Yo no recuerdo de niño, ni tan siquiera de adolescente que hubiera en la década del cincuenta un televisor en ninguna casa de mis familiares y mucho menos en la mía, donde un viejo radio “filip” adornaba con su omnipotente presencia uno de los rincones de las humildes casas donde residí.

Recuerdo que yo iba con mi madre a ver las telenovelas y otros programas, como El palo encebado o Jueves de Partagás, entre otros, a la casa de una señora que se llamaba Nicolasa y cuando esta se mudó, cambiamos el “cuartel” para la vivienda de un vecino nombrado Bernardo.

El televisor se convertía en un verdadero problema para quienes lo tenían pues sus salas eran invadidas desde horas muy tempranas por un numeroso grupo de personas que se acomodaban como podían en cualquier lugar de la habitación y muchas veces hasta los propietarios se quedaban de pie y tenían que buscar un taburete en la cocina para sentarse.

¡Y qué decir de los fines de semana con la pelota! Cuando nos mudamos para la calle Agramonte se veían los programas nocturnos en la casa de Amada López, pero la pelota era en la morada de Julieta Cobos, a unas tres cuadras de mi casa. No había más ningún televisor a la redonda. Los Muñequitos y Patrulla de Caminos durante los mediodías en la casa de Mario Marín, en la calle San Joaquín, a uno cinco cuadras de la mía. Había personas que cobraban algo por el derecho de ver la televisión

Para entonces yo veía a quienes trabajaban en la tele como figuras inalcanzables que por sus dimensiones eran seres sobrenaturales. Por mi mente nunca pasó que yo pudiera ocupar espacio alguna vez en esos medios. Vaya… ¡Ni pensarlo! Y mucho menos tener algún rol protagónico en su desarrollo en el territorio espirituano.

Después de esta necesaria introducción, vamos al objetivo fundamental de este trabajo:

LA TELEVISIÓN QUE NOS REGALÓ FIDEL A LOS ESPIRITUANOS.

A finales de la década del setenta del siglo pasado,   sin proponérmelo y sin sueños previos, me veo enrolado en la televisión escribiendo los textos de las películas que se filmaban en cine para los espacios informativos de la Televisión Cubana. Tanto a camarógrafos procedentes de La Habana como de otras regiones hasta que se decidió por las autoridades de la provincia comprarle una cámara vieja de cuerda a Pepín Camellón para que la operara.

Posteriormente vino el mundo del vídeo y se instituyó Telecubanacán en Santa Clara para las tres provincias centrales. Casi en los inicios de la corresponsalía de Sancti Spíritus sustituí al perodista Orestes Ramos quien comenzó como titular. O sea, durante muchos años tuve que dar constantes viajes desde Sancti Spíritus a Villa Clara para editar y enviar las informaciones para La Habana.

Mi condición de único corresponsal de la televisión en este territorio me propició dar cobertura a muchos eventos significativos que acontecían aquí y por supuesto, todas las visitas importantes, incluyendo las de nuestro Comandante en Jefe.

A principios de la segunda mitad de los años noventa, Fidel realiza un recorrido por la Empresa Banao, para el cual no estaba previsto que participara la prensa, sin embargo, a última hora se decide que vayamos hacia esa entidad agrícola para tomar algunos detalles del periplo de Fidel por allí, pero cuando llegamos ya se encontraba reunido con la autoridades afines a la entidad.

Sólo nos quedaba esperarlo fuera y tratar de abordarlo para indagar sobre los objetivos y otras interioridades de su visita. Así lo hicimos, esperamos y nos concedió la entrevista. Lejos estaba de imaginar que aquella acción periodística llegaría a formar parte de la historia de los medios de difusión en la provincia.

Cuando le hago la primera pregunta al Comandante, me doy cuenta que mi viejo equipo de grabar video no estaba funcionando. ¡Imagínense aquello! Fidel ya había iniciado el diálogo y aquel tareco paralizado, como si la sola presencia del Líder Histórico de la Revolución lo hubiera impresionado. Le di tres o cuatro golpes fuertes a la grabadora de video tape hasta que respiré profundo cuando me di cuenta que ya estaba andando. Fueron solo segundos y me parecieron horas.

Por supuesto que Fidel se dio cuenta del engorroso detalle. Al ´término de la entrevista me preguntó:

-Están malos los equipos ¿Verdad?

Le respondí sobre los años de explotación de la técnica y cuando le dije que editábamos en Santa Clara, comentó acerca de los gastos innecesarios en los que incurríamos.

Pensábamos que todo terminaba allí, pero con ese nivel de captación y preocupación por las cosas más elementales que le caracterizan, cuando iba de viaje hacia la provincia de Villa Clara, le preguntó al entonces Primer Secretario del Partido Comunista en Sancti Spiritus Pedro Saez Montejo sobre su interés de hacer aquí una televisión territorial y le sugirió algunos proyectos para su implantación.

Poco más de un año después, Sancti Spíritus se convertiría en la primera provincia de nueva creación del país en tener un canal de televisión, el que fue inaugurado por el General de Ejército Raúl Castro Ruz el 13 de agosto de 1998, interpretado como un regalo del Comandante en Jefe al pueblo espirituano.

Nunca pensé que el angustioso mal momento de aquella entrevista tuviera tan preponderante resultado.

 

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