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El Coro de Clave profesional durante una reciente actuación en la Plaza de la Revolución de Sancti Spíritus. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

El único sobreviviente de este tipo de formato musical en Cuba y en el mundo mantiene, su calidad artística, pero ha perdido escenarios y permanece arrinconado por los oídos desafectos de la posmodernidad

Probablemente, a principios del siglo XX, mientras algunos señores ya escuchaban embelesados aquella canturía seductora, donde los trinos de hombres y mujeres se abrazaban sin igual, no pocas prejuiciosas damas de sociedad montaban sus corrillos de nariz empinada para mancillar las claves y rumbas que subían desde los barrios bajos, camino al parque La Caridad, en los diciembres navideños, cuando montaban allí un campo musical de batalla.

Los coros de clave nacieron como cantos supremos en Sancti Spíritus allá por noviembre de 1899, cuando Juan de la Cruz Echemendía fundó en su carpintería el Club La Yaya —una especie de copia creativa de las agrupaciones similares que había conocido en La Habana—, formador de la flor y nata de la trova espirituana, parte de la cual apadrinaba este tipo de conjunto que florecería en la villa hasta la década del 30 del pasado siglo: Teofilito, Companioni, Varona, Rafael Rodríguez.

El libro La clave y el compás. Historia de una tradición puso una especie de lupa sobre este formato musical que, con sus altas y bajas, se impuso ya por más de un siglo en Sancti Spíritus, único lugar del mundo donde hoy sobrevive. Pero, ¿cómo ha logrado perdurar el Coro de Clave?, ¿cuándo, dónde y quién escucha hoy sus canciones y pasacalles?, ¿por qué muchos consideran que ha perdido escenarios?, ¿cómo amparar esta institución patrimonial arrinconada por los oídos desafectos de la posmodernidad? Escambray propone las notas primarias para un concierto redentor.

¿PRESENTE HIPOTECADO?

En la pequeña sala de su apartamento en Los Olivos, Rosa Rodríguez Bello afina con la persistencia de una veterana maestra los tonos de sus muchachos: “El Coro de Clave juvenil, que ya va a cumplir ocho años, surgió por mi preocupación cuando dirigía el Coro profesional porque vi que muchos compañeros se iban retirando o muriendo y yo decía: va a desaparecer. Entonces organicé este proyecto como una escuela para preparar jóvenes que pudieran en un momento determinado sumarse a la agrupación. Como el Club de Juan de la Cruz Echemendía, hemos tratado que se convierta en un centro cultural donde los integrantes se desdoblan y ejecutan diferentes géneros de la música. Ya pertenecen a la Asociación Hermanos Saíz, hemos tenido mucho trabajo y reconocimiento”.

Pero usted también se mantiene como vocalista en el viejo Coro de Clave, ¿qué momento vive ahora esa agrupación: de esplendor, decadencia, o simplemente subsiste?

“El Coro de Clave está. Tenemos falta de apoyo, hay personas que nos dirigen que no entienden que una agrupación como esta necesita motivación, promoción, un buen vestuario, buenos instrumentos, es necesario invertir para después recoger. Se ha mantenido por los deseos que tienen sus miembros de mantenerla. Ha habido un descuido enorme en los medios de propaganda, de promoción, ha existido también falta de organización a la hora de programarnos, como una vez que nos presentaron en La Boca”.

Actualmente, ¿dónde y cuándo ustedes se presentan?

“No tenemos una programación estable. Solamente tenemos un espacio fijo una vez al mes que es la Peña de la fuente, a veces no se hace y no tenemos otro espacio fijo donde trabajar”.

Y fuera de Sancti Spíritus, como agrupación tradicional única de su tipo en Cuba, ¿en qué plazas actúan?

“En ningún lugar. Fuera para que el Coro estuviera viajando por el mundo, pero para enseñarlo al mundo hay que invertir, ya no somos indígenas, la música la hacemos nosotros, pero se necesita una maquinaria detrás para promocionar, no tenemos un video clip. Ni los espirituanos saben ya lo que es el Coro”.

¿Entonces usted considera que hoy el Coro se encuentra en peligro de desaparecer?

“No es que esté en peligro porque usted vio el Coro de Clave juvenil y hay un Coro de Clave infantil. Está en descuido, este tipo de agrupación tiene que ser favorecida por lo que representa, es un tesoro cultural que nos diferencia del resto del mundo”.

Bien lejos de aquellas décadas de esplendor en la primera mitad del pasado siglo —cuando casi al doblar de cualquier esquina nacían los coros de Santa Lucía, Bayamo, Jesús María, Santa Ana, entre tantos otros—; dejando atrás también los posteriores años de silencio, en 1962 resurgió este formato en Sancti Spíritus de la mano de Teofilito y del investigador Juan Enrique Rodríguez Valle.

