BARRANQUILLA.— Escribir sobre una victoria es un placer que se consuma en pocos minutos, a veces sin que nos percatemos. Sin embargo, cuando la hoja en blanco nos recibe, lista para lucir las tristes líneas de una derrota inesperada, ahí entonces comienza el suplicio que me tocó vivir empezando la madrugada de este miércoles. Los minutos pasaban uno tras otro y la primera palabra no salía, las manos entrecruzadas soportaban el peso de mi cabeza, mientras pensaba, dos horas después, lo increíble de lo cierto.

Muchos creyeron, entre los que me incluyo, que el conjunto femenino cubano de baloncesto daría un paseo por la Avenida Olaya Herrera —donde se encuentra el Coliseo Elías Chegwin, sede del básquet— durante la final de este deporte en la fiesta centrocaribeña. Pero allí las favoritas sufrieron una terrible encerrona provocada por el equipo local y por su público. Los gritos, desestabilizaron; el color amarillo fue un alud en la instalación. Casi todos estaban con Colombia y sus chicas se creyeron más de la cuenta el momento que vivían.

Al final, un partido de infarto, que para suerte de las anfitrionas, terminó con una hermosa guinda encima de un pastel para el que aún no estaban preparadas. Seamos racionales, este título de Colombia en baloncesto, con pizarra final de 67-65, no se lo esperaron ni sus propias protagonistas. Salvando las distancias, es como si Rusia hubiese ganado su Mundial de futbol y acto seguido el jolgorio estallara.

Para Cuba, el sufrimiento y el pesar se multiplicaron con una derrota de proporciones gigantescas, pues las mujeres de esta disciplina eran la apuesta más segura para la obtención de una corona en deportes colectivos para la Isla y detrás del gran fiasco, está la rotura del onceno eslabón. Como dije en otro momento, nuestras basquetbolistas fueron dueñas y señoras de las diez ediciones en que participaron desde Panamá 1970, pero hace dos días la cadena quedó rota de un tirón.

Si algo quedó claro en toda esta tragedia es que Colombia fue superior a Cuba en el último partido. Como también que las revanchas muchas veces llegan más rápido de lo esperado y lo digo por las cafeteras, vencidas por las nuestras en la fase de grupos por 15 puntos de diferencia. Aunque el director cubano Alberto Zabala me aseguró que Cuba no perdía finales, en el deporte, amigos, hay piedras escondidas en el zapato que impiden continuar la marcha.

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