En el centro histórico de Trinidad, la ciudad museo del Caribe, una institución rescata del olvido los oficios tradicionales sacudidos por aires de modernidad. La Escuela de Restauración Fernando Aguado cumple ya 20 años en la conservación del patrimonio cultural e histórico de la villa situada al sur espirituano.

Especialidades como cerámica, pintura mural, herrería, carpintería y trabajo con yeso, integran el espectro docente de esta escuela, una de las cinco existentes en Cuba. Según su directora, Marianela Herrera Martínez, el centro brinda una preparación integral a los estudiantes. “No solo reciben clases teóricas, sino que lo aprendido se aplica en los talleres equipados con la tecnología requerida. Los alumnos se integran al programa de restauración de varios inmuebles como la hacienda Buena Vista”.

Ya suman más de 300 los graduados desde la fundación del centro. Los aprendices encuentran en la práctica la fórmula para replicar estilos constructivos descuidados con la usanza del tiempo. Uno de los estudiantes, Leosdany Miranda, afirma sin sacar la vista del barro que todo lo ha aprendido allí. La forma en que moldea la arcilla con sus manos delata que le falta oficio, pero le sobran ganas de aprender.

Puertas a la española, balaustres de madera, vasijas tradicionales o techos decorados representan el sello identitario que vende Trinidad al mundo. La Escuela de Oficios preserva la huella que hace irrepetible a la villa, esa que remite a una ciudad en la que no transcurrió el tiempo.

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