Una de las más experimentadas vocalistas de esa institución en Sancti Spíritus, Leticia Ulacias, considera muy favorable el ambiente y el desempeño técnico del Coro en la actualidad; sin embargo, echa de menos los tiempos pasados, cuando participaban con excelente acogida en eventos trascendentales del país como el Festival Pepe Sánchez, la Fiesta del Fuego, las Romerías de Mayo; cuando los mostraban con orgullo a cuanto visitante ponía un pie aquí o actuaban como carta de presentación de la cultura espirituana.

“El Coro puede tener una tendencia a desvalorarse un poco debido al pobre apoyo con que cuenta —asegura—. Nuestras instituciones culturales y hasta las autoridades del territorio no lo han puesto en el lugar que le pertenece. Hoy se ve en muy pocos sitios, ¿por qué? Habrá que preguntar a la gente que programa, a la gente que hace grandes espectáculos y quizás en su mentalidad o en sus gustos no está el Coro. Tenemos solo dos discos, una agrupación como esta que pudiéramos compararla con las grandes agrupaciones folclóricas del país. ¿Por qué no lo sacan de la urna quizás mental en que está y lo ponen más a correr por el país y por el mundo? Esto tiene que partir desde nuestra empresa y ser una política de Cultura en la provincia. Se mantiene por el interés personal de nosotros. Hoy no se promueve, eso es lo que más tenemos en contra, lo que no promueves la tendencia es que vaya al olvido y después desaparezca”.

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El Coro de clave juvenil representa la esperanza de continuidad de este formato musical. (Foto: Cortesía de la agrupación)

¿FUTURO INTERROGATIVO?

Formado en la actualidad por 14 integrantes, donde armonizan jóvenes y experimentados, este formato exclusivísimo enriquece su quehacer con la incorporación de composiciones contemporáneas y la suma de todas las voces en un concierto defensor a ultranza de la identidad. Pero, evidentemente, no bastan la calidad musical y la subvención para preservar la tradición.

La Empresa comercializadora de la música y los espectáculos, en cuyo catálogo de excelencia se inscriben, defiende otros puntos de vista: “El Coro no ha dejado de trabajar, desde hace algún tiempo se presenta regularmente en espectáculos, veladas, va a tener su peña, el primer sábado de cada mes en la Maqueta de la ciudad, se ha mantenido ensayando. Es una institución presupuesta por el Estado, lo que habla a las claras de la importancia que el país le concede. Ha pasado por etapas de más y menos bonanza. Hoy tiene un buen momento desde el punto de vista artístico. No creo que el Coro tenga una crisis ahora,” asegura Carlos Sotolongo, director de esa entidad.

Sin embargo, a pesar de esas virtudes que usted enaltece, todos los entrevistados piensan que el Coro ha perdido escenarios en Sancti Spíritus y en Cuba.

“Efectivamente, el Coro no se presenta en el país, pero aquí, en su escenario natural, se presenta suficientemente, en actividades que tienen que ver con el perfil y con la tradición que porta. Su propia formación, con 14 o 15 integrantes, dificulta que se pueda trasladar hacia otros lugares. En estos momentos nos deben más de un millón de pesos y eso crea una situación bastante complicada, sobre todo de liquidez. Si no nos pagan no tenemos dinero para enfrentar este tipo de promoción. Una proyección nacional del Coro es verdad que no la tenemos. No es una agrupación comercial, no la vendemos, cobran un salario fijo por hacer un número de actividades al mes”.

¿Cuántas veces su empresa debe garantizar las presentaciones del Coro?, ¿esa programación se cumple?

“Seis veces al mes. Eso se cumple y a veces más, entonces se les paga aparte. Si no hacen las seis no les puedo pagar la subvención y eso nunca ha pasado. El Coro tiene que hacer una cuota de actividades y las está cumpliendo, si son muchas o pocas no lo sé, a lo mejor pudieran ser más”.

Si el pago de la subvención es mínimo, si esta música no se consume por los públicos jóvenes, si los medios la difunden poco, si muchos la consideran objeto museable, ¿no estamos condenando al Coro a desaparecer? 

“Lleva más de 100 años así y no ha desaparecido”.

Algunos especialistas, sin embargo, piensan bien diferente. Juan Eduardo Bernal, defensor de las tradiciones espirituanas, apuntó hace unos años que “no es posible asegurar durante mucho tiempo la recepción del Coro si no se prepara a su receptor futuro”.

Por su parte, Juan Enrique Rodríguez Valle, uno de los padres de este formato durante su resurrección, considera que “se puede, o se debe hacer más por esta agrupación”; y la joven Eliene Fonseca, investigadora del patrimonio y una de las autoras del libro La clave y el compás…, apunta que “la trova, la música campesina y el Coro de Clave representan el mayor valor identitario de esta ciudad, creo que el espirituano lo lleva en la sangre y sí le gusta”. Razones más que suficientes para no condenarlo, como “las penas todas” a las que emblemáticamente le canta, “al olvido, caramba, al olvido”.

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