De manera casi mágica llegan en ocasiones los productos a manos de los revendedores. Una problemática que afecta a la familia.

Para controlar a quienes ya se han llegado a convertir en figura pública deben tomar carta sobre la mesa las autoridades competentes quienes han de velar porque esta actividad no suceda. Hacer sentir el poder de la ley en aquellos que pretenden vivir del trabajo fácil. Ofreciendo generosamente los productos al doble de su precio original.

Aunque la solución de estos problemas estaría en mantener la oferta, situación con la que hoy no cuenta el país. Se deben implementar alternativas de control de los productos existente para que lleguen a la mayor cantidad posible de familias espirituanas.

Lograr que esta actividad ya tan cotidiana desaparezca dependerá por ahora del control de los inspectores estatales, del despertar de la conciencia de  los dependientes y de la valentía del pueblo para denunciar lo mal echo. Y entonces no quede todo para vivir del cuento.

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