Las campañas de mentiras contra la Revolución cubana, financiadas por el gobierno de Estados Unidos y sus servicios de inteligencia, cumplirán 60 años en 2019. Sin embargo, la vida se encargó de sacar a flote la verdad, esa que los yanquis no pueden desaparecer, aunque les disguste.

Con la apertura del turismo, Cuba es visitada anualmente por millones de ciudadanos de todo el mundo, incluidos de los Estados Unidos, quienes comprueban en el terreno como los engañan mediante la divulgación de Fake News, que publican los medios de prensa al servicio de las políticas subversivas.

represiopn-usa-1Una de las cruzadas más reiteradas es las inventadas “detenciones arbitrarias” que cacarean los asalariados de Estados Unidos, para hacerle creer a los pocos incautos que andan por el mundo, que la Revolución viola los derechos humanos.

Es bien sabido que uno de los actores mejor pagados para esas acciones son la denominadas “Damas” de Blanco, las cuales salieron a la luz en 2006, por las imágenes y declaraciones que lanzó a las redes, una periodista del diario Sun Sentinel acreditada en La Habana. Desde esa fecha las asalariadas iniciaron sus provocaciones por una populosa avenida habanera, que culminaba en la iglesia de Santa Rita de Casia, a pesar de que casi ninguna de ellas era católica, ni fueron bautizadas.

Las provocaciones de esas “damas” y otros grupúsculos similares, son diversas, pero todas calificaban como desordenes públicos, al sentarse en la calle para impedir el tránsito de ómnibus y autos, algo que no es permitido en ninguna ciudad de Estados Unidos o Europa. Eso motivaba su traslado a las estaciones de la policía para levantar actas, como habitualmente ejecutan los órganos policiales de todos los países, pero en el caso cubano lo califican como “detenciones arbitrarias”.

Las órdenes recibidas de los yanquis es formar un show, con el apoyo mediático de algunos periodistas extranjeros que amplificaban la noticia, a partir de instrucción por las que cobran posteriormente.

La organización fabricada y financiada por Estados Unidos, denominada Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH), con sede fuera de la Isla, tiene la encomienda de reportar inventadas detenciones “arbitrarias”, que, si todas se sumaran, Cuba necesitaría casi una de sus provincias para poder acumular tanta cantidad de detenidos, algo fantasioso que no es creíble ni aceptado por quienes tienen un coeficiente normal de inteligencia.

Lo extraño del asunto es que dicho Observatorio, no menciona jamás las detenciones ejecutadas por la policía de los Estados Unidos, a pesar de que golpea brutalmente, usa gas pimienta y bastones para reprimir a quienes se les ocurra realizar una caminata, o protesta pública en su territorio.

El pasado 3 de septiembre 2018, varias personas, mayormente activistas estadounidenses de raza negra, intentaron bloquear la carretera que da acceso al aeropuerto internacional O’Hare de Chicago, en protesta contra la violencia que afecta a los barrios más desfavorecidos de la ciudad.

De ipso facto, que quiere decir en el acto, la policía estatal de Illinois, arremetió contra los pacíficos protestantes, entre ellos el reverendo Gregory Livingston, acusándolos de invadir la autopista interestatal Kennedy.

La protesta tuvo como fundamento la violencia que ejerce la policía contra los ciudadanos residentes en los barrios pobres de Chicago, principalmente de piel negra, brutalidad que ha dejado decenas de muertos, pero los responsables nunca pagan por ellos.

En Cuba no hay un solo “disidente” apaleado por la policía y menos muerto por los golpes recibidos. La presidenta de las llamadas “Damas” de Blanco, viaja libremente a Miami a recibir orientaciones para sus provocaciones, regresa a Cuba cargada de dinero y artículos para su consumo, sin ser apresada.

Si no tuviera plena libertad de actuación, ella no hubiera podido comprarse la residencia de tres niveles que adquirió hace poco tiempo, con el dinero que recibe de la Fundación Nacional Cubano Americana.

La reciente manifestación pacífica efectuada en Chicago, es la tercera que llevan a cabo y ninguna ha sido permitida por la policía yanqui, bajo el argumento de que interrumpen el tránsito en autopistas importantes de la ciudad.

Por esa acción de la policía no existen campañas mediáticas, ni las agencias europeas se hacen eco de las declaraciones de sus participantes, no son acompañadas por diplomáticos occidentales, y el Parlamento Europeo no les otorga premios a sus dirigentes, como si hacen con Cuba.

Así son las maniobras construidas por los especialistas en guerra psicológica de las agencias de inteligencia de Estados Unidos, país que más viola los derechos humanos en el mundo.

En Cuba los desórdenes públicos constituyen un delito recogido en el Código Penal, artículo 200-1, sancionado a privación de libertad de tres meses a un año, o multa de cien a trescientas cuotas o ambas, algo que raras veces se aplica a los asalariados de los yanquis.

No puede haber impunidad para los contrarrevolucionarios orientados y pagados desde Miami, de ahí que resulte tan importante recordar a José Martí cuando expresó:

“Hay que llevar mano firme al mal hondo”.

El Heraldo Cubano

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