Como expresara el General de Ejército Raúl Castro Ruz desde la Ciudad Heroica, Fidel convoca a garantizar la independencia y la soberanía de la Patria

Se dice que fueron más de 150 las visitas de Fidel a Santiago, y en cada una de ellas trascendió la hermosa complicidad. Foto del autor
Se dice que fueron más de 150 las visitas de Fidel a Santiago, y en cada una de ellas trascendió la hermosa complicidad. Foto: Eduardo Palomares

SANTIAGO DE CUBA.–Conocedor de que quien tanto había luchado jamás se entregaría al reposo, al despedir el homenaje póstumo dedicado al Comandante en Jefe, el 3 de diciembre del 2016 en esta ciudad, el General de Ejército Raúl Castro Ruz proclamó que el invicto Fidel convocaba a garantizar la independencia y la soberanía de la Patria.

Esa sentencia irradia hoy desde el sendero de los iniciadores de nuestras luchas, en el cementerio patrimonial Santa Ifigenia, donde el eterno líder de la Revolución se halla junto a Carlos Manuel de Céspedes, Mariana Grajales y José Martí.

Con ellos y 30 generales de la guerra de independencia, más de 40 integrantes de la Generación del Centenario, los caídos el 30 de noviembre de 1956, expedicionarios del Granma, y combatientes de la Sierra, del llano y misiones internacionalistas, parece que cada día va a ser, además del de Yara y el de Baire, el del Moncada y el luminoso 1ro. de Enero.

Tejida en diferentes épocas, pero imbricada en la misma raíz, tan rica historia tiene en Fidel el vínculo extraordinario, precisamente en la ciudad que él llamó «el baluarte más firme de la Revolución», a la que estuvieron unidos su corazón y su vida, en donde siempre encontró «¡el espíritu de lucha, la rebeldía, la energía y la fuerza!».

No en vano el 11 de marzo de 1959, durante una concentración en la entonces capital de Oriente, confesó:

«Nací en esta provincia, en esta provincia luché, en esta provincia fui derrotado, en esta provincia volví a la lucha, en esta provincia vencí, en esta provincia vendré a luchar cuantas veces sea necesario. Y si es preciso venir a morir ¡en esta provincia vendré a morir!».

FRENTE PATRIÓTICO

Por eso, para el arquitecto Omar López Rodríguez, la presencia del Comandante en Jefe hoy en Santiago de Cuba está ligada a su manera de concebir la jerarquía histórica de una personalidad como José Martí, en quien vio la autoría intelectual del asalto al cuartel Moncada; y de hecho produce una unidad estratégica e ideológica entre quienes pueden considerarse los dos cubanos más universales.

Fidel, argumenta el Director de la Oficina del Conservador de la Ciudad, ya en prisión en Isla de Pinos por los sucesos del Moncada, declara en lo que se conoce como Manifiesto a la Nación, un anhelo que, cumplido apenas al año y medio del triunfo de la Revolución, aparece a la derecha del Mausoleo del Apóstol, como presencia eterna del pensamiento y la acción de sus hermanos caídos:

«Espero que un día en la patria libre se recorran los campos del indómito Oriente, recogiendo los heroicos huesos de nuestros compañeros, para juntarlos todos en una gran tumba junto al Apóstol, como mártires que son del Centenario, cuyo epitafio sea un pensamiento de Martí: Ningún mártir muere en vano ni ninguna idea se pierde en el ondular y revolverse de los vientos. La alejan o la acercan, pero siempre queda la memoria de haberla visto pasar».

En consecuencia –señala el también premio nacional de Arquitectura– para él, quien fue el guía de esa Generación, o sea, su responsable básico, en las tantas veces que vino a Santiago de Cuba y se paró frente a los restos de Martí, en su conversación íntima y su pensamiento, estaba decidido que su lugar sería allí, al lado del Héroe Nacional.

La llegada de las cenizas de Fidel origina un hecho extraordinario en la historia patria, no solo por unir dos fuerzas telúricas, o porque Fidel convoca y Martí convoca, sino porque coinciden en Santa Ifigenia los tres artífices de la lucha libertadora: Céspedes, que la inicia en 1868; Martí, que le da continuidad en el 95; y Fidel, que la retoma en 1953, hasta la victoria.

