Al parecer, ya es un hecho. O bueno, dos. El primero es que el Barcelona es, oficialmente, el equipo con más carambolezca suerte entre todos los conjuntos de primera línea europea. El segundo, que el futbol que juegan hoy estos muchachos no conduce a nada, no promete títulos y si continua por esa errática senda, tardaremos, por cierto, más de lo pensado en volver a grabar una Copa de Campeones con grafía catalana.

La jornada prometía un holocausto nuclear. El Atlético de Madrid está exhausto de litigiar contra el Barca, mas eso no impide, nunca, que los pleitos entre estos convoyes tengan, además de un futbol impresionante, distendidos duelos añadidos. Nunca falta juego rocoso entre estos dos, hombres que llevan la marca defensiva hasta un extremo de lo profesional y caracteres encontrados, dígase discusiones, pleitos, y afrentas personales.

El Barca ayer, hoy y por lo que promete también mañana, es adicto a la desnudez. Ya no aparenta con ropajes que disimulen secretos, misterios o mitos en su futbol. Prácticamente los rivales lo han ido desmenuzando poco a poco desde que Xavi abandonara la entidad, y en este minuto todos conocen la contraseña de su juego.

Esto mismo, añas atrás, era un acogedor enigma. Unos probaban con tirarse atrás, resistir lo posible entregándose a la fe de un día mágico de su ordenamiento defensivo, y luego, con otra no menos mágica contra, desordenar el marcador. Mientras, otros hacían viceversa, subir las marcas, corretear en campo rival a la defensa, no permitir que desde un principio el balón fluyera limpio, y ahí entonces mandar a bledo la filosofía primigenia del barcelonismo: posesión y tiquitaca.

Precisamente, la última variante constituye el guión rival de cada jornada. El clímax aconteció en Champions, pero luego también hubo tembleque en liga aquel fin de semana posterior a la paliza parisina, y también en este cuando Madrid casi es testigo de una definición tempranera de la Santander.

Lo que nos lleva a comentar porque Barca es un team afortunado, y no porque posean una plantilla sobrada, tengan ingresos multimillonarios o los anteceda un terciopelo de conquistas locales y europeas. No, me refiero a la fortuna prima de la suerte, y hermanastra de la anteriormente comentada carambola. El tipo de fortuna que ha construido seis puntos para el Barca en las dos últimas fases ligueras, cuando de facto cero puntos pudieron postularse como el postre merecido.

Un juego para cualquiera en la jornada 24, con un primer tiempo más para los de Madrid que para los vestidos de verde. Luego la charla de descanso y un cachumbabé en el complementario que fue resuelto, sin temer a un análisis superficial, vano o incluso injusto, sencillamente por una chamba poca amiga de los locales.

Así el caso, constituyeron tres puntos que bien pudieron terminar siendo un solitario escaño o suma inútil si, y solo si alguno de los rebotes del encuentro ocurridos en área colchonera se hubieran conformado con topar medias rojiblancas.

Si eres fetichista del fútbol, no puedes regodearte en la complacencia de disfrutar los golpes de tus onces disidentes. No, porque son meses de pesar para este deporte. La marca del barcelonismo se desautentifica, ya sea el trastazo del paso de los años o la ausencia de habilidades.

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