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La 17 Muestra Joven del Icaic 2018 se celebró y permitió la exhibición de más de 60 realizaciones en importantes cines de La Habana. (Foto: Joyme Cuan)

La omisión y el silencio  no debieran ser nunca elección para asumir cualquier asunto de la vida cultural del país por muy peliagudo que parezca

No solo vivimos un creciente impacto de la obra de nuestros artistas dentro y fuera de Cuba, también asistimos a un momento de inflexión que incluye desde un nuevo Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros hasta una Reforma Constitucional que involucra a toda la sociedad.

POLÉMICAS

Sobre las polémicas que han revuelto el panal de algunos sectores de la creación artística nacional, llama la atención la que surge alrededor de la 17 Muestra Joven del Icaic 2018, que a la par trae a la palestra pública las llevadas y traídas Palabras del cardumen. Declaración de jóvenes cineastas cubanos, demandas publicadas en redes sociales, “un hábitat menos censurado en el que se han naturalizado los más recientes debates sobre el cine cubano, los creadores y la política cultural de las instituciones cubanas que la gestan y la practican”, según OnCuba, lo cual obvia de golpe espacios, revistas, periódicos, blogs, páginas y grupos en esas mismas redes que mantienen hace años el cuestionamiento de esos y otros asuntos medulares de la cultura nacional. La censura aparece como detonante. Y como fue en las redes sociales el mencionado “manifiesto”, legítimamente fueron respondidas en el mismo escenario y más: en los medios digitales e impresos del país.

Del otro lado —y quizá un poco más sosegada—, estuvo la polémica que trajo la posposición de la XIII Bienal de La Habana para el año 2019, como consecuencia del impacto del huracán Irma y la consecuente Declaración de la Presidencia de la Uneac y la Dirección de la Asociación Hermanos Saíz. La censura oficial, y no la realidad de un país que acaba de atravesar un suceso traumático para varios cientos de miles de sus habitantes, es otra vez el eslabón de enlace, la suspicacia, el grano de arroz dejado caer casi al descuido. Si no hay Bienal, organizamos la nuestra para “demostrar la posibilidad de hacer arte y convocar artistas al margen de las instituciones culturales del Estado cubano”.

Pero, ¿se pueden ver estos sucesos o demandas como hechos aislados? ¿Casualidad? ¿Rebeldía juvenil? ¿Derecho asistido? Evidentemente, nada sucede porque sí. La 17 Muestra Joven del Icaic 2018 se celebró y permitió la exhibición de más de 60 realizaciones durante cuatro días en importantes cines de La Habana. Lo que sí no pudieron exhibir fue el largometraje Quiero hacer una película, como obra en proceso. Razones de peso llevaron a la negativa del Icaic, de acuerdo con una publicación de Cubadebate: “En el filme, un personaje se expresa de forma inaceptable sobre José Martí. No es algo que pueda admitirse simplemente como expresión de la libertad de creación”. Medio país quedó enmudecido con el diálogo ofensivo alrededor de la figura del Apóstol.

La Bienal de La Habana, por su parte, sigue su camino hacia el 2019 y la Bienal 00 pasó sin penas ni glorias, con una discretísima cobertura de la prensa alternativa que tanto la ponderó.

SILENCIOS

A no ser en los medios establecidos e institucionales, el silencio, la omisión, el no existir para un determinado sector de la intelectualidad y los artistas cubanos de lo que ocurre en la cultura nacional, incluso más allá de nuestras fronteras, parece entronizarse por momentos. Muchos sucesos tienen una cobertura cuasi nula.

Pero no está ahí el peor de los silencios. Artistas, intelectuales, figuras de ascendencia pública callan en medio de las polémicas o discusiones. Enmudecen cuando deben aportar, cierran la boca en momentos de dolor o alegría revolucionaria. Un recorrido por sus perfiles en las redes sociales como Facebook, Twitter o Instagram es suficiente para ver cuánto meme, gift, fotos de comidas y celebraciones o imágenes de nostalgias por tiempos pasados son el epicentro de sus publicaciones.

Y no es un reproche, cada quien tiene la libertad de expresarse libremente en esos sitios-comunidad. El detalle está en que los que callan apuestan al silencio o ponen su mirada en el pasado o en otro lado, tienen acceso a la Internet y las redes por el presupuesto que el Ministerio de Cultura eroga mes tras mes y el Estado subvenciona a su favor. Se trata de ser consecuentes, objetivos y responsables, aunque critiquen, cuestionen, digan lo que está mal, porque eso es genético en los artistas y ser complacientes no es una opción para ningún intelectual que viva, trabaje y se promueva en la Revolución.

CONTINUIDAD

Entre los sucesos de los últimos tiempos en el mundo cultural está el establecimiento de una línea programática de trabajo del Ministerio de Cultura que involucra a toda la sociedad. Son prioridades debatidas en todos los espacios del sector. Precisamente la continuidad que nos corresponde defender está allí y no en dos o tres lineamientos o artículos constitucionales, es más abarcadora: identidad, nación, libertad, democracia participativa, creación, formación académica, unidad, aceptación de nuestras diferencias estéticas, promoción, comercialización… En ningún caso se pretende dar espacio a lo fatuo, la mediocridad y el irrespeto.

La continuidad entraña, además, que se abran más y mejores espacios al diálogo con los creadores, dejarnos de tertulias sosas donde se ven muchas manchas y se proponen pocas soluciones, que la negatividad de algunos tenga una contraparte fuerte y vital, que las discordancias no sean vistas como sesgos de debilidad revolucionaria, que las instituciones sean fuertes y justas, que los que tienen la responsabilidad de conducir los procesos culturales lo hagan con honestidad y convencimiento, se respeten las jerarquías, se potencien proyectos que beneficien colectivos y no individuos, que se tenga conciencia de lo que cuesta cada paso que damos, cada violín que se adquiere para una escuela, cada lápiz que se destina a la enseñanza de las artes plásticas.

La vara está alta, es cierto, pero en cuestiones de arte y nación no hay concesiones. Ese es un principio que atraviesa, cual fino hilo, toda la vida cubana. Intentar romperlo es un disparate de soñadores trasnochados. Las polémicas seguirán ayudando a crecer y afincarse más a las raíces de esa ceiba hermosa que es Cuba. Los silencios serán borrados por el viento. Las palabras de los que esperan seguir trabajando en armonía con los cubanos decentes y honestos continuarán defendiendo apasionadamente su mejor arma: la cultura.

(Publicado originalmente en La Jiribilla)

FuenteEscambray
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Periódico de Sancti Spíritus.

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