Casi culminan las jornadas de insomnio en Barranquilla, con un miércoles dorado para Cuba, al punto de que nuestra legión llegó a las 82 medallas de oro.

Firmo otro pacto de no agresión con Morfeo, pero esta vez con aires de satisfacción luego de largas horas frente al televisor.

Tackles, paletadas, wazaris, swines y remates captaron mi atención con un magnetismo similar al de otros millones de cubanos amantes de la actividad del músculo.

Al menos en la despedida apareció la contundencia, pero no en la dimensión deseada, pues será imposible alcanzar las 115 coronas, como también en extremo complejo llegar al centenar.

México, campeón de los Juegos Centroamericanos y del Caribe exhibía 121 por lo que recuperará una supremacía regional que en presencia de nuestro país no acariciaba desde hacía casi 50 años.

Los deportes de combate a la vanguardia

Este miércoles las alegrías vinieron de disímiles disciplinas, pero ciertamente los deportes de combate llevaron la voz cantante, a tono con el espíritu de lucha de nuestros atletas y la tradición de esas disciplinas en todos los niveles.

El judo femenino se salvó del hundimiento total gracias a las puntas de lanza de nombre Kaliema Antomarchi (78 kg) e Idalys Ortiz (más de 78), ambas en pleitos en los que tuvieron que exigirse.

Entre los varones, concretaron el dominio y redondearon cuatro metales áureos gracias los títulos de Iván Silva (90) y Andy Granda (más de 100). Los dos se vieron superiores a sus adversarios, cuestión que no pudo patentar en los 100 kg José Armenteros, en definitiva plata. Inconcebible que un subcampeón del orbe de muestras de tamaña inestabilidad.

La lucha continuó carburando en grande. Las discípulas de Filiberto Delgado cerraron la lid de libre a todo tren. Yudaris Sánchez (68kg) y Yacqueline Stornell (62), oro y plata por ese orden, no permitieron libertades y coronaron meses de duro entrenamiento, en tanto Mabelkis Capote (76) las escoltaba con bronce.

Sus homólogos iniciaron la ruta de forma perfecta, amparados en demostraciones a tono con la condición de miembros de la élite Mundial que ostentan Reinieris Andreu (57) y Alejandro Valdés (65). En el caso del capitalino Valdés, bronce en el último certamen del orbe y un gladiador de notable crecimiento tras dos temporadas en la Bundesliga alemana, solucionó todos sus actos por superioridad técnica.

Este jueves los libristas, bajo la égida de Julio Mendieta, podrán concretar la barrida, pies subirán al colchón en otras cuatro divisiones. De conseguirlo, superarían a los exponentes grecorromanos, que vieron escapar el cetro del curtido subcampeón olímpico de Río 2016, Yasmany Lugo (97).

Sobre el cuadrilátero tampoco se cumplirá el pronóstico de barrer en las siete divisiones en las que presentamos cartas de triunfo. Andy Cruz (64 kg) por no presentación de su rival, y Erislandy Savón (91) con unánime veredicto sobre el peligroso anfitrión Deivys Julio Blanco, un adversario con el que ha cruzado puños, e incluso cedido, en varias ocasiones.

La nota discordante la puso Arlen López (75) quien se vio superado en votación dividida por el joven guatemalteco de 20 años, Lester Martínez.

Martínez, fajador nato, no paró de tirar en ningún asalto, y ciertamente tuvo un golpeo más certero, que hizo mella en la anatomía de Arlen. El guantanamero se mostró lento, distante de su condición de as bajo los cinco aros, en otra muestra negativa de inestabilidad.

La esgrima siempre merece una épica en estos Juegos. Ahora LAS Agraciadas fueron las chicas del elenco de florete, superiores a sus adversarias. Reitero que como deporte ha dejado una de las imágenes más gratas, a tenor con la tradición y poderío que desde los albores de la década del 80 del pasado siglo comenzaron a mostrar, fundamentalmente esa misma arma.

La felicidad no pudo ser por partida doble, pues el elenco varonil de espada cedió ante sus homólogos locales, desenlace un tanto inesperado, además de ser por holgado 45-39.

Yorgelis tenía todas las miradas vueltas sobre ella en Barranquila, pero nada de eso afectó su rendimiento y coronación en el heptatlón.

En el triple salto la antillana Liadagmis Povea (14.44) marchaba tercera en prueba donde Catherine Ibargüen jugaba con el tope regional, el cual ya había roto en par de ocasiones con 14.74 y 14.79. En plata marchaba la también cafetera Yosiri Urrutia (14.47).

Temprano en la mañana el canotaje sumaba su cuarto reinado por intermedio del K-1 a 500 metros femenino, mientras tarde en la noche nuestra la dupla de voly de playa femenino de Leyla-Maylén sentenciaba cómodamente 2-0 (21-8, 21-14) a las cafeteras Yuri-Diana.

Antes, in extremis Sergio y Nivaldo conseguían revalidar su cetro de Veracruz 2014, al imponerse 2-1a sus sempiternos contrarios del área, los mexicanos Virgen-Ontiveros. Los parciales de 23-21, 18-21 y 15-13 hablan de la paridad y rivalidad durante todo el encuentro.

El baloncesto masculino continuó con sus fluctuaciones de rendimiento. En el partido semifinal contra los locales llegaron a estar debajo por 23 cartones. El repunte en el cuarto tiempo no les alcanzó y en definitiva vieron trunco su sueño de discutir el cetro, al caer 69-78. Escasez de variantes ofensivas, pobre rotación de balón, inefectividad en los tiros de campo, defensa zonal permisiva, fueron algunos de los argumentos que sustentaron la derrota.

El sueño me vence. Intento resistir para ver la semifinal del voly de sala varonil ante los cafeteros. Me preocupa continuar escribiendo sin tener conocimiento de causa. Los de la Mayor de las Antillas habían ganado el primero 25-20, y fueron víctimas de un acápite del reglamento arbitral cuando tras una violación les anularon los puntos que atesoraban hasta ese instante.

Hoy jueves será la última fecha competitiva en la que nuestra comitiva tendrá real protagonismo. De cualquier manera están ya dibujados los tres primeros puestos del medallero con los cuates, los efectivos antillanos, y los anfitriones.

Habrá que hacer un estudio profundo, incrementar niveles de predicción y pronósticos de cara a futuras competiciones como los Panamericanos de Lima el próximo año. Solo espero no tener que recabar en el ingrato recuerdo de nuestro cuarto lugar en Toronto 2015.

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