La infabilidad en el balompié tiene un nombre. Visten de blanco y suelen vivir al centro de España. Real Madrid CF haga lo que haga, juegue como juegue, desordene como desordene, finiquita los partidos y termina vociferando como se lo puede costear el mejor club de la Tierra.

Y conste que no hablo del último acto de Champions, sino de la impresión general desde hace meses. Porque no son brillantes en la táctica, ni románticos esmerados en el pase, ni mágicos hacedores de paredes, ni cuentan ya con uno de los mejores jugadores de la historia, otrora diabólico serpentín por la banda izquierda.

Empiezan su partido, pierden balones, les ataca el rival y estos fallan exquisitas ocasiones de gol. Entonces ahí viene un argumento de inválidos, el juego por las bandas, pelotazos, (aunque sepa reconocer la efectividad de estas estrategias no puedo dejar de ser un romántico a la antigua del futbol: juego por el centro del campo, pase filtrado y definición precisa con el pie, un ABC de este deporte) Marcelo o Kross tirando centros, una corrida antalógica de Carvajal, Ronaldo tomando su única del partido y embocándala, un rebote seguido de un pateo de chistera y a guardar, o si no uno al noventa y ramos.

Cuando vienes a ver, volteas a la pantalla del estadio y ya tienes tres cubos de concreto encima, y de alguna manera no has fumado de ningún tipo de futbol que no te haga conciliar el sueño esa noche.

Así es el Real Madrid, que aunque haya descrito su curioso guion de partido en estas líneas, no confundamos y no pretendamos trastocar los protagonistas de la aventura en que convierten cada partido de futbol los de la capital española.

No son ases de la táctica, pero en su banquillo se sienta un símbolo de la historia del futbol, que si lo desea puede no hablar durante todo el juego, pero igual los suyos rendirán al máximo porque simplemente Harry Potter es el mejor mago de la historia y su sola presencia inspira a ser un bizarro de tacos y chamarreta.

No profundizan por el centro, sin embargo cuentan con el mejor mediocampista del mundo, Luka. Las corridas del lateral derecho que les comentaba, las pone en play uno de los mejores en esa posición en el mundo. Los centros de los que disparataba, los colocan en órbita uno matriculado en la clase brasileña de jogo bonito, y otro elegante lector de juego, una perla en su posición entre los practicantes asalariados de este deporte.

Sus dos centrales, vertiginosos y testarudos. Su contención, un Carterpillar. Y adelante, otro que te marca un gol a la hora que desees, del formato que más te guste y con cualquiera de las partes del cuerpo que están autorizadas emplear en este deporte.

Ese es el mejor team, el infalible. Al que desde hace tres años le llegó su momento, mientras aguardan una nueva revolución de los hoy ultrajados vecinos.

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