Escrita por Aguinaldo Silva y bajo la dirección general de Wolf Maya, la nueva telenovela que ocupa las noches de martes, jueves y sábado, Fina Estampa, nos deslumbra con un elenco de lujo: Lília Cabral, Christiane Torloni, Dalton Vigh, José Mayer, Suzana Pires, Malvino Salvador, Carlos Machado, Carolina Dieckmann,  Sorrah, Eva Wilma y Angela Vieira por solo mencionar algunos.

El guionista Aguinaldo Silva, conocido por nosotros por la problemática y poco convencional historia de Marconi Ferrazo, en la telenovela Dos Caras, esta vez, ha decidido jugar al seguro, cocinando su historia con atractivos ingredientes que atrapan al público, ¿el más seductor?, otra típica recreación del cuento clásico de Hans Christian Andersen, Patito Feo.

Por un lado, tenemos a la mujer abnegada, madre amantísima, capaz del mayor sacrificio en nombre de sus hijos, que no ha dudado en obviar feminidad y belleza con tal de darle de comer a su prole (el patito feo). Por otro, el monstruo; la ricachona fútil, superficial, llena de manías y prejuicios, que destila glamour por los poros, pero que no posee un sentimiento sano (Christiane Torloni).

En un viraje Griselda (Lilia Cabral, que interpretara a la esposa del Comendador en Imperio) sufrirá la esperada metamorfosis y dejará de ser el patito feo para convertirse en cisne, haciendo realidad todos sus sueños, incluso, conseguirá el amor de su príncipe azul vestido de chef (Dalton Vigh). Solo que, para llegar a la meta final, harán falta un sinfín de intentos fallidos y mucho sufrimiento, y, por último, tendrá que emprender el, también, tortuoso viaje hacia el refinamiento y la felicidad definitiva.

Más allá de la fea convertida en linda, tipo Betty la fea, o de la mujer adinerada llena de prejuicios, la telenovela trata dos temas realmente destacables: la paternidad en tiempos posmodernos y la violencia intrafamiliar, germen en el que se acuna el machismo y el feminicidio.

Una mujer que debe escoger entre seguir su matrimonio y la maternidad; una tía que asume el cuidado de su sobrino huérfano; un padre solo –abandonado por su pareja–, que enfrenta la crianza de su hijo; la mujer que asume en silencio y con resignación la agresión física y verbal de su pareja, van a ser las historias secundarias, encargadas de complementar a la fundamental y que, sin dudas, constituyen un pálido reflejo de la realidad.

Y qué bien que las producciones brasileñas se alejen del molde de los dramas mexicanos o los colombianos de narcotráfico, y traten temas verdaderamente polémicos, aunque sea con mano suave.

La crítica especializada, que además, acogió con bastante benevolencia el producto, le concede el crédito de haber logrado revivir dos elementos de innegable éxito: el humor y el populismo. Humor, seguramente representado en el mayordomo Crô, interpretado con magistral propiedad por Marcelo Serrado.

Sin embargo, afirmó que presentación deja mucho que desear: música inexpresiva e imágenes poco originales que nada tienen que ver con la exuberancia general que domina el folletín. Aunque quizás, estas imágenes mejoren al son de los cambios que sufra la protagonista.

Sin dudas, la productora de telenovelas Rede Globo, esta vez se equiparó de una fórmula, cuyo resultado es innegable; pues casi al seguro esta historia, ambientada en las espléndidas calles de Río de Janeiro, va a ocupar la preferencia del público cubano.

Los lectores que gustan de las novelas de Telemundo, ya tienen un adelanto si vieron Marido en Alquiler, remake del culebrón brasileño, estrenada en 2013.

Por delante quedan unos cuantos meses de Fina Estampa; ya veremos si logra mantener o aumentar los números que ganó Lado a Lado, aunque por lo visto elementos tiene.

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