta de los refuerzos por decisión del matancero Victor Figueroa.

Y todo esto, en medio de asteriscos y paréntesis que ningún tipo de sabor le hacían al mítico espirituano. Y es que, compilado su rendimiendo sólo en la última etapa clasificatoria, estos recientes 45 juegos, el gallo sólo llevó su average de bateo hasta los 250, para redondear un lapso de tiempo que no resultó nada agradable para el espirituano.

Aun en estas condiciones, en ese bajón quizás momentáneo de su rendimiento al bate, Frederich fue el diamante que los cocodrilos desearon vestir de rojo para enfrentar las semifinales de la pelota nacional en un año que vuelve a pintarse matancero, a espera del desenlace de la serie, nada condecendiente con Matanzas en ediciones anteriores.

No obstante estas semanas un tanto desdichadas para Cepeda no significaron una decaída de su average total del campeonato, que se elevó hasta los 368 de promedio, mediados por una primera parte de torneo en la que sonrió como el primero de esta estadística con la asistencia de un glamuroso 480.

Finalizó la campaña, además, entre los diez primeros en numerosos departamentos ofensivos, sin demeritar su liderazgo en bases por bolas (109) y boletos intencionales (33), que lo catapultaron a contar con un surrealista average de embasado de TANTO, líder nacional de la justa.

Vuelve Cepeda a alegrar a la parcela de la valla en la región central de Cuba. Otra vez le pega fuerte a la bola, desde Pinar del Río hasta Matanzas. Nosotros, acostumbrados a la desilución con un beisbol local que ya no promete como en alguna época lo hiciera, sólo nos queda atender a los héroes de antaño y de siempre en tierras vecinas. Y, por supuesto, honrarnos, durante el minuto que recordemos las postales del 2017, con el primer espirituano de la historia campeón mundial de clubes de beisbol.

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