La donación de órganos constituye quizás una de las formas más altruistas de perpetuar la vida después de la muerte. La trasplantología en Cuba ya cuenta con una larga data, iniciada por su precursor el Doctor Alberto Inclán y Costa, quien en la década del 40 del pasado siglo realizó sus trabajos sobre injertos óseos y fue pionero en el mundo en la creación de bancos de tejidos.

De ahí en adelante se fueron sumando trasplantes de riñón, que ya suman miles en el país distribuidos por varios centros hospitalarios; cardíacos, a partir de 1985, cuando un equipo multidisciplinario del Hospital Docente Clínico Quirúrgico Hermanos Ameijeiras obtuvo la primicia con un acto quirúrgico, también considerado el primero de su tipo realizado en un país del tercer mundo; hepáticos y pulmonares.

En Cuba desde el momento en que a una persona se le diagnostica la enfermedad se incluye el caso en una base de datos que circula por todos los hospitales del país con nombre y apellidos, edad, grupo sanguíneo, características biológicas de cada paciente y otros datos necesarios para recibir una donación.

Cuando se produce una muerte que no afecta determinados órganos, se consulta a los familiares del fallecido si desean donar estos para el reemplazo a otras personas en peligro de muerte.

Si es aceptada la solicitud, se produce la extracción y rápido traslado con medios especiales para la implantación de los mismos en hospitales que tienen condiciones para la compleja cirugía.

En Sancti Spíritus, desde 1990 comenzó el programa de donación y trasplante de órganos, tejidos y células, que ha beneficiado a decenas de necesitados de la provincia y de otros territorios.

La doctora Yamelis Medinilla Fernández, coordinadora de este servicio, comentó recientemente a la prensa local que el programa se ha ido consolidando en la provincia: en lo que va de año se han realizado cinco donaciones monorgánicas, que equivale a 10 riñones donados y cerca de una docena de pacientes han entregado córneas.

Los criterios establecidos para la donación especifican que en el caso de los donantes cadavéricos resultan personas que se hallan en muerte encefálica —a causa, fundamentalmente, de accidentes cerebrovasculares, traumas de cráneo, encefalopatías hipóxicas— y pueden tener hasta 70 años si no padecen de ninguna enfermedad invalidante.

Un equipo multidisciplinario integrado por médicos, enfermeras, sicólogos, técnicos de tejidos, cirujanos entrenados y el Sistema Integrado de Urgencias Médicas lleva adelante este proceso, donde también resulta decisiva la concientización familiar sobre la importancia de las donaciones para salvar otras vidas.

No hay comentarios

Dejar respuesta