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Según estadísticas, en la ciudad del Yayabo el Museo de Arte Colonial es el más visitado. (Foto: Lisandra Gómez/ Escambray)

A pesar de que se realizan numerosos esfuerzos para que la población los visite, esas instituciones en Sancti Spíritus exhiben otra realidad

Lisbety Castillo tiene 16 años y asegura que nunca ha visitado el Museo de Arte Colonial de Sancti Spíritus. Conoce que existe porque ha pasado por su acera en varias ocasiones, pero el tiempo se le “ha hecho corto” para atravesar el umbral.

“Nunca he tenido necesidad de ir a esos lugares. En la escuela no nos hablaron de ellos y las tareas las buscaba en la computadora. Quizá, un día me interese y llegue a alguno”, expresa la joven yayabera.

Como esa respuesta, otras muchas se encuentran cuando se pregunta: ¿Has recorrido alguno de nuestros museos?, ¿qué conoces de sus colecciones?, ¿por qué no has ido?…

Otras justificaciones transitan entre “Fui al Museo Provincial General a hacer una tarea”; “Para El mundo en que vivimos debí buscar información en el de Historia Natural”, y las menos frecuentes: “Me encantó conocer sobre la colección de abanicos que se exhibe en el de Arte Colonial”; “El Té cultural del Museo Provincial promueve temas de interés” y “La Casa Natal Mayor General Serafín Sánchez resguarda documentos de gran valor sobre el héroe espirituano”.

Penosa realidad que hoy no solo se ha acomodado en Sancti Spíritus, sino que trasciende nuestras fronteras provinciales. En busca de comprender el fenómeno, Escambray toca las puertas de tres experimentados especialistas del territorio, testigos fieles de lo que sucede en ese tipo de institución.

AL INTERIOR

A Marta Cuéllar, con tres décadas como especialista en el Museo de Arte Colonial de Sancti Spíritus, le duele que hoy el empirismo y la falta de identidad sean los que ofrezcan, muchas veces, la bienvenida a quienes se adentran en esos inmuebles en busca de información.

“Eso provoca que no se le dé la vida que lleva todo objeto. Lamentablemente, no contamos con una escuela de Museología. Hay que ir al Instituto Superior de Arte a estudiar alguna especialidad afín o a la Universidad de La Habana a cursar Historia del Arte, y cuando eso pasa no siempre se quiere regresar para un museo, sobre todo, porque los salarios son muy bajos. Eso trae también consigo la constante fluctuación de personal”, opina quien dice ser maga para poder seducir y enamorar a todo su colectivo, uno de los más estables en el sector cultural.

Igual situación tiene el resto de los museos de la ciudad del Yayabo, de acuerdo con Martha Barbarita Esquijarosa Escobar, máximo timonel en el Provincial General, que además con anterioridad mantuvo durante 18 años las riendas de la Casa Natal Mayor General Serafín Sánchez Valdivia.

“Ahora mismo me falta por completar cuatro plazas. Ya ni tan siquiera podemos aspirar a que sea un personal formado en la especialidad de Historia, pues existen muy bajas graduaciones y en otros sectores encuentran mejor remuneración”, considera.

Para Abel Hernández Muñoz, al frente del Museo de Historia Natural, desde los primeros años de la década de los 90 esa realidad hoy afecta uno de los grandes atractivos de su centro laboral.

“El Planetario, único sobreviviente entre los siete museos de este tipo que existen en Cuba gracias al ingenio de nuestros innovadores, no funciona porque no he encontrado a nadie que le interese aprender a manipularlo”, afirma.

IMAGEN, CONFORT, SALUD

El estado constructivo y de las colecciones pudiera ser otra de las razones por la que los 17 museos y 12 extensiones de Sancti Spíritus se mantengan gran parte del tiempo desolados.

Ejemplo de ello es el Museo Romántico de Trinidad, el cual reabrió en el 2014, tras una exhaustiva reparación y desde hace dos años volvió a cerrar porque amagó con irse abajo. Al parecer, próximamente tendrá la vitalidad similar de cuando se erigió como el primero inaugurado en la tercera villa de Cuba en 1973.

“Las Direcciones Municipales de Cultura son las encargadas de planificar en sus presupuestos las sumas de dinero necesarias para afrontar las reconstrucciones que, en su mayoría, resultan muy costosas porque son inmuebles muy antiguos, mientras que el Centro Provincial de Patrimonio asume los costos en divisa. Hoy se interviene de forma capital, además, en el Museo Municipal de Fomento. En tanto, la Casa-Museo de Arroyo Blanco espera por el diálogo entre el Gobierno y Cultura de Jatibonico. Esperemos que no se caiga su techo”, explica  Esquijarosa Escobar.

De una forma u otra, todos los museos de la ciudad del Yayabo padecen algún mal. La Sala de Arqueología del Provincial General, donde se resguardan los hallazgos del parque Serafín Sánchez Valdivia, está cerrada desde hace dos años por peligro de derrumbe; muchas son las goteras que tiene el Museo de Historia Natural, donde, además, se aspira un día construir un almacén para que la mayoría de sus piezas no tengan que estar de forma perenne en sus salas.

Pero el colmo de ese rosario de calamidades lo exhibe la Casa Natal del Paladín de las Tres Guerras, la cual fue intervenida, recientemente, por una brigada de constructores. Tras desnudar sus ladrillos se percataron de que no existía el presupuesto para respaldar las acciones. Desde entonces, se mantiene clausurada.

“Referido a la conservación de las colecciones, en el de Historia Natural no contamos con los productos necesarios, por ejemplo, el alcohol para limpiar las pieles. Increíblemente, en los años más complejos del periodo especial sí nos asignaban ese producto. Los soportes no son los mejores y la mayoría de los objetos no tienen cubierta de vidrio, por lo que se han generado hechos de vandalismo”, acota Hernández Muñoz.

La antigüedad de muchas de las piezas en una villa de cinco siglos de vida desvela a museólogos y especialistas. “La imagen que identifica al Espíritu Santo, símbolo identitario de esta urbe, precisa de una conservación y tenemos que dársela porque,  lamentablemente, está en constante relación con el medio ya que no hemos logrado colocarlo dentro de una vitrina”, dice Martha Barbarita Esquijarosa Escobar.

PARAÍSOS DE CONOCIMIENTO

Al continuar su indagación, esa espirituana frunce el ceño tras reconocer que en los últimos días el mayor número de visitantes ha sido de padres en busca de datos para hacer la tarea de Historia de sus hijos.

“Ya eso se hace común por esta fecha. Nos duele que no sean los alumnos quienes nos pregunten y podamos explicarles en un recorrido”, apunta Marta Cuéllar.

“La Historia es muy factible si el maestro se dedica a impartirla en vivo. Aunque en papeles está, la realidad es que la escuela no nos visita por causas objetivas como que no tienen cubierto el claustro de profesores y auxiliares para garantizar el traslado seguro hasta aquí, y subjetivas porque no se nos da importancia. Creo que Educación y Cultura deben engranar mucho más sus vínculos”, opina la especialista.

Afortunadamente, ninguno de nuestros museos se ha quedado en la inmovilidad que pudiera reflejar su objeto social. Todos salen fuera de sus perímetros para realizar extensiones en centros educacionales, de la salud y penitenciarios, comunidades cercanas, y son sedes de concursos y peñas.

Asumir las salas museográficas como espacios ideales para redescubrirnos resulta vital en tiempos en que la contaminación de información ajena a nuestra identidad resulta imparable. Cuidarlos, valorarlos y respetarlos precisan convertirse en palabras de orden.

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Periódico de Sancti Spíritus.

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