Naciones Unidas, 2 nov (PL) Pocas veces la comunidad internacional coincide de forma tan mayoritaria en la Asamblea General de la ONU como ocurre en la votación de la resolución que pide el fin del bloqueo de Estados Unidos contra Cuba.

La víspera, 189 países miembros de Naciones Unidas volvieron a unirse para apoyar ese reclamo: terminar el cerco económico, comercial y financiero que desde hace más de 55 años impone Washington a la isla caribeña.

Solo Estados Unidos e Israel se mantuvieron a favor de esa política que busca provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del Gobierno, según han explicado ellos mismos.

Pero este año, Estados Unidos ejerció mayores presiones en la organización multilateral y presentó ocho proyectos de enmiendas, acción que muchos calificaron como una forma de obstaculizar la votación que durante 26 años ha favorecido a Cuba.

Según denunció el canciller cubano, en el plenario de la Asamblea General pudo verse a delegados de la misión estadounidense y del Departamento de Estado norteamericano ejerciendo presiones directas y, en algunos casos, casi públicas.

Lo hacían no solo con representantes de Estados miembros de Naciones Unidas, sino también con funcionarios de la secretaría de la ONU, precisó el ministro de Relaciones Exteriores.

En esta ocasión ante las trabas impuestas por la representación norteamericana, el análisis del proyecto de resolución ‘Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba’, ocupó dos sesiones: el 31 de octubre y el 1 de noviembre.

Más de 30 países intervinieron en el debate previo para expresar su apoyo a Cuba y su rechazo al bloqueo, y ninguno hizo cuestionamientos en materia de derechos humanos o emplazó a la isla en lo referido a Objetivos de Desarrollo Sostenible, como promovían las enmiendas del Gobierno estadounidense.

Lo que primero se presentó como un proyecto de enmiendas con ocho párrafos, se convirtió luego en ocho enmiendas diferentes y cada una de ellas debió ser sometida a votación de forma separada.

Ninguna se aprobó porque no recibieron la cantidad de votos necesarios.

Por el contrario, diplomáticos de varias latitudes y organizaciones regionales señalaron al bloqueo como un obstáculo para el pleno desarrollo de Cuba y una violación de los derechos humanos de todo un pueblo, además de entorpecer las relaciones del país caribeño con el resto del mundo.

El Gobierno de Estados Unidos manipula y politiza vulgarmente el deseo universal de garantizar los derechos humanos a todas las personas y también los Objetivos de Desarrollo Sostenible para cuestionar a mi país y minar el apoyo de la comunidad internacional, alertó el canciller cubano.

Bucan un pretexto para recrudecer el bloqueo y mantener su política de hostilidad y agresión, de guerra económica contra el pueblo cubano.

Por su parte, la representación norteña mantuvo su defensa del bloqueo y rechazó la resolución contra esa política, a pesar de la oposición casi unánime de la comunidad internacional al cerco.

La representante permanente de Estados Unidos ante la ONU, Nikki Haley, volvió a apelar a los derechos humanos y a una supuesta solidaridad con el pueblo cubano para justificar una política condenada desde hace 26 años por la comunidad internacional de forma casi unánime en la Asamblea General.

A juicio de la embajadora estadounidense, casi todo el orbe es el que está errado al dar su apoyo a Cuba, por lo cual interpretó lo acontecido la víspera como ‘una derrota para Naciones Unidas’.

Justo el mismo día en que los países del mundo expresaban su rechazo al bloqueo de Estados Unidos contra Cuba y a las restricciones que ese mecanismo impone, la administración norteamericana anunció un recrudecimiento de las sanciones contra la Mayor de las Antillas.

No hay comentarios

Dejar respuesta