Con una inagotable capacidad de trabajo para enfrentar la escasez de recursos y los embates de la naturaleza, los socios de la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Ramón Balboa aspiran a cumplir sus principales compromisos productivos al término del 2018, año en que la entidad recibió la Bandera de Honor Niceto Pérez, por sus resultados integrales y sostenidos.
Ubicada en la zona de Guayos, en el municipio espirituano de Cabaiguán, la CCS Ramón Balboa posee suelos idóneos para la agricultura. Reinaldo Rodríguez, el presidente de la cooperativa, admite esa ventaja, pero considera que el éxito se debe a la diversificación de las producciones y al estrecho vínculo entre la directiva de la cooperativa y sus productores.

“La historia nos ha demostrado que los resultados siempre son buenos cuando trabajamos fuertecon la base, cuando hacemos una contratación correcta en el surco, cuando diariamente damos seguimiento a los problemas de los campesinos y les exigimos por el cumplimiento de los planes de siembra y de producción”, asevera Rodríguez.

A pesar de las afectaciones ocasionadas por el huracán Irma y las intensas lluvias de mayo, la CCS Ramón Balboa puede repetir este año lo que otras veces ha conseguido y muchas cooperativas sueñan: aportar al año 100 000 quintales de productos agrícolas y más de 300 toneladas de carne de cerdo.

Sus productores, cuyo cultivo fundamental es el tabaco, también obtienen altos rendimientos agrícolas y han elevado progresivamente la producción de capa para la producción de habanos, aplicando los avances de la ciencia y la técnica.
“Para el tabaco tapado hoy tenemos posibilidades como nunca antes, pues disponemos de una casa para la producción de posturas, un sistema moderno que viabiliza que los campesinos tengan asegurada la simiente y siembren con mayor rapidez”, afirma Yusmani Paz, quien aspira a contar con más casas de posturas.

Cuando se fundó en 1961, la CCS Ramón Balboa tenía 154 ha. Hoy posee más de 1 600 ha, y lo más importante: no le faltan hombres y mujeres resueltos a seguir extrayéndole frutos a la tierra.

“Nosotros tenemos muchos jóvenes asociados a la cooperativa que son hijos de campesinos y otros que trabajan contratados en las fincas, y a esos jóvenes les impartimos talleres y los llevamos a los lugares donde se alcanzan los mejores resultados para que adquieran conocimientos”, refiere Magaly Utrera, una de las mujeres afiliadas a la CCS.

Según Magaly, la Ramón Balboa también tiene a su favor una mayor incorporación de la mujer a las labores agrícolas, entre ellas la recogida de tomate y café, el trabajo en casas de posturas y el ensarte de las hojas de tabaco recolectadas para la elaboración de puros exportables.

La cooperativa vende sus producciones a la Empresa de Acopio, directamente a la población y a varias empresas que comercializan alimentos.Pero su responsabilidad social tiene una visión más amplia.
“Por ejemplo, el día de los niños hacemos variadas actividades en nuestras comunidades, también ayudamos al mantenimiento de los consultorios del médico de la familia y atendemos a los hogares de embarazadas y a los de niños sin amparo filial”, explica Reinaldo Rodríguez, quien se ha mantenido durante más de dos décadas como presidente de la cooperativa.

La CCS Ramón Balboa no es perfecta. Sus campesinos aspiran a elevar los rendimientos, añoran mejores equipos de mecanización y necesitan mini-industrias para aprovechar al máximo sus producciones. Eso sí, mantienen una férrea voluntad de mejoramiento, que les ha permitido ubicarse entre las mejores cooperativas agropecuarias de Cuba.

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