Me mantengo firme en mi posición. Una que puede destilar falta de objetividad, ausencia de un exhaustivo análisis, o incluso, atisbos de una extraña y ajena manera de querer a tu equipo favorito. El Madrid es el mejor once del mundo y de alguna manera, no practican ningún tipo de futbol delirante, seductor o que te provoque enloquecidos hábitos de insomnio.

Con el último acto blanco deberíamos ejecutar un tutorial. Uno que verse acerca de tres temas que nada tiene que ver entre sí, pero tres asuntos con los cuales el Madrid está cómodamente familiarizado.

El primero de ellos: si te gustan las pérdidas patéticas de balón, inexplicables y aficionadas, practica el futbol que el Real despracticó desde el minuto quince hasta el sesenta. De lo mejor en el ramo. Intentos de pases dóciles, idílicos y pretenciosos. Salidas de balón en primera velocidad, con un rival en propias filas, del 1987 y con inscripción de nacimiento en la tercera ciudad más poblada de Francia.

Los grandes equipos tienen un aura que los maltrata constantemente ante los ojos de los fanes rivales. Las decisiones arbitrales a su favor son una constante en el panorama de este deporte, pero muchas veces determinado por su calidad y propuesta ultraofensiva. El penalti a favor es la cara más visible de este buen trato. Sin embargo, reflexionemos.

Si eres un equipo de alta gama, tus recorridos por área rival son incalculablemente superiores al tránsito del resto de los conjuntos. Por tanto, muchísimas más jugadas de probables penaltis en manos del buen juicio de árbitros y asistentes de línea. Significa que, dado el margen de error de estos profesionales, se decidirán, más penaltis indiscutidos como dudosos a favor del equipo que más propone hacia delante.

El tercer de los asuntos tiene que ver con la entrepierna. Un dos a cero en el 55 es una agradable excusa para dejar el partido por sentado, no correr mucho más que lo que no haga pasar por bobo al aficionado, y no esforzarse hasta el hastío del músculo porque, en resolución, lo más que podrías embocar son dos chutes de gol, y, ni más ni menos, un punto vale lo mismo que ninguno.

Mas, como fiáramos, hay empleados en este deporte que chutan con la entrepierna en lugar de con los tacos. Y en el caso del Madrid, con tantos conejos enterrados en la chistera, es un collage de guapezas y variantes tácticas.

Sí, no se usan las piernas. Sí, el centro del campo no es la parte de su campo favorita. Sí, incluso con un lamentable delantero regular, todavía emigra del banco hacia el verde uno que sigue pensando que el Madrid es su equipo de la infancia y que, por tal razón, aunque lo maltraten insólitamente, continuará, con increíbles numeritos, (minutos/goles) dejando en ridículo la inconsistencia del “mejor nueve sin balón”.

Ah, y sí. El futbol es un deporte donde está autorizado jugar con todas las partes de la anatomía excepto los brazos. Y en la última jornada de la Santander, los blancos, precisamente, demostraron que su futbol es total, y que de testa, hormonas, y manos rivales se puede arropar una copa.

No hay comentarios