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Nacida con cardiopatía congénita, una niña guayense puso en vigilia los servicios de la atención primaria, secundaria y terciaria del sistema de salud cubano

Desde el segundo piso de la biplanta mira hacia abajo en busca de movimiento. A sus 14 meses de edad disfruta sostenerse de la puerta del portal para mantener el equilibrio que descubre con más fuerza cada día y, aunque la calle Antonio Maceo resulta bastante silenciosa en las mañanas, quienes transitan por la acera saludan con familiaridad a la dueña de los moñitos rubios por la que meses atrás latió la sensibilidad de los barrios cercanos.

Debajo de la bata rosada, más que una cicatriz, en su pecho se dibuja una huella que le abrió las puertas a una vida cualitativamente superior, especie de mapa virtuoso por el que se llega a comprobar la fibra humana de los cubanos y la profesionalidad de no pocos médicos.

Nacida con una cardiopatía congénita el 21 de noviembre de 2016, Amarilis Susel Brito Correa fue intervenida quirúrgicamente a los seis meses de edad, una historia que vale por su capítulo final tanto como por los que le antecedieron.

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Las pediatras Maribel Martín y Mileidy Tejeda mantuvieron una permanente vigilancia sobre el estado de salud de la niña. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

EL CUARTO EMBARAZO

Después de 27 años laborando en el Consejo Popular de Guayos, localidad que cuenta con más de 14 000 habitantes y perteneciente al municipio de Cabaiguán, Maribel Martín García, especialista de primer grado en Pediatría que forma parte del Grupo Básico de Trabajo del policlínico Ramón Balboa, recuenta que la cuarta gestación de Yoslaidy Correa Aday fue un vendaval de tensiones y, apenas comienza el diálogo, toma en sus manos el móvil para mostrarle al equipo de Escambray las fotos de la celebración del cumpleaños número uno de Amarilis, del que quizás guarde tantas fotos como de su nieta Mari Amanda.

Basta escuchar la exactitud con que la doctora enumera los factores de riesgo de la muchacha de 28 años para comprender que la responsabilidad y preocupación por el bienestar de la criatura que crecía en el vientre de la paciente se posó en sus hombros para no abandonarla ni siquiera hoy.

“Tanto Yoslaidy como su esposo tienen discapacidad intelectual leve; ella es mamá de dos niños más, uno de 10 y otro de cuatro años que sufrió una parálisis cerebral infantil, y contábamos además con el antecedente muy significativo de que su tercera hija murió en el 2013 a causa de una sepsis generalizada del recién nacido”.

Algunas referencias prenatales de la gestante, que también padece de asma bronquial, hicieron peligrar el embarazo: amenaza de aborto a las 26 semanas, infección vaginal, posible conflicto de sangre con el neonato, anemia ligera y bronconeumonía influyeron en la conformación de un pronóstico complejo que auguraba al menos el advenimiento de un bebé bajo peso, “pero no esperábamos una cardiopatía”, reconoce la pediatra.

DIAGNÓSTICO TEMPRANO

Horas después de que el llanto de Amarilis iluminara los pasillos del Hospital Materno Infantil Wifredo Zayas, de Cabaiguán, en el esteto de la pediatra Norma Castro retumbó un soplo que mal acompañaba los latidos corazón de la niña, anomalía que días más tarde hizo eco en las manos y el calor de los servicios de Neonatología en el Hospital General Provincial Camilo Cienfuegos, de Sancti Spíritus.

A la recién nacida se le diagnosticó una comunicación interventricular, es decir, la presencia de un orificio en la pared que separa el ventrículo izquierdo del ventrículo derecho, y que provoca la comunicación entre ambos, rememora el doctor Miguel Pérez Piñero, jefe de la Red Cardiológica en el territorio, galeno con más de cuatro décadas de labor médica, dedicadas la mayor parte a la pediatría, y 33 específicamente a la especialidad de acompasar el órgano vital, y quien también explicó que en la provincia nacen anualmente cerca de una treintena de niños con cardiopatías congénitas, de ellos, alrededor de una decena corresponden a estos defectos septales interventriculares, muy frecuentes en la provincia y el país.

Cuando Amarilis llegó en brazos de su mamá al consultorio médico de su área de salud el primero de diciembre para la captación del recién nacido la doctora Maribel Martín confirmó el sobresalto que auguraba su experiencia: la enfermedad cardiovascular ya provocaba estragos en el estado nutricional de la pequeña, una de las características de esta patología. Nueve días después la especialista la remitía hacia al Hospital Pediátrico Provincial José Martí, ingreso al que le siguieron 10 más, cinco de ellos por bronconeumonía.

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A la recién nacida se le diagnosticó una comunicación interventricular. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

NUTRIRLA PRIMERO, DESPUÉS EL SALÓN

A los tres meses de vida, los pulmones de Amarilis peligraban cada vez más por los fluidos que el corazón era incapaz de bombear, una insuficiencia cardiovascular que la medicación aplicada no solucionó.

Remitida hacia el Cardiocentro Wiliam Soler, el equipo multidisciplinario puso sobre la mesa el caso de la paciente espirituana, y la decisión fue intervenir quirúrgicamente a la pequeña para reparar la malformación; solo hubo un inconveniente: primero debía recuperarse nutricionalmente para resistir el procedimiento invasivo en el quirófano.

A punta de bolígrafo Maricela Chaviano, especialista de primer grado en Pediatría del Hospital Pediátrico Provincial José Martí, le indicó a Yoslaidy la dieta que debía proporcionarle a la niña para lograr una ganancia adecuada de peso. Además de la lactancia materna, se incluyeron otros alimentos ricos en calorías, así como suplementos, porque de su peso y tamaño dependía en gran medida que fuera operada y repercutía en la evolución posquirúrgica, sentenció la doctora.

“La historia de Amarilis demuestra el trabajo en equipo donde hubo total comunicación entre la atención primaria, secundaria y terciaria, nosotros supimos hasta el momento en que estaba entrando en el salón gracias a los médicos del Wiliam Soler, es un logro del sistema de salud cubano, si no hubiera nacido en Cuba, qué posibilidades de supervivencia hubiera tenido la niña. Y si mil veces le dijimos a la mamá que la trajera al consultorio, así lo hizo, ella aprendió a conocer la enfermedad de su niña y cuidarla muchísimo”, enfatizó la pediatra Maribel Martín.

El 24 de mayo de 2017, a los seis meses de edad, amaneció un día definitivo para Amarilis Susel; junto a ella vibraron también los corazones de Marilín, Darinka, Haydée, Juan Carlos, Migdalia y muchos otros vecinos de Yoslaidy, que estuvieron al tanto de la hora de la anestesia y la incisión y la ayudaron en los meses de desasosiego.

“Ella ha cambiado totalmente porque era flaquita, la cardiopatía no la dejaba engordar”; Yoslaidy recuerda el pasado, mientras sostiene a su hija en brazos, que se para como un resorte sobre sus piernas. La niña tiene los labios con carnosidad como de rosa, y le sonríe a los visitantes con los ojos inocentes que el amor salvó de la desventura.

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El 24 de mayo de 2017, a los seis meses de edad, amaneció un día definitivo para Amarilis Susel. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

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