Diaz-Canel en tributo a Karl Marx. Foto: Estudios Revolución.

Desde su salida de La Habana en la noche del 30 de octubre pasado, hasta su regreso en los primeros minutos del 15 de noviembre, la gira del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel Bermúdez y la delegación que le acompañó, cubrió en total 24 200 millas (44 770 kilómetros) en avión, lo que equivale a una vuelta y un poco más a todo el planeta por su parte más ancha (circunvalando la línea del Ecuador serían 21 mil millas aproximadamente).

Quizás fueron las 61 horas y 15 minutos sobre el IL 96, fraccionadas en los 10 vuelos entre destinos, las menos intensas de una gira en la que no estaban previstos los descansos. Rotos por la fuerte actividad en tierra, con promedios de diez eventos por día, los acompañantes del Presidente caíamos sobre los asientos del avión con una sola ansiedad: dormir. Y siempre quedaban luces encendidas, voces intercambiando, trabajo en tiempo de vuelo.

Desde el decano del equipo de dirección, el Vicepresidente del Consejo de Ministros, Ricardo Cabrisas, hasta Boris y Fajardo, el dúo de la televisión, editando sus grabaciones, siempre hubo insomnes en los pasillos o en sus asientos.

Ya en los destinos, desde los muy fríos –Rusia, Corea y China nos pegaron duro- hasta los más calientes –Vietnam y Laos-; el récord de horas sin dormir más prolongado deben tenerlo mis colegas. Angélica Paredes para la radio, Yaima Puig y Alina Perera para los periódicos y Heidy Villuendas y Omara Aldama para las redes sociales, estaban disponibles 24 horas, lo mismo en tiempo real, trasmitiendo para Facebook y twitter que en las madrugadas; editando una, redactando largos resúmenes las otras.
Londres, dos primeras veces

Pero, también fue esta la gira de varias primeras veces. Anotábamos en crónica anterior a Laos que, siendo visitada antes por Raúl y el propio Díaz-Canel, no los había recibido como jefes de Estado. De manera que, siendo amigos tan antiguos como entrañables, esta visita fue la primera de un Presidente cubano a Vientiane.

Londres, otra escala técnica que se transformó en visita de trabajo, reservaba un par de hitos más.

Era la primera vez de un Presidente cubano en Londres y en Inglaterra. Lo confirmó Lord David Triesman, quien encabeza por la parte británica la “Iniciativa Cuba”, el proyecto fundado por la baronesa Lady Young, gran amiga de Fidel y de nuestro país, en la década más difícil de la Revolución. Su relanzamiento en 2019 en La Habana, acordado ahora en Londres, también podría marcar un antes y un después a favor de nuestra economía.

En la víspera, Día-Canel había sido recibido por el Ministro de Hacienda británico Philip Hammond, (Chancellor of the Exchequer es el título en inglés), la segunda figura en jerarquía en el gobierno y quien también tiene su primera vez con Cuba. Su visita a nuestro país en 2016, siendo aún Secretario de Estado para las Relaciones Exteriores, fue la primera de un alto rango británico en la historia de la Revolución y posiblemente en toda la historia anterior de Cuba.

Ofrenda floral en tributo a Karl Marx. Foto: Estudios Revolución.

Pero hay otra primera vez que nadie se esperaba: «Díaz-Canel es el primer Presidente de cualquier país, que visita la tumba de Marx».

Nos lo dijo Simón Renton, historiador, profesor universitario retirado y uno de los infatigables guardianes de todo lo relacionado con Karl Marx en la biblioteca memorial que lleva el nombre del filósofo alemán en Londres, donde hizo gran parte de su obra.

Según Renton, ministros, embajadores, líderes políticos de la izquierda mundial, activistas, intelectuales y artistas de todas las latitudes, han venido hasta el viejo cementerio de Hiaghgate a rendirle homenaje al gran pensador alemán, pero hasta donde llega la información recogida por el memorial, el primer Presidente activo en hacerlo es Díaz-Canel. El guía de la visita confirmó la afirmación de Renton sin una duda.

Significativo que el tweet emitido por el Presidente al salir de Haihgate fue el más compartido por sus seguidores en esa red social. Sólo comparable a los que provocó su visita al mausoleo de Lenin en Moscú.

¿Curiosidades o señales de valor sobre un acontecimiento de innegable trascendencia para Cuba? La historia, demasiado exigente con lo que guarda, tiene la última palabra. Pero también necesita detalles para ser evaluada.

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