Las calles de la Isla se han convertido en pasarelas de las más exquisitas y deslumbrantes modas. Foto: Entre poses/Facebook.

Colores llamativos y estampados extravagantes, combinaciones de prendas poco usuales y zapatos que van desde chancletas hasta tacones de brillo a cualquier hora. Eso es lo que abunda en las calles de la Isla, convertidas en pasarelas de las más exquisitas y deslumbrantes modas.

Cuba es una fusión de las diferentes tendencias de la moda mundial. Las condiciones del clima y el nivel adquisitivo de las personas no impiden que por las barriadas de la capital, por ejemplo, desfilen verdaderos personajes imitando a nuevos artistas de la música u otra personalidad de la farándula.

También, desde hace mucho tiempo, conviven entre los hombres la metrosexualidad y la lumbersexualidad. La primera se caracteriza por una imagen masculina estilizada casi al extremo: la remoción del vello corporal, cejas delineadas, cuerpo tonificado por el ejercicio físico, entre otros aspectos.

Los que se cuentan en la segunda corriente, aparentemente diferentes de los metrosexuales, aunque no tanto, mantienen una estética similar a la de un leñador con gran barba, muy cuidada, por cierto, y añaden tatuajes, botas de cuero y camisas a cuadros.

En el caso de las mujeres, y aunque con tendencias muy variadas, abundan los pantalones cortos que, por la amplia vista que ofrecen, dejan poco espacio a la imaginación; pedazos de blusa que parecen mostrar cada vez mayor cantidad de piel y chancletas cubiertas de pelos coloridos, tal y como si estuvieran en casa, preparadas para irse a dormir.

Daniela Villanueva Laborit, de 16 años, afirma: “Ahora hay mucha furia con los pulóveres que dicen Supreme; son extremadamente caros, pero aquí se usan las copias”. La marca se distingue por crear artículos limitados, lo que eleva el precio de cada edición ante la demanda, aunque en Cuba no todo lo que se vende es producción original.

“No es una moda única, todo el mundo la tiene; cansa la vista verla tanto”, concluye Milagros Godínez, estudiante universitaria, quien también asevera que en el verano usa ropa cómoda y fresca por el calor. “Me gusta usar blusas cortas y pantalones, vestir de rojo, aunque en el verano también prefiero el verde y el amarillo, colores vivos”.

Muchos recomiendan, con las altas temperaturas y la intensa radiación solar, el uso de un tipo de vestimenta específica para los meses de más calor.

Cristian Suárez, dependiente de una cafetería, comenta sus preferencias: “Creo que la ropa fresca y veraniega es la tendencia: prendas de un solo color, claras, no tan oscuras, porque tienden a dar más calor. Si vamos a la playa, hay quienes usan camisa para cubrirse del sol, y así las gorras y los sombreros se ven mucho. Los pulóveres sin tantos carteles y los pantalones cortos, ya que es difícil andar en los largos”.

No hay una corriente de la moda establecida

La moda en las calles cubanas. Foto: Entre Poses/Facebok

Muchos, como Liliana González, de 24 años, creen que en Cuba no hay una corriente de la moda establecida como en otros países: “Cada quien usa lo que le gusta o lo que entiende, muy personalmente, que está de moda. Muchas veces vestimos prendas pues las vemos en artistas o fotos, pero las tendencias traen, en ocasiones, significados simbólicos que no entendemos y así mismo las usamos”.

Camila Pérez concuerda también con este criterio, pues opina que muchas personas usan pulóveres con carteles sin siquiera entender lo que dicen, porque están en otro idioma. “A veces puedes leer hasta malas palabras en lo que la gente viste”.

En los últimos tiempos la entrada de contenidos culturales foráneos y su preminencia sobre lo nacional han facilitado la adopción por grandes grupos de la población de esquemas y formas de comportamiento extrañas a la sociedad cubana, que se reflejan en la forma de vestir.

“Aquí las personas imitan los patrones que ven en las telenovelas y las películas; es decir, siguen a los artistas en este sentido. Por ejemplo, en las telenovelas brasileñas se muestran muy bien, a través de las ropas, las diferentes clases sociales y los cubanos imitamos las modas menos sofisticadas y vulgares en lugar de intentar copiar las más refinadas”, comentó la socióloga Maura Febles Domínguez.

La moda del cubano depende de las prendas que estén disponibles en los espacios comerciales a los que se puede acceder; muchas veces los productos se adquieren en un mercado negro donde no existe, como aclara Febles Domínguez, mucha diversidad.

Explica también que “vivimos en un mundo globalizado, y las tendencias que llegan a la Mayor de las Antillas son siempre imitaciones de las de otros países. Aquí sería preferible utilizar algunos tejidos como el algodón y el hilo. Pero, utilizamos otros, pues, es lo que llega visualmente a nuestra población y al mercado. No existe una cultura en este sentido; usamos cualquier prenda porque nos parece bien y ya está”.

Las tendencias de la moda terminan, acaban y luego viene lo nuevo, lo último que comenzó a ponerse aquel o el otro. ¿Pero el gusto personal, basado en la comodidad o en lo asequible que sea, no debería prevalecer?

Estos reporteros consideran que muchas veces intentamos adecuarnos a lo que otros usan con el objetivo de vernos reflejados en los esquemas que otros trazan y llaman moda. Sin embargo, vestir es una forma de expresión y debe, sobre todo, emitir el mensaje de lo que somos y no de lo que queremos ser o aparentar.

Al final la ropa, como el cuerpo, son envolturas de algo mayor que sobrepasa cualquier pulóver o vestido. Es trillado, muy trillado, pero “lo esencial es invisible a los ojos”. La ropa es un accesorio que debería, ante todo, complacer a la persona, y no presionar o dictar condiciones para que luego sea aceptada en un grupo.

(Tomado de Juventud Rebelde)

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