Pavel Esquerra Díaz juega con las métricas de antaño en busca de un estilo personal. El riesgo le hizo conquistar el premio en el Concurso XXXIX Aniversario de Escambray

Pavel Esquerra murió una vez. Las malas lenguas confundieron su ausencia de los escenarios de Trinidad con la partida definitiva y le adelantaron el descanso eterno cuando, en realidad, estaba en su microcosmos, hilvanando versos, coqueteando con los tropos y las metáforas. Dice que allí, en su universo, jugó a encarnar un hombre desprovisto de todo, sumido en la miseria absoluta, quien decidió darle vida a los objetos a su alrededor para salvarse del abismo.

Nació así Seamos el viento, composición que cautivó a los escritores espirituanos Dalila León y Hermes Entenza “por la fluidez del texto y la sobria manera de conformar un sujeto lírico coherente. Por la claridad de las imágenes y la factura de la obra, conservando la lírica y contribuyendo a la asunción de un texto contemporáneo”. Pavel regresó a la vida no solo como el laureado en el certamen poético de este periódico, sino como un hombre que desborda vitalidad y efervescencia artística, a “quien aún le queda mucho por decir”.

El poema, confiesa, nació como canción. “La guitarra me iba indicando la métrica. Primero fue la estructura, luego la melodía. La música me ayuda a perfeccionar los versos”. Aunque las cuerdas formen parte de su vida desde pequeño, cuando tocaba el instrumento que su hermano Miguel adquirió en los famosos bombos para venderles juguetes a los niños; aunque su camino esté signado por el paso de la extinta Academia Elemental de Artes Plásticas en Trinidad, los Camilitos o la escuela Lázaro Cárdenas, en Santa Clara, de donde egresó como técnico en sistemas automatizados, se considera poeta por encima de todo.
Lo supo en sexto grado, cuando improvisó un poema en plena cola del comedor de la escuela primaria José Mendoza García. Desde entonces, cuenta, no hubo autor cuya obra no devorara. César Vallejo, Federico García Lorca y Walt Whitman, a quien quisiera leer en inglés, se tornaron imprescindibles. Tiempo después llegaron los consejos de autores espirituanos como Rosendi o Juanelo durante los talleres literarios, donde fue reconocido en varias oportunidades.

La palabra “soñó” encabeza casi todas las estrofas de esta obra. ¿Cuáles son tus sueños como escritor?

“No irme de este mundo sin cumplir lo que me toca hacer. Muchos me acusan de ser inquieto, pero todo cuanto dejes para mañana se acumula, desde lo más pequeño hasta lo más grandioso. Posponer las cosas equivale a la inacción, a la incertidumbre de si podrías haberlo hecho o no. También quisiera escribir una obra de teatro en versos”.

Muchos lo recuerdan por El violín quebrado, volumen publicado por Ediciones Luminaria en el 2002. “Es un libro de poemas con historias dentro de los mismos poemas. Lo escribí con la idea de que acompañara a los niños desde la infancia hasta la tumba; algo demasiado pretensioso, pero siempre trato de escribir algo que acompañe al lector por largo tiempo. Cuando he viajado, he encontrado personas que lo llevan consigo”.

Pavel cree en los trazos en el papel, en que la felicidad consiste en acompañarse de los buenos recuerdos y en la reencarnación. Defiende a pie juntillas que en otra vida fue músico, pero en esta se considera un poeta que canta y no teme a los riesgos. Desde El silencio impronunciable, su segunda publicación, empezó lo que él define como “la constante de mi vida: experimentar con las métricas, no atenerme a cánones ya establecidos, que también los cultivo, sino jugar de forma más personal con ellos porque en eso también hay poesía, grandeza, mensajes para transmitir. Seamos el viento es una especie de resultado en ese proceso”.

¿No crees que ese experimento pueda resultar peligroso?

Es arriesgado, pero el solo hecho de que se puedan decir cosas fuera de las métricas comunes me hace emprender el camino. La poesía se refleja donde exista un lenguaje visual, llámese plástica; corporal, llámese teatro; musical, llámese solfeo…es una experimentación.

Actualmente una obra tuya concursa en Cantándole al Sol…

Llevo el tema La niña del limonero. Trata de una historia de amor entre dos seres, entidades. El final se queda un poco abierto, esa entidad (dígase ninfa, diosa…) va hacia un puente, deshojando una flor, dudando si ese ser la ama.

¿Cuál es la palabra que menos te gusta del idioma Español?

Las malas palabras en general. Creo que son una insuficiencia de amor y déficit de esfuerzo por aprender las cosas buenas que nos regala la vida, entre ellas el idioma.

¿Qué responderías si alguien dijera que la poesía está en desuso y es cosa del pasado?

Que está equivocado. El poeta marca pautas, derroteros a través de su obra y siempre va a existir gente que se aventura a llegar al final de esos derroteros en busca de la felicidad. Si la poesía ha significado evolución, revolución, cambio en la vida, en el lenguaje…; si durante siglos ha dicho cosas buenas, malas, lindas, feas; si ha hecho feliz; si ha enamorado; si ha salvado a tanta gente, ¿por qué no habría de hacerlo ahora?

POEMA PREMIADO

Seamos el viento

(canción)

Soñó su huella sobre el mar

Y palabras desvivir,

Solo para encontrar en cada verdad

La certeza

Y el deber

De vivir.

Soñó a un girasol la voz,

Mañanas y atardecer

Que guiasen a encontrar su propio color

Y en la vida

El derecho

A querer.

El llanto nos sobra

Para alzar vuelo

Y quien de no vernos

Nos hace inciertos,

El llanto nos sobra

Seamos el viento

Y propia la esperanza

Para los besos.

Soñó alas a un farol

Y el horizonte abrazar,

Solo para encontrar en cada canción

Luz y gozo

A sus ganas

De soñar.

Soñó pretextos de amor

Que dan orilla al sentir

A quien quiera por siempre saberse flor

Y entre penas

Libertad

Para reír.

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