La transformación de hombre macho varón masculino a mujer hembra femenina. No se trata de la metamorfosis de Kafka, ni de realidad aumentada, mucho menos una enfermedad mental, se considera arte, y en Cuba busca su espacio.

Los labios gruesos y bien pintados, la peluca colgante sobre la espalda y el maquillaje que oculta toda imperfección. Vida Bohemia es el nombre artístico que escogió para subirse a escena. Su nombre real no le hace honores cuando encarna su personaje. Sixto queda en un rincón fusco de la infancia y ocurre el milagro: el contacto con su público.

Dando traspiés, los transformistas han gestado a un auditorio que los ovaciona y los sigue como a gitanos que cambian de campamento.

Para Verona Jones, transformista espirituana y anfitriona del proyecto Enlaces, aun falta mucho por lograr en materia de diversidad sexual. “Los decisores y funcionarios de Cultura no entienden que esto es más que un show. Estuvimos suspendidos casi tres meses de la programación y no pasó nada, pero aquí estamos de nuevo”.

Algunos confunden la génesis de  proyectos como este con lo ofensivo, sin embargo es un espacio para defender y orientar conductas sexuales protegidas. La comunidad LGBTI también abre sus puertas a los heterosexuales, a esos pocos de pensamiento avanzado que no creen en el verbo tolerar, sino, aceptar.

La diversidad nos hace únicos. Los gustos diferentes, los colores diferentes, los sonidos diferentes, la preferencia sexual solo forma parte de esa naturaleza diversa en la cual los matices dibujan un mundo perfectible. El amor no tiene género, no le pongas etiquetas.

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