Desde la última década del siglo XIX Sancti Spiritus cuenta con una manifestación y agrupación musical única en el país: los coros de clave. Se trata de una simbiosis entre voces e instrumentos de origen español y africano.
Esta peculiar modalidad musical nació en junio de 1894, cuando el carpintero y músico espirituano Juan de la Cruz Echemendía fundó el club o sociedad La Yaya, para agrupar a personas que interpretaran boleros, canciones, rumbitas, claves espirituanas y sones yayaberos, con el objetivo de amenizar comparsas y fiestas populares.
El taller del carpintero-ebanista de inquietudes artísticas fue la sede de aquella colectividad musical, en la entonces calle San Justo, esquina a Silva, en la barriada de Bayamo. Aquel club y el primogénito Coro de Clave que generó fue legalizado años después, el 2 de noviembre de 1899, ante las autoridades de la ciudad en aquella época.
Este fue el comienzo de la historia de una manifestación musical que tuvo sus antecedentes en los coros de clave y tandas de guaracheros que conoció Juan de la Cruz Echemendía durante su estancia de más de diez años en La Habana, a donde fue enviado a dominar el oficio de carpintero ebanista.
Así lo hizo, pero también aprendió a ejecutar la guitarra e integró aquellas agrupaciones musicales de raíz popular. Esas experiencias las enriqueció después con una concepción espirituana, desde que regresó a su natal Sancti Spiritus en 1890 e instaló un taller para fabricar sarcófagos, difícil misión artesanal que conciliaba con sus inquietudes musicales y la apacible virtud de componer canciones.
El precursor Juan de la Cruz Echemendía concibió el coro de clave a partir de los coros españoles y africanos que existían en la ciudad y aplicó la organización técnica de las agrupaciones que él había integrado en La Habana.
A esto sumó el conocimiento de los instrumentos de cuerda de origen hispano y la utilización de tambores de procedencia africana, a la vez que reforzó el acompañamiento rítmico con las claves, las maracas y la botija, pieza hueca y redonda de barro antecesora del contrabajo.
La creación de un coro de rumbas espirituanas, primero, y de clave y rumba posteriormente, convirtieron a Juan de la Cruz Echemendía en el precursor de esa forma musical en Sancti Spiritus, con características propias y definidas como género y como agrupación. A esta manifestación artística de raíz popular se sumaron con pasión los más notables padres de la música trovadoresca espirituana, que fundaron coros de clave y compusieron especialmente para ellos, en una peculiar simbiosis musical.
Porque aquel primero denominado La Yaya se multiplicó luego en otros como el de la barriada de Jesús María, dirigido por Rafael Gómez Mayea (Teofilito), y el de Santa Ana, al mando de Miguel Companioni y Alfredo Varona. Tres grandes de la trova espirituana y cubana, que componían especialmente para sus agrupaciones de profunda raíz popular.
Después del fallecimiento de Juan de la Cruz Echemendía en 1935, fue bajando la notoriedad de los coros de clave, aunque no dejaron de existir. Esa situación se mantuvo durante varias décadas hasta que en 1961 se reagrupa el de Jesús María, dirigido por Rafael Gómez Mayea (Teofilito).
Con el liderazgo y el talento musical del insigne trovador se reanimó el Coro de Clave que quedaba en esa época, lo que propició que se mantuviera y enriqueciera está tradición musical de la cultura espirituana..
Varias generaciones de músicos han pasado por este tipo de agrupación, que fue elevando su nivel profesional con el tiempo, nutrida por músicos con formación académica en las escuelas del sistema de la enseñanza artística propiciado por la Revolución.
El actual Coro de Clave de Sancti Spiritus está asegurado estatalmente por su condición patrimonial y mantiene la concepción original de esta modalidad de la música popular espirituana y resguarda su nutrido repertorio original de claves y rumbas.
Aquella creación artística de profundo origen popular, que promovió hace más de 120 años el también padre de la legítima trova espirituana Juan de la Cruz Echemendía, sigue viva en la representación de la cultura de la legendaria ciudad de Sancti Spiritus, la cuarta villa fundada por los españoles hace medio milenio.

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