Un lugar cimero en la historia de la cultura musical cubana ocupa el pianista José Manuel Jiménez Berroa, conocido familiar y artísticamente por Lico.

Desde sus inicios en la entonces villa de Trinidad, hasta su larga y triunfal trayectoria artística en Europa, este insigne músico y profesor fue objeto de elogios por su asombroso talento.

Lico Jiménez nació en Trinidad, al Sur de la actual provincia de Sancti Spirritus, Cuba, el siete de diciembre de 1851. Sus padres fueron José Julián Jiménez y María Andrea Berroa. Desde la infancia le nació el apelativo que lo distinguió toda la vida. En el seno familiar su segundo nombre se convirtió en diminutivo (Manuelico) y este a su vez se achicó en Lico.

Y precisamente el ambiente hogareño fue la génesis de las inquietudes artísticas de José Manuel, descendiente de dos familias de negros libres, Jiménez y Berroa, que fueron pilares fundamentales de la sociedad musical trinitaria, cuya tradición se trasmitió y se mantuvo desde finales del siglo XVIII hasta todo el XIX.

Desde el primer Jiménez que se tiene referencia en Trinidad (fue profesor de violín) hasta las posteriores descendencias abundaron los músicos. Pero quien lo inició en el estudio de la música fue su abuelo materno Manuel Berroa, pianista y director de orquestra.

También, Catalina Berroa, prima de Lico, fue la única mujer músico de la familia y se destacó en la ejecución del piano, el violín, el órgano, la guitarra, el arpa, la flauta y el cornetín.

DE TRINIDAD A HAMBURGO

La presencia del violoncelista alemán Karl Werner en Trinidad, para ofrecer allí un concierto, fue el origen de la futura vida artística de Lico. El músico germano estaba buscando un buen pianista acompañante y de esa manera conoce al joven José Manuel, presentado y recomendado al visitante por el abuelo Manuel Berroa.

Después del concurrido concierto en la sala del entonces Teatro Brunet, la satisfacción y el asombro dominaron a Kart Werner, quien en acto de reconocimiento exhortó a los trinitarios más acaudalados de la región a subvencionar los estudios musicales del joven talento en Hamburgo.

La exhortación del violinista alemán dio resultado y así José Manuel (Lico) Jiménez viajó a Hamburgo en julio de 1867, en compañía de su hermano Nicasio Gregorio y el violinista Néstor Palma Izaguirre. Allí fue acogido por el maestro Ambrust, quien le impartió clases en el conservatorio local hasta su fallecimiento.

Por ese motivo se trasladó a Leipzig con su hermano y su padre, que se había reunido con ellos. En ese momento ya estaban desprovistos de la ayuda económica de la sociedad protectora trinitaria, que se disolvió con el estallido de la primera guerra independentista cubana.

Lico Jiménez respondió en Leipzig a las exigencias de sus maestros, el pianista Ignaz Moscheles, el violinista, compositor, director de orquesta y también pianista Kart Reinocke, y el profesor de armonía y contrapunto Ernest Ritcher.

Luego el trinitario estudio también en París, Francia, donde se mantuvo bajo la constante tutela de su maestro de piano Antoine Marmontel.

Los 12 años que permaneció Lico Jiménez en territorio Europeo, específicamente en los conservatorios de Hamburgo, Leipzig y París, le proporcionaron el ambiente adecuado y los medios necesarios para educarse según los cánones de enseñanza musical de Occidente.

Reconocimientos y distinciones obtuvo Lico en el ámbito internacional, por su calidad como solista. En 1875 le otorgaron el diploma de la Musikhochule de Leipzig. En 1877 alcanzó el primer premio en el concurso de la clases de Marmontel y el diploma del Conservatorio de París.

A estos y otros galardones hay que sumar los comentados elogios que recibe directamente de Franz Liszt y Richard Warner, dos grandes maestros de la música europea del siglo XIX.

La integración de Lico al “Trío des negres” que forma con su padre y su hermano Nicasio Gregorio realzan su habilidad en la interpretación de música de cámara, pequeño formato que fue toda una revelación musical en Europa durante la década de los años 70 del siglo XIX.

RETORNO A CUBA

Al final de ese decenio regresó a Cuba y se instaló en la ciudad de Cienfuegos, donde contribuyó al desarrollo del movimiento cultural, en compañía de la soprano Ana Aguado, el flautista Guillermo M. Tomás y artistas aficionados. Allí también impartió clases.

Esa labor pedagógica la continuó cuando retornó a Hamburgo, donde ejerció como profesor en la sala de música de su hogar y en el Conservatorio de la ciudad. Allí tuvo discípulos alemanes y de otras nacionalidades residentes allí, como el dominicano Américo Lugo Romero, quien lo denominó “el Liszt de ébano”, por el color de la piel del trinitario.

Con anterioridad, el destacado músico y compositor cubano Ignacio Cervantes había precisado que Lico “es un pianista de primer orden”, luego de patentizar el magistral dominio del instrumento y la sólida concepción musical del trinitario, aclamado con fervor por el público en un concierto el cuatro de junio de 1879, en el entonces Teatro Tacón, hoy García Lorca.

Igualmente el violoncelista y también crítico cubano Serafín Ramírez realizó una caracterización del modo de interpretación de Lico Jiménez, en la que expuso:

“Su ejecución es poderosa, limpia y segura, su estilo grandioso y lleno de poesía, su pulsación tan fina y exquisita que no parece sino que sus dedos acarician dulcemente un teclado de cristal; tiene a un tiempo fuerza suma y delicadez extrema; tiene en fin, ese poder misterioso, ese no se qué que conmueve y electriza rápidamente, haciendo al artista dueño y señor de su auditorio…”

Este excepcional concertista y profesor falleció a los 66 años en Hamburgo, Alemania, el 15 de enero de1917, rodeado por su esposa Emma Filter y sus hijos Manuela, Adolfo y Andrea.

Lico Jiménez fue objeto de elogios por su asombroso talento, desde sus inicios musicales en la entonces villa de Trinidad, donde nació, hasta su larga y triunfal trayectoria artística y pedagógica en Europa y en Cuba. Este célebre piasnista pianista siempre será una de las glorias de la música cubana de todos los tiempos.

No hay comentarios

Dejar respuesta