Cada 1 de junio el mundo dedica el día a recordar cuanto nos debemos, y le debemos, a la Infancia. Con una crónica muy personal, Cubasí les celebra, desde la mirada de una madre cubana y periodista…

Cada 1 de junio el mundo dedica el día a recordar cuanto nos debemos, y le debemos, a la Infancia. Con una crónica muy personal, Cubasí les celebra, desde la mirada de una madre cubana y periodista, sin otra preocupación mayor que la de amar y ser amada, por su hijo.

En el inicio de los tiempos, entre todas las criaturas mágicas, les fue dado el poder encantar con un gesto, con una mirada apenas. Y dejarnos en el camino rendidos ante su magia es parte del proceso.

Puedes ser amigo, padre o juguete, serás en definitiva lo que ellos quieran que tú seas pero si te entregas en serio bien pronto descubrirás que jamás habías querido pertenecer a otro dueño ni habitar un espacio que no sea junto a ellos.

Te encontrarás a ti mismo rodeado de muñecos, convertido en manta y en frío, en villano y en héroe… todo eso al mismo tiempo. Te volverás un helado y un lápiz y un mamotreto. Tu ropa se llenará de caramelo, tu cara lucirá cansada pero feliz siempre por fuera aunque no lo luzcas tanto por dentro. Querrás convertirte en ejemplo, labrar todos los caminos, encontrar una naranja y sufrir todas sus heridas, hasta las de amor, para que no las sufran ellos.

Con su sinceridad llena de manipulación, conseguirá horas extras de dibujos y muñequitos, resumida en su personita te envolverá una mentira blanca, te devolverá el mejor reflejo de lo que ya nunca serás porque sí, también fuimos como ellos, pero olvidamos el camino a la isla de Nunca Jamás, aquella donde nadie quiere ni está obligado a crecer. O quizás nos volvimos adultos, porque teníamos que serlo por ellos.

Resultan egoístas tiernos que no escatiman en besos, aunque el futuro sea incierto. Porque no guardan para mañana, ni por mucho que les aconsejes hacerlo, ellos son mejores que tú y te alegras de que así sea. Tan llenos de humanidad nos vemos, delante de ellos, tan imperfectos.

No entienden nada de rencores ni de dónde nace el ave si ellos siempre, persuadidos por ti, se comen el huevo.

Resulta casi lo mismo que una ecuación logarítmica y la puedes aprender de memoria hoy, pero si no te gustan, mañana a primera hora se te va a olvidar el concepto.

Mi mejor consejo es que no te olvides de tenerlos cerca, rodéate de niños, como si se tratara de un eficaz tratamiento, porque solo junto a ellos se puede vencer al miedo.

Estudiar, cantar, reír… Luchemos juntos por preservar sus derechos.

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