El Lugarteniente General del Ejército Libertador, Antonio Maceo (el Titán de Bronce) operó durante varios días en territorio de la entonces jurisdicción de Sancti Spiritus, como parte de su incontenible avance invasor de oriente a occidente, en la guerra independentista cubana iniciada en 1895.

El primer vínculo directo de la Columna Invasora comandada por el Lugarteniente General con la región espirituana fue un combate en la finca Los Coyujises, cerca de una hacienda denominada Iguará, en el extremo Este del actual municipio de Jatibonico.

Esto sucedió el 3 de diciembre de 1895, cuando en territorio espirituano el General en Jefe del Ejército Libertador, Máximo Gómez, acuerda con Maceo el ataque a una columna española que se dirigía hacia la ciudad de Sancti Spiritus.

De lo acontecido en lo que después se conoció como el combate de Iguará está el testimonio del General de Brigada José Miró Argenter, Jefe de Estado Mayor de la Columna Invasora. En sus Crónicas de la Guerra narra lo siguiente:

“Dos leguas mediaban del campamento de Trilladeritas al río Hatibonico, límite geográfico de Camaguey por el Oeste, distancia que salvó nuestra columna en las primeras horas de la mañana del tres de diciembre para entrar a paso de carga en el grandioso escenario de Las Villas (se refiere a la entonces provincia central de Cuba), cuya inauguración había de ser tan memorable en los fastos de la guerra”.

El General en Jefe marchaba en la vanguardia de la tropa cubana con la caballería espirituana, cuando un campesino de la zona le informó de que en la hacienda Iguará había pernoctado una columna española, la que retornaba en aquellos momentos a la ciudad de Sancti Spiritus.

Gómez le envió entonces un enlace a Maceo con la comunicación de que no quería desperdiciar la ocasión para batir a la columna hispana. Para ello situó las fuerzas de vanguardia por el frente, ocupó las faldas de una colina junto al camino de Sancti Spiritus, por el que tenía que pasar obligatoriamente la tropa enemiga.

Así fue y cuando los españoles divisaron los puestos de caballería sobre la mencionada colina se detuvieron e iniciaron el combate sin dilación, desde las buenas posiciones que les brindaba el terreno.

Antonio Maceo acudió rápidamente al sitio del enfrentamiento y después de conferenciar brevemente con Gómez, inició el ataque por franco derecho, única maniobra que podía dar resultado, si el enemigo no se desconcertaba en los primeros momentos y el General en Jefe le cerraría el camino por el frente.
El Titán de Bronce ordenó a la retaguardia y parte del centro que abreviaran el paso del río, para que apoyaran por la derecha el movimiento de flanco que iba a efectuarse, lo que requería el esfuerzo de todos. Porque para atacar a los españoles por el lado vulnerable y desalojarlos de allí había que atravesar un espacio con mucha maleza y rociado por las balas.

Los españoles arreciaron el fuego al percatarse del inicio del ataque cubano por los toques de corneta, el tropel de la caballería en la manigua y las voces de mando de los oficiales.

Aquella sólida resistencia de la columna española causó bajas en los atacantes cubanos, que de inmediato y a pesar del peligro arremetieron con intrepidez heroica contra las líneas enemigas y conquistaron una de las primeras cercas, después de un corto tiroteo a quema ropa.

Ante embestida tan impetuosa con cargas al machete se impuso la confusión en las filas españolas. Los cubanos hicieron prisioneros, capturaron fornituras, armamentos y otros pertrechos de guerra. Por el frente se introdujo también el desorden en las compañías hispanas que defendían esa zona, que fueron desalojadas por Gómez y su tropa.

En el campo de batalla quedaron 18 cadáveres españoles, que lograron retirar muchos más así como numerosos heridos. Sensibles fueron también las bajas mortales del Ejército Libertador, como el bravo Teniente Coronel Andrés Hernández, jefe de la escolta del General Maceo, y el Comandante Teodomiro Torres, del Regimiento Martí. Además otros 16 oficiales resultados heridos de gravedad.

Relata José Miró Argenter en sus Crónicas de la Guerra que “terminado este glorioso hecho de armas, que duró muy cerca de dos horas, se estableció el campamento en lugar no distante de Iguará, para que obtuvieran honrosa sepultura los que habían dado su vida en aras de la Patria”.

El denominado Combate de Iguará constituyó la más contundente acción del Titán de Bronce, el Lugarteniente General Antonio Maceo Grajales, en su avance por el territorio espirituano.

En este intenso y victorioso enfrentamiento contra una columna hispana participaron fuerzas comandadas por los generales Máximo Gómez, Antonio Maceo y Serafín Sánchez, con lo que se demostró la pujanza invasora del Ejército Libertador, que continuó después su incontenible avance hacia el occidente del país, largo trayecto combativo escenario de numerosas batallas y otras acciones por la independencia de Cuba.

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