En la escuela Julio Antonio Mella en Sancti Spíritus existe una mirada que recorre el mismo sitio desde hace treinta años. No imagino que se trate de la comodidad o el salario que percibe, porque esta maestra, en charla íntima, le cuenta a la página web de Centrovisión la historia y el motivo de su vida.

“Desde que comencé a laborar estoy en la Mella –como se le conoce popularmente a una de las más grandes escuelas de la provincia espirituana- y no abandono estas paredes porque ellas son testigos de mi crecimiento profesional y emocional. Además, aquí está mi pasión: los niños”

Todo comenzó en el año 1987, cuando una graduada de Zootecnia, de nombre Orbelinda Alvarez Farfan, arriba muy joven a la primaria espirituana ubicada en pleno corazón de la Avenida de los Mártires.

Allí, como auxiliar pedagógica, recibe las primeras lecciones sobre la difícil profesión de educador. Diez años después comenzaría a formar generaciones de espirituanos.

“Para esto se nace. No hay otra. No se puede ser educador sin el afán y la pasión por enseñar y trasmitir tu cultura y conocimientos. No podemos ser buenos profesores si no somos comunicativos e incluso hasta histriónicos”

“Le digo algo periodista- me toma de la mano una de las maestras estandarte del sistema de escuelas espirituano-, si enseñar es una profesión que vale oro, educar-refiriéndose a la enseñanza en el nivel primario o secundario- conlleva un corazón del ancho de esta isla.

Así habla Orbelinda Alvarez. Comenta que, efectivamente, el educador es un oficio que encierra dentro de sí una gran dosis de paternidad o maternidad. No deriva en sólo enseñar materias o nada más formar valores y actitudes.

La clave de un educador apasionado con su trabajo es observar cómo, continuamente, hace las veces de padre, de apaciguador, de corrector, pero también, al mismo tiempo y con una agilidad y perfección sólo digna de quien ha encaminado a sus propios hijos en la vida, de maestro e instructor de saberes.

Y esa es Orbelinda.

“Los niños me trasmiten la alegría en cada jornada de trabajo. No se puede describir las emociones que guarece un aula de clase, todo el sentido del humor de las primeras edades, el placer de observarlos aprender cada día las materias. No cambio alguna profesión por el bienestar que me otorga el magisterio”

Una historia de vida atada a la enseñanza primaria. Hoy tiene bajo su regazo a un grupo de tercer grado de niños espirituanos, que dicen preferir, entre todas las asignaturas, una verdaderamente especial.

“Nadie duda de lo imprescindible de las matemáticas o el español, pero el colegial, según mi experiencia, en esta edad disfruta El Mundo que Vivimos de manera mucho más cercana. Están viendo ilustraciones, experimentos, salen al exterior a realizar actividades prácticas. Realmente son experiencias que hacen de la materia una asignatura muy íntima para ellos.

Orbelinda Alvarez y la escuela Julio Antonio Mella tienen una historia de amor que no avisa final. Dice que más allá de reconocimientos o distinciones, lo verdaderamente imprescindible es lo que tengan que decir los testigos de su vida.

Para descubrir eso, sólo fue necesario preguntarle a sus niños que sentían cuando la maestra los dejaba ir el viernes hacia la casa.

Como era de esperar, todos me dijeron que el tiempo libre siempre era lo que más deseaban pero, que llegado el domingo, cayendo el sol extrañaban ya, ciertamente, a alguien.

A su madre de ocho de la mañana a cuatro y veinte de la tarde.

No hay comentarios