Eso, revela Omar López, lo pensamos en aquel momento, y fue como una luz tener aquí a los tres padres fundadores y ver cómo Martí y Fidel requerían a Céspedes al frente patriótico del cementerio. Y hay que decir por qué fue así: cuando se hizo la propuesta, Raúl dijo: «si movemos a Céspedes, hay que mover a Mariana, porque de la madre sale todo, y la Madre de la Patria debe ir al frente siempre con los padres fundadores».

Tal razón, precisa, dio lugar a ese frente patriótico, una vanguardia del Altar de la Patria que constituye el cementerio patrimonial Santa Ifigenia, porque no solo están ellos. Hay valores también incalculables cuando hablamos de Frank País, de José Maceo, Guillermón Moncada, Flor Crombet, y otras tantas figuras extraordinarias.

COMPLICIDAD

El tiempo continuará cimentando ese mutuo amor de glorias y victorias, que quedó sellado entre Fidel y Santiago de Cuba desde la primera vez que el niño llegado de Birán vio su cielo, su mar y sus montañas, en las excursiones por la bahía y el lomerío, que contribuyeron a fomentar su carácter, los rasgos de rebeldía, el humanismo y la solidaridad.

Santiago jamás le fallaría, y por eso el Moncada, el 30 de Noviembre, Frank País con el primero y demás refuerzos del naciente Ejército Rebelde, con la ciudad de rojo y convertida en retaguardia segura de los frentes guerrilleros. Por eso la entrada triunfal de los barbudos y sus tantos comandantes santiagueros.

Se dice que fueron más de 150 las visitas de Fidel a Santiago, y en cada una de ellas trascendió la hermosa complicidad. A todo digno mandatario o amigo extranjero mostraba aquí sus raíces porque, como expresara, «aquí viví buena parte de mi vida, aquí iniciamos la lucha. De aquí partimos, pero jamás lo olvidamos».

Era cumplir la palabra prometida el 30 de julio de 1959, segundo aniversario de la caída de Frank y primero de la de Daniel (René Ramos Latour): «…aquí tenemos que venir todos los años a recordar a los muertos de la Revolución; pero tiene que ser como un examen de la conciencia y la conducta de cada uno de nosotros (…) porque la antorcha moral, la llama de pureza que encendió nuestra Revolución, hay que mantenerla viva…».

Cuando apenas sumarán ahora 20 meses de que su legado se inmortalizara en la roca monumento, fieles a él sobrepasan ya un millón cien mil los cubanos y extranjeros que han acudido al homenaje con la rosa entre las manos, al diálogo íntimo con un brillo especial en los ojos, a dedicarle una carta, un poema o el compromiso personal.

Su simple pero poderoso memorial encierra la fuerza, convicción y coraje que ejemplificó su vida, dijo al visitar el simbólico grano de maíz el presidente de la India, Ram Nath Kovind. Para mí es de mucha emoción estar aquí junto a mi amigo, manifestó el teólogo brasileño Frei Betto, y el luchador independentista puertorriqueño Óscar López Rivera confesó: «Espero que me de la fuerza para seguir luchando hasta el último suspiro».

Ellos, a quienes este año se sumaron el secretario general del Partido Comunista de Vietnam, Nguyen Phu Trong; la primera ministra de Namibia, Saara Kuugongelwa–Amadhila, y el vicepresidente de la Comisión de la Unidad Africana, Kwesi Quartey, entre otros, y los más de 910 000 cubanos y 190 000 extranjeros visitantes, han hecho extensivo el tributo a los demás símbolos en el frente patrimonial.

Sin dudas, como expresara el doctor Eusebio Leal Spengler, al develar el hermoso escenario el 10 de octubre del pasado año: «Esa piedra es la continuidad de la única revolución en la que hemos vivido, la revolución iniciada por Céspedes el 10 de octubre de 1868 y que continúa hoy, bajo la dirección de Raúl».

Así convoca Fidel a todos, y en especial a los santiagueros, quienes además de acogerlo eternamente en sus corazones, mantienen el firme compromiso por el otorgamiento del Título Honorífico de Ciudad Heroica de la República de Cuba, la Orden Antonio Maceo, y aquellas palabras de agradecimiento brotadas de su corazón el 1ro. de enero de 1984:

«¡Santiago de Cuba!: ¡Que siempre sean ejemplo de todos los cubanos, tu heroísmo, tu patriotismo y espíritu revolucionario! ¡Que siempre sea la consigna heroica de nuestro pueblo lo que aquí aprendimos!: Patria o Muerte. ¡Que siempre nos espere lo que aquí conocimos aquel glorioso Primero de Enero!: La Victoria.

¡Gracias, Santiago!».

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